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El día que Culiacán fue el infierno. 17-10-19: la paz, una víctima más OBSERVATORIO

Alejandro Sicairos
18/10/2019 | 04:00 AM

alexsicairos@hotmail.com

 

Si un día Culiacán vivió el desgobierno, fue ayer por la tarde. Las armas de la delincuencia mostraron su poderío en la ciudad entera, en toda la magnitud, y en momentos la fuerza del Estado pareció insuficiente para contener la saña criminal que lo colapsó todo con el rugir de las ametralladoras y los gritos de miedo de la población cuya única opción era la sobrevivencia en el campo de guerra urbano. El Estado no estaba enterado, mucho menos preparado, para la violenta irrupción del crimen.

Al cierre de esta columna reinaba la confusión generalizada. Las redes sociales aportaron el resto de los ingredientes que detonan el terror. Mil versiones surcaban el espacio informativo y seguramente al amanecer de hoy ya se tendrá en claro el panorama que originó la salida en masa de los sicarios para defender quién sabe qué. La gente, a las 18:00 horas, seguía refugiada no en los lugares más seguros sino en los parapetos más cercanos.

Lo que sí se puede afirmar, ya, es que el exceso de confianza de las autoridades nos hizo creer a todos en la paz como obra en construcción y de pronto todo resultó una mentira. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador había retirado gran parte de la Guardia Nacional que se estableció en la capital sinaloense con el argumento de que otras regiones del País enfrentaban situaciones de mayor peligro. No, Presidente, los grupos delictivos lo fintearon.
En las estadísticas del Gobierno de Sinaloa las cifras de reducción en delitos de alto impacto solo significaban la calma tensa que precede al caos y nadie aceptaba la teoría de la tregua criminal en espera únicamente de que algo provocara el retorno de la crueldad. Era una pausa decretada por el narco, Gobernador, no la tranquilidad construida por las instituciones.

De dónde salieron los arsenales y la logística que tomó de rehén a la ciudad será la pregunta que sonará en todos lados, una vez que los rifles callen. Se les cuestionará a las autoridades municipales y estatales, sobre todo a los militares al mando de las corporaciones policiacas, en qué paró el trabajo de inteligencia que decían realizar para detectar y asegurar todo lo que este jueves salió a relucir.

Culiacán fue sometido a pesar del esfuerzo del Ejército y las Policías por resguardarla. Tracateras, calles bloqueadas, gente guareciéndose en establecimientos comerciales, fuga en el penal, helicópteros sobrevolando, vehículos quemados, columnas de humo, civiles heridos y todo lo demás que requiere la parafernalia bélica que creímos haber vivido sin imaginar que lo peor estaba por venir.

Esto sí es el infierno, o tal vez más que eso. Ninguno aspiramos a vivir así por más que se ofrezca abrazos y no balazos a las células del crimen. Por más que cada mes el Semáforo Delictivo nos invite a salir confiados a las calles porque ya estamos más seguros. Por más que se diga que el narcotráfico pactó treguas o que la expatriación de Joaquín Guzmán Loera ayuda a pacificar la tierra de los tres ríos. Tal vez jamás volvamos a creer después del jueves que desnudó los engaños que nos hacían tomar confianza.

¿Qué nos dirán a los ciudadanos los gobernantes? ¿Qué, Presidente López Obrador? ¿Qué, Gobernador Quirino Ordaz Coppel? ¿Tiene alguna explicación, Alcalde Jesús Estrada Ferreiro? ¿Contaba con algún plan táctico para circunstancias como la vivida ayer, Secretario de Seguridad Pública, Cristóbal Castañeda Camarillo? Los ciudadanos merecemos respuestas, pero sobre todo deben de darnos las condiciones y garantías para que esto no vuelva a ocurrir.

Digan lo que digan, pase lo que pase, los sinaloenses debemos gritar nuestra indignación hoy como nunca antes. Demandar que digan cuáles son las estrategias para defendernos cuando la Guardia Nacional, Policía Militar y corporaciones civiles resultan medidas insuficientes y emergen retadores y numéricamente intimidante los comandos armados del narco.

Ayer fue la tarde en que Sinaloa estuvo más vulnerable que nunca. El ambiente se calentó demasiado que todo se derritió al calor de la verdad. La realidad disolvió todas las expectativas, invenciones, discursos, confianzas, cuentas alegres y cuentos oficiales. La historia registró aquí otro capítulo negro de barbarie y de incapacidad del Estado para cuidarnos.

Ojalá que hoy los culiacanenses despertemos a salvo.


Reverso

Eres fuerte Culiacán, aguanta,
Te salvaremos ciudad rehén,
Y hoy que la guerra te espanta,
Abraza a tu gente de bien.

 

Defensa valiente

El trabajo valiente, firme y tenaz de soldados y policías es destacable y sin conocerse las bajas que sufrieron las fuerzas militares, federales y policiales, es de justicia reconocer que arriesgaron sus vidas por proteger a la ciudadanía indefensa que sin deberla ni temerla se halló en medio del fuego cruzado. Más allá de que en los altos niveles de gobierno no se ve la estrategia para pacificar a México, en Sinaloa los elementos de seguridad pública se convirtieron en escudo para que las circunstancias no fueran tan graves como pudieron ser. Gracias.

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