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El lastre de la religión en la política pública Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
23/06/2019 | 04:05 AM

alberto.kousuke@uas.edu.mx

Hace aproximadamente 200 mil años, los primeros humanos contemplaron el firmamento y el mundo que los rodeaba. Comprendieron que todos los fenómenos que acontecían en su vida eran parte de la naturaleza y tomaron como deidades a los distintos elementos del ecosistema. En aquella época vivíamos en equilibrio con el mundo que nos rodeaba. El panteísmo, donde el universo físico es dios, había nacido.

 

Cuando los antiguos Mesopotamios crearon las primeras religiones, ellos buscaron explicar el mundo natural para llenar los vacíos que la razón no podía dar respuesta. Posteriormente, culturas como los griegos, romanos, mayas, entre otros, crearon dioses que representaban cada una de las facetas de la sociedad. El politeísmo, donde se adoraba una gran plétora de dioses, estaba de moda.

Estas creencias eran usualmente las bases de la sociedad. A medida que nuevos descubrimientos salían a la luz, la necesidad de dioses y ceremonias disminuyó. La gente podía explicar muchos aspectos de la vida sin necesidad de tantos dioses. No era práctico rezar a distintos dioses cuando uno podía pedir resolución a sus problemas invocando a un solo dios.

El producto perfecto nació con el judaísmo, cristianismo, e islam. Hoy en día contamos con distintas versiones y actualizaciones, pero la premisa es que solo hay que adorar un dios. La ventaja del monoteísmo no sólo era adorar un solo dios, sino que también venía con la recompensa de la vida eterna, algo que las demás religiones no ofrecían. A pesar de ser monoteístas, algunas religiones como el catolicismo, tienen una infinidad de mini-dioses, santos, e ídolos eclesiásticos, lo cual pone en duda su categoría de monoteísta.

 

Estas religiones prosperaron y se extendieron por todo el globo terráqueo a base de la conquista militar, la eliminación o anexión de la competencia (otras religiones), y la imposición de la fe incuestionable. Cabe mencionar que esta misma práctica adoptaron las corporaciones modernas.

 

Hoy en día, con la llegada de la ciencia y la lógica, pocos países basan sus políticas en creencias religiosas. México sigue siendo una de esas pocas naciones que permiten que la religión afecte la ley y limite la libertad de las personas.

 

¿Por qué la religión es un detrimento para nuestra sociedad?

 

Simplemente por que su doctrina gira en torno a un libro de la era de bronce (5 mil años de antigüedad). Estas religiones basan su modus vivendi en un libro hecho de recolecciones apócrifas que se contradicen unas a las otras. Tan discordantes son, que la única manera de darle sentido fue la incorporación de la fe a sus doctrinas.

 

La fe (del latín, fides) es la confianza en una persona, cosa, deidad, opinión, o enseñanzas de una religión. Es la creencia que no está sustentada en pruebas. Esta fe ciega característica de la religión ha mantenido a la humanidad sometida a largo de toda su historia (inquisición, yihad, limpiezas étnicas, opresión de la mujer y homosexual, sobrepoblación, calentamiento global, etc.).

 

Esto no significa que la religión sea mala. Algunos códigos morales y éticos resultaron beneficiosos para algunas sociedades. También sirvió para explicar y consolar a la sociedad sobre aspectos de la vida que estaban fuera de nuestras manos. Justo como al niño que le dicen que robar es malo y que si lo hace recibirá un castigo; o que su abuelito murió y no debe de estar triste por que pasó a una vida mejor.

 

Es por eso que debemos preguntarnos, ¿nuestra sociedad sigue en la infancia? ¿Necesitamos de un castigo para no hacer cosas malas o somos lo suficientemente maduros y éticos para no hacerlas por que sabemos que es incorrecto? ¿Tenemos la madurez para aceptar los hechos de la vida y darle un nuevo sentido a nuestra existencia? ¿Somos lo suficientemente civilizados para tratar a los demás como nos gustaría que nos traten?

 

Aquel que realmente haya leído la biblia, se dará cuenta de que en realidad esos textos están llenos de normas que actualmente consideraríamos barbáricas. En la era contemporánea, donde la ciencia puede explicar muchos aspectos del mundo natural, la religión simplemente debería de verse como una tradición cultural, no como una ciencia y definitivamente no como la ley.

 

La fe, es decir, la creencia ciega que no está sustentada en pruebas no tiene lugar en el gobierno. No podemos seguir basando nuestro estado de derecho en supersticiones y dogmas de la antigüedad. Abramos los ojos y hagamos de este planeta un mundo mejor para todos.


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