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CULTURA
Con la danza, muere Trump en el escenario
Inician las celebraciones de 20 años de la Escuela de Delfos
Héctor Guardado
20/05/2018
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Foto: Rafael Villalba

En una fantasía generada por la danza, un personaje con la máscara de Trump murió en la coreografía que parodia algunas actitudes femeninas, como el vivir ilusionadas con el amor. La vida en rosa de Daniel Marín fue una de las seis obras con las que se inauguró el Segundo Encuentro de Danza Mazatlán 2018 con el que se celebran 20 años de la fundación de la Escuela Profesional de Danza Contemporánea de Mazatlán.

La escuela le ha dado cobijo y ha formado a 180 egresados de todas las regiones de México y una buena parte de extranjeros que a lo largo de dos décadas se han formado en los salones de clases de esa institución, en la inauguración se bailaron seis obras creadas por maestros de la EPDM que fueron interpretadas por alumnos que toman clases en este momento ahí.

Claudia Lavista, codirectora de la Escuela Profesional de Danza Contemporánea de Mazatlán, fue la encargada de dar la bienvenida a los 50 egresados que estarán participando en el encuentro y de dar por inaugurado el evento.

Mencionó que han egresado 17 generaciones que han creado alrededor de 20 compañías de danza en México y el extranjero.

“Somos un cuerpo que se ha expandido por todo México y por otras partes del mundo que ha demostrado que sí se puede vivir de la danza, bienvenidos, están regresando a su casa”.

Raúl Rico, director del Instituto de Cultura, mencionó que en una semana se van a resumir 20 años y va a servir para establecer redes y definir un nuevo concepto de lo que es la danza contemporánea. “ Esta escuela ha demostrado que la danza no tiene fronteras y nos muestra tal como somos”.

Aura Patrón, ganó el Premio Culiacán de Coreografía en el 2014 con la obra "La casa de Carteros", una evocación de los recuerdos de infancia de la bailarina y coreógrafa mazatleca, sus visitas a la casa de los abuelos en Guadalajara, que se encontraba en la calle de Carteros.

Ahí se desarrolla el mundo cerrado de dos mujeres, sus tías abuelas, presas de prejuicios, víctimas de su autoflagelación, de su autorepresión, de no dejar volar su feminidad, ni sus sueños.

Sus muros son de flores, se huele el perfume de lo viejo, la creadora logra instalar en el escenario la patina sepia de las fotografías antiguas y las poses, las manos, la mirada nos remite a esas fotos perfectas que proyectan imágenes de aparente armonía.

Ella se encarga de desnudar esas dos almas rescatadas de su memoria y las convierte en danza que contiene en su interior el pequeño infierno de la soledad, de la autorepresión, del vacío.

La coreografía Manómetro fue creada por Agustín Martínez con movimientos fragmentarios, propios de las expresiones urbanas como el hip hop, con la que crea un paralelismo entre el ser humano y una maquina ensambladora que repite sus movimientos una y otra vez en una rutina sin fin.

Johnny Millán repuso su obra Radar para el Encuentro, en ella los bailarines corren incansables en círculos durante el tiempo que dura la obra, buscando sin encontrar, trasladándose en círculos que recorren sus pies descalzos en una incansable busqueda que los lleva a un lugar incierto, no hay metas sólo hay camino, el que los bailarines transitan corriendo sin parar.

También se presentaron las obras Proa de Claudia Lavista que tuvo música en vivo interpretada por el músico iraní radicado en Estados Unidos Shamou y la coreografía Aves sin paraíso de Víctor Ruiz.   

 

 

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