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El libro de Patricia Figueroa Policías-periodistas, el nudo OBSERVATORIO

Alejandro Sicairos
23/11/2017 | 04:00 AM

En el John Jay College of Criminal Justice, de Estados Unidos, la periodista sinaloense Patricia Figueroa expuso en Nueva York la espinosa encrucijada entre la ética o la corrupción que en el contexto local de violencia enfrentan periodistas y policías, dos actores sociales que, dice, soportan su trabajo en la credibilidad y la confianza.

 

Al presentar el lunes su libro "Ética en tiempos de guerra y narcotráfico, relación entre policías y periodistas" ante la Asociación de Estudiantes de Ciencias Políticas y la sociedad Pi Sigma Alpha, la también investigadora mostró resultados del estudio que explora por primera vez en la literatura académica mexicana la relación entre la Policía y el periodismo.

 

Ella fue protagonista en primera fila del diarismo al conducir noticieros de radio y televisión que, a la postre, le valieron la censura por tocar en medios electrónicos lo que ahora en Sinaloa es un secreto a voces: el vínculo entre política y narcotráfico, sellado con el adhesivo de la corrupción.

 

Patricia Figueroa considera que la Policía y los periodistas tienen un tipo de poder muy particular. La primera como guardián de la ley y el orden tiene poder legal y los segundos, como vigilantes y guardianes de la libertad de expresión, poseen un poder moral, pero en ambos casos existe el abuso de poder como una expresión de corrupción.

 

"Como periodista e investigador, me pareció importante comprender qué tipo de relación se establece entre la Policía y los periodistas en esta guerra no oficial, no declarada y perpetua. Y, más ampliamente, cómo los periodistas definen los parámetros de la libertad de expresión y un nuevo tipo de periodismo de guerra en el contexto de la violencia extrema".

 

La autora induce el nuevo debate en un País que considera que el periodismo sinaloense guarda tantos misterios por desentrañar. En busca de indicios de suicidas, no de héroes ni de mártires, la investigación social estadounidense pretende descubrir por qué alguien quiere ser reportero en una región donde esa profesión se paga hasta con la vida.

 

Patricia Figueroa satisface, como el néctar a la abeja, tal curiosidad. También les facilita enseñanzas y moralejas en forma de posdatas para quien quiera leerlas. El trabajo de indagación académica que empezó en Sinaloa hace tres años, con 150 entrevistas a policías y 100 a periodistas, no se paralizó en el miedo por las guerras cruentas entre los cárteles del narcotráfico.

 

Expuso que la ficción y la no ficción coexisten en una ciudad como Culiacán que es en sí misma una escena de crimen y un escenario social donde la fantasía se mezcla con la realidad. En el contexto de la violencia extrema y la guerra perpetua, es difícil saber cuándo se impone la censura y la autocensura o cuándo el silencio o la falta de periodismo de investigación es resultado de la intimidación o la corrupción, agrega.

 

Y considera que la credibilidad y la confianza son los elementos que sostienen el trabajo de la policía y los periodistas; sin ellos, simplemente no pueden funcionar correctamente.

 

 

 

Re-verso

 

 

 

Pudo hablar sin censura,

 

Y allá no hubo respingos,

 

Por exponer a los gringos,

 

Lo que Sinaloa supura.

 

 

 

Acuse de recibo

 

 

 

Le había dicho Mario López Valdez a Quirino Ordaz Coppel que si encontraba culpables de corrupción a alguno de sus ex funcionarios, los castigara con todo el peso de la ley porque él, afirmó, no alentó conductas deshonestas. Ahora, con la detención de Luis Ángel Pineda, uno de los hombres clave del malovato, el ex mandatario se retuerce como almeja viva cuando le echan limón. La defensa jurídica asignada al primer malovista tras las rejas da cuenta del tremendo espasmo.

 

 

 

alexsicairos@hotmail.com

 

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