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Precariedad del ser humano Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
06/12/2018 | 04:00 AM
El ser humano, sobre todo el tecnocrático y posmoderno, busca independizarse, bastarse a sí mismo, explicarse sin necesidad de recurrir a alguien más o a un ser superior.
 
Los mitos de hombres fantásticos o amazonas maravillosas surgieron desde la más remota antigüedad. Sin embargo, estas narraciones necesitaban el correlato de los dioses que explicaran el origen de la grandeza y miseria de ese ser perfectible, pero contingente y precario.
 
Muchos siglos después Federico Nietzsche proclamó la muerte de Dios y el surgimiento del súper hombre, así como en años posteriores los cómics hablarían de Superman o de otros Súper héroes. No obstante, aún estos poderosos y quiméricos seres revelan una debilidad, languidez o vacío.
 
Por más que los progresos de la ciencia y de la técnica subrayen la potencia del hombre no podrán amputar ni silenciar su indigencia existencial. Sin una referencia clara de su origen y destino el ser humano enceguece y extravía su camino: “he llegado a ser un problema para mí mismo”, exclamó San Agustín.
 
La filósofa española María Zambrano no encontró mejor manera de expresar esta precariedad e indigencia del ser humano que llamándole pordiosero: “Sólo el hombre es pordiosero y lo seguirá siendo siempre; es una de sus posibilidades esenciales. El pedir muestra la deficiencia en que está, la falta de algo o la falta, sin más. Es ya una primera forma de conciencia”.
 
El término pordiosero, señaló Alfred López, “surgió en la Edad Media y comenzó a utilizarse para hacer referencia a aquellos individuos que se ganaban la vida pidiendo limosnas a los demás, ya que éstos utilizaban la coletilla ‘por Dios’ con cada petición: ‘Deme una limosna, por Dios’, ‘Por Dios dele una limosna a este pobre mendigo’, ‘Por Dios, una limosna’.
 
¿Soy consciente de mi precariedad?
 
rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf
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