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¿Política educativa sin justicia administrativa? Kratos

Juan Alfonso Mejía López
12/05/2019 | 04:00 AM
Twitter: @juanmejia_mzt
 
 
 
Mucho se ha conversado en estos días sobre educación. La reforma educativa, aprobada recientemente por ambas Cámaras Legislativas, ahora toma su curso por los Congresos locales en busca de la aprobación de 17 legislaturas para que el cambio Constitucional surta efecto. No tengo la menor duda de que así será.
 
La nueva reforma es positiva, en principio; las razones fueron expuestas en nuestra más reciente entrega de la semana pasada. Habrá que estar atentos a las leyes reglamentarias, particularmente al transitorio decimosexto y la posible confrontación entre el artículo Tercero y el artículo 123 Apartado “B”. Si bien es cierto, la iniciativa aprobada reconoce “la admisión, promoción y reconocimiento a través de procesos públicos, transparentes, equitativos e imparciales, con la adición del énfasis de la rectoría del Estado para la asignación de plazas docentes, aun no queda clara la modalidad del mecanismo a utilizarse.  
 
Queda claro que la evaluación de desempeño, ligada a permanencia, desaparece. Pero, ¿qué pasa con el resto de las categorías señaladas en el párrafo anterior? ¿Se recurrirá a concursos de oposición, tal como se venía desarrollando en los últimos cuatro años? O bien, ¿podemos imaginar un ejercicio “público, transparente, equitativo e imparcial” mediante las comisiones mixtas del pasado, en donde la autoridad educativa local tenía 50 por ciento del control y el sindicato la otra mitad? El proceso se antoja por demás interesante, mismo que será detallado en las leyes reglamentarias.
 
Pensar que esta reforma viene a arreglar los problemas del sistema educativo sería inocente, por decir lo menos. Con reforma o sin reforma, con concursos o sin ellos, el desafío latente sigue siendo las prácticas docentes. Lo que sucede en la escuela entre el maestro, el alumno, la red de apoyo, el director, las familias y la comunidad educativa en su conjunto, es igual o más importante que cualquier cambio constitucional. 
 
La construcción de capacidades y compromisos de los agentes de cambio sigue siendo el reto de mayor dimensión. Sin embargo y, tomando como experiencia el pasado reciente en el que la implementación fue “inadecuada, inoportuna y en ocasiones inexistente”, ¿es posible imaginar en los hechos una reforma exitosa cuando las condiciones de los transformadores están aun muy lejos de su realidad para la consumación del hecho educativo?
 
No hay transformación posible si no existen transformadores, me refiero a los docentes, directivos y toda su red de apoyo (Jefes de sector, supervisores, Asesores Técnicos Pedagógicos). Al hablar de condiciones, me refiero a las mínimas indispensables, como su situación personal. 
 
Al ingresar a la Secretaría de Educación Pública y Cultura (SEPyC), recibí una instrucción de parte del Gobernador Quirino Ordaz Coppel: Primero los niños. Pensar en los niños es pensar en sus maestras y maestros. 
 
El olvido en el que se mantuvo al sector educativo en otro momento es latente en varias dimensiones, expresión de ella es la infraestructura escolar. Nuestras escuelas en Sinaloa requieren una inversión de alrededor de los 3 mil 100 millones de pesos; de ese tamaño ha sido el olvido. No en balde, el Gobernador Ordaz Coppel ha realizado más de 600 acciones para rehabilitar escuelas. Insisto, su (MAL) estado es tan sólo la expresión de un pasado en el que falla esta localizada en otro lado: la falta de interés (genuino). 
 
¿La imposibilidad de restaurar de “un plumazo” las condiciones de infraestructura de alrededor de 46 por ciento del total de las escuelas en educación básica en el estado significa, por lo tanto, un obstáculo para iniciar una transformación? No lo creo.
 
En los últimos siete meses en los que se integró un nuevo equipo en el seno de la SEPyC, he visitado 131 escuelas y recorrido 19 mil kilómetros, en todos y cada uno de los municipios. Los niveles y las modalidades varían, desde educación inicial hasta universidades; en la muy amplia mayoría de los casos, se trata de escuelas donde un maestro, director o padre de familia, “cualquiera”, me hizo una invitación directa.
 
En el 95 por ciento de las visitas confieso haberme sentido sorprendido, no sólo cuando una directora de preescolar me enseña de electricidad o albañilería, sino cuando una maestra con 33 años de servicio me comparte “nunca” haber tenido enfrente a un Secretario (a) de Educación; o, pero aun, que jamás visitó su escuela. 
 
De haber estado en el terreno, de estudiar el tema durante diez años y de escuchar al Gobernador, entendí que no puede haber una política educativa si no existe una cercanía con el principal agente de la transformación: el docente. Entender su contexto se volvió la principal materia prima de la instrucción del Ejecutivo. 
 
Lo anterior explica la necesidad de estar y compartir en las escuelas, tanto como las condiciones que acompañan su labor profesional y, sobre todo, personal. A ello se debe que en este tiempo hayamos buscado la manera de mejorar en todo momento su circunstancia próxima.
 
Un par de ejemplos más puntuales pueden ser de utilidad para explicar “la circunstancia” a la que me refiero: primero, durante este tiempo rescatamos la rezonificación de 1 mil 487 docentes a los que se les pagaba por debajo de lo que su derecho le otorgaba, representando para ellos un aumento salarial de hasta 35 por ciento; segundo, destrabamos el pago a mas de 270 docentes que fungieron como tutores y aun se les debía, ¡después de dos años! ; tercero, liberamos los nombramientos de 90 Asesores Técnicos Pedagógicos, necesarios para que el docente posea una red de apoyo en beneficio del aprendizaje de sus alumnos; cuarto, normalizamos el pago a 700 maestros jubilados, por un monto de alrededor de 7.5 millones de pesos. 
 
Aspectos tan puntuales como estos explican por qué los profesores de Telebachillerato se fueron durante las vacaciones de diciembre con su pago completo y durante la Semana Santa con el pago de tres meses completos, aun y cuando en el pasado se les dejó de pagar mientras la federación no mandaba los recursos. Lo mismo que los profesores de inglés, quienes cobraron la totalidad de sus quincenas en su totalidad al momento de la Semana Mayor. Tenemos que ir ahora, juntos, por más.
 
Aun quedan muchas cosas por hacer y por normalizar en el seno de la educación y de los distintos programas; sin embargo, la convicción del Gobernador Quirino Ordaz está clara: no dejar solos a nuestros docentes. 
 
En lo que a nosotros respecta, el aprendizaje es contundente: una política educativa pertinente necesita de una justicia administrativa oportuna. Si me está leyendo, abrace de una vez al maestro más cercano que lo rodee y dele las gracias, porque son héroes desconocidos. Digámosles de una vez: ¡Feliz Día del Maestro!
 
Que así sea. 
 
PD. Madre, todos los días me reconozco afortunado; sin embargo, el 12 de mayo puede servirme de excusa para dar las gracias, una y otra vez: ser el hijo de “la Doris Nereida” es a todas luces algo que no puede pasar desapercibido. La vida me permitió ser parte de tu ser, para no tenerte que buscar ningún día de mi existencia. ¡Feliz cumpleaños!
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