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"Editorial"

"Candil de la calle"

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07/01/2009 00:00

    Jean Meyer

    Año con año, el Congreso del Estado se erige en revisor de las cuentas públicas, no sólo del Gobierno del Estado, sino de los 18 ayuntamientos sinaloenses.
    Hasta antes del 18 de abril de 2008 lo hizo a través de la Contaduría Mayor de Hacienda, y a partir de esa fecha, a través de la Auditoría Superior del Estado, conforme a lo previsto en el artículo 116, fracción II, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y los artículos 43, fracciones 22, 22 bis, 53 y 54 de la Constitución Política del Estado de Sinaloa.
    Lo curioso es que el propio Poder Legislativo local se ha rehusado, y se rehúsa, a rendir cuentas a la sociedad sinaloense, no obstante que la ley lo obliga a hacerlo de acuerdo con el decreto 718, adicionado al artículo 58 de la Ley Orgánica del Congreso del Estado, de fecha 31 de octubre de 2001 y publicado en el Periódico Oficial el 30 de noviembre del mismo año.
    La fracción décima del mencionado artículo establece expresamente como obligación de la Gran Comisión del Congreso presentar al Pleno durante el mes de enero, un informe anual sobre el ejercicio presupuestal, excepto en el tercer año de ejercicio constitucional que lo hará durante el mes de noviembre ante el Pleno o la Diputación Permanente.
    Sin embargo, de entonces a la fecha las últimas tres Legislaturas han sido omisas en cumplir con este ordenamiento, como se comprueba mediante la revisión del Diario de los Debates de 2002 a 2008, ya que por ningún lado aparece referencia alguna a la presentación de los informes anuales respectivos.
    Noroeste incluso requirió mediante la Ley de Acceso a la Información Pública, a la anterior Legislatura, estos documentos, pero la respuesta fue negativa.
    La cerrazón y la negativa a informar no es privativa del Congreso, es una característica del Gobierno del Estado, que sigue siendo reacio a abrirse al escrutinio de la sociedad, pese a que hacia afuera del territorio sinaloense no desaprovecha foro alguno para exhibirse como adalid de la apertura informativa.
    En pocas palabras, Gobierno y Congreso son, como señala la cultura popular, candil de la calle y oscuridad de su casa.