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Sarcasmos Buhedera

Guillermo Fárber
10/09/2019 | 04:08 AM

gfarber1948@gmail.com
www.farberismos.com.mx/web/

 

Conócete a ti mismo para mejorarte a ti mismo.

 

El Shah

El Erny: “¡Aaah, el Shah de Irán! Mohammad Reza Pahlavi, conocido también como Shahanshah (Rey de Reyes), se encontraba internado en el hospital Cornell-Medical Center de Nueva York, lidiando con un problema de cáncer, alrededor de noviembre de 1979. Afuera, en la calle, estudiantes iraníes encabezaban marchas de protestas contra el Shah, y en apoyo del Ayatollah Ruhollah Komeini. Los protestantes pedían al gobierno de EU regresar al Shah a Irán para ser juzgado. Mientras tanto en París, comenzaron también a darse marchas de protestas contra el Shah. En la Ciudad Luz, por el rumbo del hotel Plaza Athene, en mero enfrente, en el número 49 de la Avenida Montaigne, vivía Su Alteza Real, la Princesa Soraya Esfandiary-Bakhtiary, conocida como la ‘princesa de los ojos verdes y tristes’. Soraya, dolida por las manifestaciones en las calles de París en contra del Shah, su amor eterno, decidió alejarse de la capital parisina y escogió México para respirar otros aires en Las Hadas, en Manzanillo. Pero resultó que no tenían espacio para el día de llegada escogido por la princesa, sino hasta tres días después, y entonces se vino a hospedar con nosotros en el hotel Camino Real Puerto Vallarta. En ese entonces yo colaboraba para dicho hotel operando la discoteca del lugar, en cuya inauguración de la misma tuve como padrinos al actor galés de la voz de bronce Sir Richard Burton y su esposa ex esposa del corredor de Fómula 1, el británico James Hunt, y a Mr. Acapulco, Teddy Stauffer, quien llevó a Acapulco en los 50 a las celebridades de Hollywood, gracias a las amistades de sus ex esposas, las guapísimas actrices Faith Domergue y Hedy Lamarr. Un día me cita a su oficina el gerente del hotel, el también suizo Werner Eisen, y me dice: ‘La Princesa Soraya de Irán irá esta noche a la discoteca para que estés pendiente y la atiendas’. Esa noche llegó Soraya a nuestra discoteca (La Jungla, construida por mi admirado arquitecto amigo y compañero de tenis Ricardo Legorreta) acompañada de su inseparable ‘lady in waiting’ Madame Chamrizad Firouzabadian. Las ubiqué en un discreto rincón y les llevé una botella de champán para refrescar la velada. La dama de compañía me dijo: ‘Excuse me sir, si usted desea platicar con su Alteza Real, lo tiene que hacer a través de mí, y no directamente’. Ándale pues, me dije, ‘ya nos cayó el chahuistle’. Acto seguido le dije a la madam: ‘Pardon me, lady in waiting, en México no existen los títulos nobiliarios, al último fifí con esas ínfulas lo mandamos fusilar en el Cerro de las Campanas’. La lady me peló los ojos algo espantada, y ya no me la volvió hacer de tos. Le pregunté a la Princesa Soraya que la traía a México y me dijo: ‘Comenzaron en París a hacer manifestaciones en contra del Shah, el amor de mi vida, y eso me dolió profundamente. No podía quedarme en París y ser testigo de tan aberrante situación’. Para esto, confieso que resultó algo incómodo platicar con la Princesa, pues constantemente se la pasaba volteando para todos lados, como si estuviera viendo moros con tranchetes listos a decapitarla. A decir verdad, fui testigo de un notable caso de delirio persecutorio. Anyway, después de dos copas de champán, y con las burbujas empezando a surtir el efecto de ‘latin lover’, se la canté derecho a la ‘princess’: ‘Su Alteza, he leído en las revistas internacionales que a usted la llaman la ‘princesa de los ojos verdes’. Da la casualidad que en nuestra biblioteca musical tenemos una melodía que hace referencia a los ojos verdes, y me gustaría invitarla a que la baile conmigo’. ¡ZAS!, directo el tiro. Me contestó: ‘I will be delighted’. WAO. Inmediatamente fui a mi cabina de disck-jockey (un asistente me estaba cubriendo mientras atendía a doña Soraya), saqué el disco de Ray Conniff (‘S Continental) y escogí el tema de Green Eyes. Así bailamos nuestro último vals. Lo irónico de mi relato, en torno al tema de salud del Shah, es que mientras el Shah se debatía en un complicado escenario sobre su salud donde él mismo no tenía control de su propias decisiones (pues Henry Kissinger era el encargado de dictar la agenda del ‘Rey de Reyes’), su servidor, El Erny, bailaba con el amor eterno del Shah en aquella musical noche en territorio de la iguana. ¡Ahí nomás! Sorry mi Shah, jajajajaja”.

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