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Cuando los gobiernan fracasan Opinión

Carlos Elizondo Mayer-Serra
11/10/2018 | 04:03 AM

 

El triunfo de López Obrador es el resultado del fracaso de una serie de gobiernos de derecha que por 30 años han impuesto un modelo de desarrollo con un crecimiento estable pero mediocre: un promedio de 2.4 anual. Han tenido logros, como una inflación que lleva desde el 2001 por debajo del 7 por ciento, y un tipo de cambio flotante que no se transmite inmediatamente al nivel de precios. El fracaso mayor es una corrupción desbordada y una inseguridad cada vez más preocupante. Por no hablar de la desigualdad, alta como siempre en la historia de México.
 
AMLO es un hijo del priismo, mezcla de pragmatismo (como el apoyo al TLCAN y una promesa de estabilidad macroeconómica) con ánimos de repartir dinero a ciertos grupos (adultos mayores y jóvenes ninis), ocurrencias en materia de política pública (el Tren Maya, el rechazo al NAICM) y visiones muy distintas a las del gobierno saliente (derogar la reforma educativa). No es un hostigador de mujeres o un impulsor del racismo, como Trump, aunque sí enemigo de todo lo que huela a fifí, salvo cuando se casa en lujosa boda uno de sus más íntimos colaboradores.
 
Las consecuencias de los fracasos recientes de la izquierda en América Latina son mucho más preocupantes. Todo hace parecer que, en Brasil, la herencia de poco más de 13 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) será el triunfo de un impresentable candidato de extrema derecha, Jair Bolsonaro. El ex capitán del ejército ha dicho que el error de la dictadura brasileña (1964-1985) fue torturar, y no matar, y que preferiría que sus hijos murieran en un accidente a que fuesen homosexuales. Ganó en la primera vuelta con el 46 por ciento de los votos. El 28 de octubre competirá contra el candidato del PT, Fernando Haddad, quien obtuvo el 29 por ciento de los votos. La derecha tradicional, la del actual Presidente, fue casi borrada del mapa electoral.
 
Si gana, heredará mucho peores condiciones que las que enfrentará AMLO. La recesión más larga de la historia, y un déficit público de cerca de 9 por ciento del PIB que requiere un gran esfuerzo de contención del gasto público. Heredará también una corrupción desbordada y una inseguridad cada vez más preocupante. Así como una alta desigualdad, como siempre en la historia de Brasil.
 
El fracaso de la izquierda en Argentina con 12 años de gobierno de los esposos Kirchner llevó al triunfo de la derecha con Mauricio Macri. La necesidad de imponer un ajuste macroeconómico ha llevado al dólar de 12.9 pesos argentinos cuando llegó al poder a 37.2 pesos actualmente. Se espera una inflación de 40 por ciento y un decrecimiento económico de 2.6 por ciento. Revertir las crisis propias de los gobiernos que gastan en exceso y controlan precios toma una década, y es particularmente difícil para un gobierno democrático. México lo consiguió durante la hegemonía del PRI en los años ochenta durante los gobiernos de Miguel de la Madrid y de Salinas de Gortari.
 
La situación de Venezuela tras poco más de 19 años de gobiernos de izquierda es dramática. Una inflación estimada para este año en 2.5 mil millones por ciento junto con un desabasto propio de un país en guerra. Su mayor producto de exportación son venezolanos desesperados. Viven también la más desfachatada corrupción y la peor situación de inseguridad de América Latina.
 
¿Cuál es denominador común de la crisis de los gobiernos de izquierda? Gastar más de lo que se tiene. Intervenir en los mercados con todo tipo de políticas y controles de precios. Gobiernos con bajas competencias administrativas por la lógica clientelar del reclutamiento de sus cuadros.
 
¿AMLO será distinto a los recientes experimentos de izquierda en la región? Tiene a su favor la firma del nuevo TLCAN y una integración con la economía de Estados Unidos y del mundo. 
 
Ésta no permitirá las distorsiones vividas en Brasil, Argentina y Venezuela. Dice tener muy claro que sólo puede gastar lo que tiene. Su equipo propuesto para Hacienda es competente y ha mostrado capacidad de tomar decisiones correctas. Muestra de ello es el futuro subgobernador del Banco de México, Jonathan Heath. 
 
Creo que para 2019 veremos un presupuesto público razonable. El reto en la materia serán las presiones de gasto desatadas por las constantes promesas de AMLO y por las expectativas de quienes votaron por él. Es en las bajas competencias administrativas donde se puede parecer más a sus colegas de izquierda. Su lógica de reclutamiento de cuadros, la baja generalizada en salarios y prestaciones de la burocracia alta y media, la compactación excesiva de estructuras administrativas, así como la descentralización a lo largo y ancho del país del gobierno federal, no auguran nada bueno.
 
Como lo sabemos todos, es muy difícil aprender en cabeza ajena. ¿Podrá AMLO hacerlo de sus pares en la historia reciente de la izquierda en América Latina y lograr un gobierno que distribuya a los que menos tienen sin quebrar la economía en el camino? Por el bien de todos, eso espero.
 
@carloselizondom
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
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