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Crear cascajo Opinión

Denise Dresser
17/06/2019 | 04:00 AM

Todos los días presenciamos un acto de demolición. Todos los días padecemos una pulsión destructiva. El nuevo gobierno dinamita las viejas instituciones, en nombre de la transformación, en aras del cambio. El IMSS, Prospera, la Conadis, la CRE, la Semarnat, el Instituto Nacional de Migración, las estancias infantiles, eliminadas o vaciadas o estranguladas u obligadas a seguir reglas dictadas desde arriba que minan su capacidad de actuar hacia abajo. Instituciones imperfectas, corrompidas, politizadas, repletas de cuates que llegaron ahí por cuotas. Instituciones que con frecuencia traicionaban su misión fundacional para cumplir con cualquier capricho presidencial u algún objetivo partidista. Pero instituciones al fin, con normas que tenían razón de ser, reglas que tenían motivos para existir. Habría que limpiarlas y profesionalizarlas y refundarlas y reforzar su autonomía. Pero el Presidente prefiere desechar en vez de remodelar; prefiere usar la bola de demolición aunque deje montañas de cascajo tras de sí.
Y desmantela por antojo, no en función de la evidencia. ¿Dónde está el censo que supuestamente reportó corrupción generalizada en las estancias infantiles? ¿Dónde está la evaluación de Prospera que llevó a la eliminación del programa? ¿Dónde está el análisis de las decisiones tomadas por la Comisión Reguladora de Energía que sustenten su sometimiento? ¿Dónde está el estudio que avale la necesidad de recortes brutales a la burocracia del Estado, porque eso fortalecerá su gestión? Sería más fácil apoyar las decisiones gubernamentales si estuvieran basadas en argumentos, y no sólo en impulsos. Sería más sencillo aplaudir lo que AMLO decreta si enseñara los datos que lo llevaron a tomar esa decisión. Pero mucho de lo que el gobierno hace parece estar basado en los prejuicios del Presidente, y no en la deliberación razonada de quienes lo rodean.
La instrucción presidencial en todos los ámbitos es sencilla: entregar recursos, repartir dinero y hacer todo sin mediación. No preocupa sustituir instituciones que actuaban discrecionalmente por otras que lo harán aún más. No importa si se destruyen programas bien evaluados o se desmantelan organismos necesarios para el funcionamiento democrático o se colonizan agencias diseñadas para regular la depredación de los mercados. Antes había mala regulación; ahora no existirá. Antes había programas sociales con resultados medibles; ahora será imposible evaluar su impacto. Antes había instituciones electorales partidizadas; ahora se buscará que el gobierno las controle. La institucionalidad fallida justifica la institucionalidad incendiada; la corrupción arraigada del pasado acredita la implosión deliberada del presente; la lucha contra privilegios acaparados por unos legitima que otros se los apropien, y ahí está el comedor gourmet de Conacyt para probarlo.
El detonador de la discrecionalidad es simple. AMLO no cree en las instituciones. No cree en la ley. No cree en la competencia. No cree en la regulación. No cree en el servicio civil de carrera. No cree que sea necesario desmantelar monopolios sino ponerlos al servicio de la 4T. No cree en el Estado del bienestar, construido sobre procesos y reglas y normas que trascenderán su sexenio o su persona. Quiere completar la agenda redistributiva de la Revolución pero sin instituciones para ayudarlo a asegurar su objetivo. Quiere tumbar el edificio agrietado y no se ha dado cuenta que si no construye otro, dejará a millones de mexicanos a la intemperie. Supone que basta con redactar memorándums, decretar cambios, dar órdenes y no comprende que se necesita al aparato del Estado para llevarlas a cabo.
En la 4T se ha dado la orden de no hablar de “institucionalidad” porque su defensa equivale a un apología del statu quo; quien exija su existencia es tildado de cretino o conservador. Pero lo que el Presidente y sus espadachines no comprenden es que no hay democracia sin instituciones. No hay economía capaz de crecer o atraer la inversión o detonar el desarrollo sin instituciones. No hay manera -como explica Adam Przeworski- de procesar y resolver conflictos sociales y políticos sin instituciones. No hay forma de vigilar el poder sin instituciones. Y quienes piensan que en vez de remodelarlas hay que acabar con ellas o morenizarlas, están produciendo el gobierno de un solo hombre colocado en un pedestal, rodeado de cascajo.

@DeniseDresserG 
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