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Números exactos (¿?) de desplazados A propósito de...

Arturo Lizárraga Hernández
06/02/2018 | 10:06 AM

Con frecuencia me preguntan cuántos desplazados permanecen en Mazatlán y Villa Unión. Y quieren que lo diga con exactitud. Yo respondo que no sé. Que nadie lo sabe con tal precisión. Que ni siquiera es posible saberlo. Y no es que no se hagan esfuerzos. Nosotros procuramos estar actualizando permanentemente las cifras que tenemos. Preguntamos en las colonias del municipio donde interactuamos con ellos y visitamos las comunidades de origen para observaciones in situ. Puntos de salida, puntos de llegada. Ni aún así podemos saber con exactitud, como quieren saberlo quienes me preguntan. Respondo con porcentajes aproximados de las personas que ya se han regresado a los lugares serranos: sesenta por ciento -cuando mucho- a principios de diciembre; setenta por ciento a fines de enero. De seguir la tendencia, ochenta por ciento o más para la segunda mitad de febrero. Y pongo ejemplos: en la cabecera de la sindicatura de Villa Unión, al principio hubo 47 familias, luego disminuyó el número a 43 y durante noviembre-diciembre (acaso por el periodo vacacional de los niños en las escuelas) cayó hasta 27. En enero dos familias más se regresaron y más de diez dicen que lo harán en la segunda quincena de febrero. Algo similar ocurre en las colonias del puerto. Hay una tendencia estadística.

¿Por qué no es posible saber “exactamente” cuántas cuantas familias han retornado? Una razón es porque salieron de diferentes localidades, algunas -desperdigadas en la serranía-  de apenas tres o cuatro familias: Para saber si ya regresaron allá, sería necesario registraras en sus pueblos o bien tomar la información en los lugares de destino -una veintena de colonias- antes de que se regresen. Estas dos opciones son imposibles de llevar a cabo, sobre todo cuando se lleva a cabo la investigación sin financiamiento alguno. Tampoco es posible saberlo porque algunos permanecen en la obscuridad de manera voluntaria. No quieren que se sepa que vienen de la sierra. Por la razón que sea.

Podría decirse que bastaría con llevar el registro de las personas que reciben beneficios en la sierra de las instituciones oficiales, como PROSPERA u otros.  Hacer lo mismo en la ciudad. Así, los que se entregan en la ciudad versus los que se entregan en la zona rural. Tampoco de tampoco de esta manera es posible, pues sucede que los días en que se entregarán los beneficios en la sierra, los que están en los valles suben exclusivamente a recibirlos. Y luego se regresan. Inclusive, en lo que respecta a experiencias propias, con relativa frecuencia,  nos encontramos allá gente que días atrás hemos saludado en la ciudad. Y viceversa. Nosotros -yo, en este caso-, para dar los porcentajes, hacemos -hago- inferencias sobre la base de algunos datos con los que sí contamos. Por eso cuando me preguntan “cuántos exactamente”, yo respondo como lo dije en el primer párrafo.

Lo cierto es que la gente ya se está regresando de los valles a la sierra: en Santa Rita, prácticamente están todas las casas habitadas. Eso nos dijeron en esa localidad el pasado 31 de enero. En Santa Lucía -a diferencia de hace un mes que estuvimos en ese lugar, cuando vimos solo cinco familias- ya se ha regresado la mayor parte de la gente que ahí habitaba, y otras lo harán en los próximos días de febrero. Lo mismo ocurre y ocurrirá en La Petaca y en Chirimoyo. En la misma visita que hicimos el 31 de enero a aquellas localidades, observamos que en Potrerillo, la vida ya transcurre prácticamente normal. Mentiría quien dijera que en Mazatlán continúa un alto número de familias. Bueno, sí hay interesados en decir esa mentira. 

Claro que hay gente en los valles. Y hay gente que se convence cada vez más de que continuarán por acá. Pero hay personas que se regresarán a sus pueblos cuando esté garantizada la seguridad en la sierra y que hayan culminado los ciclos escolares, pues tienen niños estudiando en las escuelas de la ciudad. La tendencia del retorno, sin embargo, puede revertirse en cualquier momento, si algún hecho de violencia extrema se vuelve a presentar. Lo acontecido a principios de enero por el asesinato de un chófer que repartía un producto en el camino a Chirimoyo, es un ejemplo de ello. Ese es el temor -más fuerte que los deseos- y está muy bien fundado.

POSDATA para mencionar la generosidad sinaloense: En la pasada Navidad para los Desplazados abundaron personas del puerto que donaron despensas, ropa, juguetes, piñatas, dulces, zapatos y cobijas; de Culiacán, vinieron ex professo dos jovencitas -muy inteligentes y encantadoras- para entregar ropa, dulces y juguetes; de Los Mochis, la maestra de la U de O, María Elena G., mandó una paca de cobijas nuevecitas; de Ciudad de México Luz María -con sangre sinaloense- mandó pelotas. Ya entregamos todo eso a los destinatarios. Muchas gracias. Muchas gracias también para los que siguen donando. 

 

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