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Contar cuentos y gobernar Opinión

Carlos Elizondo Mayer-Serra
18/07/2019 | 04:00 AM

@carloselizondom

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Gobernar requiere contar cuentos. Construir una narrativa creíble para una parte importante de la población, darle un sentido a una colectividad y trascender las lealtades familiares y tribales en las que vivíamos cuando nos empezamos a desarrollar como homo sapiens, hace aproximadamente 150 mil años, no “5 o 10 mil millones de años”, como dijo AMLO.

La idea de nación es un cuento más, indispensable para consolidar al Estado en un territorio donde quedan incorporados pueblos con tradiciones, lenguas y religiones distintas, pero que se perciben como iguales. Ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones. Seguidores del mismo equipo en los mundiales de futbol, cuando participa tu país.

El éxito extremo del nacionalismo es lograr que voluntariamente los jóvenes estén dispuestos a matar y morir por esa colectividad llamada “nación”. Los dos hermanos de mi abuela materna, menores de edad, mintieron sobre su fecha de nacimiento para pelear voluntariamente por Alemania en la Primera Guerra Mundial. Murieron como carne de cañón en las trincheras belgas.

López Obrador es un gran contador de cuentos. El más grande de ellos es el de la Cuarta Transformación. Ponerse al mismo nivel que Miguel Hidalgo, Juárez o Madero no sólo supone una presunción enorme, sino también una inexactitud en términos históricos.
AMLO ganó una elección. No ha encabezado una revolución. Ganó con las reglas del juego. Ahora las está cambiando y puede terminar por destruirlas. Está centralizando el poder como nunca antes desde que llegó la alternancia, pero en términos de sustancia, lo que ha hecho hasta ahora dista de ser un gran cambio: el libre comercio, la estabilidad macroeconómica, el recorte del gasto público, no es nada nuevo. La diferencia está en su obsesión por destruir proyectos y programas del pasado: cancelar un aeropuerto en construcción para pretender construir otro, terminar con los programas sociales condicionados para transferir recursos directamente a su base electoral. La mayor diferencia está en las formas: viajar en avión comercial, moverse en un Jetta, dar conferencias de prensa diarias.
AMLO cuenta todo muy bien. El recorte del gasto hasta niveles asfixiantes es austeridad republicana; continuar con la militarización de la seguridad pública se justifica porque “hay mucha descomposición en los cuerpos policiales”; violar la ley se vale, porque “si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, decidan en favor de la justicia”.

En palabras de su esposa, también a finales de mayo, en una confusa referencia sobre por qué la Conquista no fue llamada originalmente “la Conquista”: “El que triunfa en una versión de la vida, tiene el derecho de ponerle como quiera… Replantearse el nombre es replantearse el problema…”.

AMLO no sólo se replantea el nombre y el problema. Tiene sus propios datos. Está convencido de haber llegado al poder para quedarse. En sus palabras a un año de su triunfo. “Nuestros adversarios no podrán dar marcha atrás a lo logrado”.

La falta de pesos y contrapesos, junto con el talento para contar cuentos e inventar datos es, paradójicamente, su talón de Aquiles. Somos la especie, como dice el historiador Harari, que más cuentos se cree, pero también la que más conoce las reglas de la naturaleza, lo cual nos permite entender la fuerza de gravedad y llegar a la Luna y gobernar sociedades pobladas y complejas. (https://nyti.ms/2HyOXuO).

AMLO puede gobernar contando un cuento, pero no puede hacer un aeropuerto inventando datos o porque le cuentan cuentos. La economía no va a crecer porque el Presidente cuente su cuento. Es en la tensión entre las promesas y la realidad que AMLO podrá o no consolidar su proyecto.

En una democracia, el cuento no tiene que ser creíble para todos. En palabras de Harari, “nadie ha ganado una elección diciendo la verdad”. Basta con que el cuento lo crea una mayoría suficientemente grande como para triunfar en una elección. Eso logró AMLO en julio del año pasado. En la siguiente elección veremos si ha aumentado o disminuido el número de electores que le creen.

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