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Lo que pasa en Hong Kong se queda en Hong Kong La Nueva Nao

Alfonso Araujo
15/09/2019 | 04:06 AM

Hace cinco años, cuando el movimiento de “Occupy” daba la vuelta al mundo, escribí en esta columna acerca de una protesta en Hong Kong, la de los famosos “paraguas amarillos” (Tlatelolco, la Primavera Árabe, Tiananmen y ‘Occupy Hong Kong’; mayo 10, 2014). Retomo los cuatro puntos más importantes:

1. Las realidades en China continental y en HK son muy diferentes, pero no como muchos se dedican a generalizar: ni HK es una “tierra libre” y nunca lo ha sido, ni China es un gulag. Estos son conceptos de los 60. Además, la protesta no puede terminar como Tiananmen o Tlatelolco porque HK y el mundo en 2019 no se parecen en nada a Beijing en 1989.
2. Esto es un problema hongkonés, no chino, y sería dificilísimo que creara un aglutinamiento social en China como para llegar a un movimiento nacional. Lo que Beijing teme no es el tamaño de una protesta específica ni sus razones, sino su potencial de aglutinamiento nacional. Desde Tiananmen, solamente ha habido tres instancias de problemas que el gobierno ha considerado lo suficientemente problemáticas como para causar alarma y solamente una se manejó con mano dura: la manifestación de practicantes de la secta del Falun Gong en Beijing en abril de 1999. Las otras dos fueron una protesta nacional contra Japón (2004) y una huelga de transportistas en Shanghai (2010), que fueron manejadas por los medios y con diplomacia, respectivamente. La protesta de HK no puede encender una mecha en la China continental, pues en ella los chinos no se sienten identificados con los problemas que están causando sus compatriotas.
3. Lo que vemos en los medios occidentales es una mezcla compleja de reseñar el problema en sí, más la necesidad de usar la moderna narrativa anti-China, más los errores de interpretación de comentaristas que no comprenden ni la situación ni su contexto histórico. Los letreros que salen en las noticias de “Stop the Brutal Supression” dan idea del tinte de exageración que el movimiento tiene, pero los medios se han encargado de omitir las opiniones de los hongkongeses que están en contra de las protestas.
4. En momentos como estos, se le escatima el crédito a la administración china. No hay alguien que pueda decir que hoy mismo el pueblo chino esté peor que en 1975. Con todos los problemas que afronta el gobierno chino en este momento, no se le pueden achacar actitudes obsoletas como si estuviéramos en los 60 y juzgarlo de esa forma, como quieren muchos en Internet.
El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China
alfonsoaraujog@gmail.com
klaishu@hotmail.com

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