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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: Los límites sí o sí
Desde luego que no criamos hijos para tenerlos pegados a nosotros, dependientes de papá y mamá, sino para que vuelen por su cuenta, y hay varias cosas que se necesitan, entre otras: seguridad y amor en su familia.
Sicóloga Yolanda Waldegg de Orrantia
08/03/2018
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Desde luego que no criamos hijos para tenerlos pegados a nosotros, dependientes de papá y mamá, sino para que vuelen por su cuenta, y hay varias cosas que se necesitan, entre otras: seguridad y amor en su familia.

Y luego hacer cosas, tareas, para la seguridad y amor, un ingrediente indispensable, además de decirles que les queremos, que por mucho que se diga, si no va acompañado de acciones no se cree, y de las acciones, la primera es poner límites, de otra manera, el mensaje que reciben es de “no le importo”.

Los niños y jóvenes resienten la ausencia de reglas y codifican esto como falta de amor, ellos necesitan de alguien que sea fuerte y les diga lo que tienen que hacer y cómo lo tienen que hacer.

Pero como los chicos siempre van a estar poniéndonos a prueba y hacer lo que les apetece, no se puede simplemente poner reglas y explicarles los porqués de cada regla, de nada servirán si no se supervisan y se une a la palabra la acción, “Juanita, son las 9, apaga la tele, es hora de dormir”. “Pedrito métete a bañar”, si papá o mamá siguen en lo que están haciendo puede gritar la orden 20 veces y no se moverá nadie, lo que se ocupa es dejar lo que se está haciendo, ir donde está el tesorito, apagar el aparato y meterlo a la regadera o la cama, sin ninguna palabra más.

Se necesita manejar la disciplina y fijar los límites mediante el contacto físico, tocándoles y hasta con una nalgadita (siempre que no haya enojo) el chiste es lograr, conseguir ser el centro de su atención y el contacto físico; con una criatura pequeña, la acción tiene más fuerza que las palabras.

El berrinche es uno de los comportamientos que más desconciertan a los padres, normalmente cuando el niño está contrariado hace berrinche, algunas veces por cansancio, por culpa o para salir de situaciones embarazosas o buscando atención.

Algunos padres ceden, pensando que es señal de sufrimiento y no es así, es señal de alguien que necesita límites en los que hay que trabajar de manera urgente.

Al final, eso es lo que esta pidiendo y mientras, no prestarles atención, si no tienen auditorio, desaparece el berrinche, el peligro está del otro lado cuando deja de hacer berrinche, empieza realmente el sufrimiento “a nadie le importa lo que yo hago” y sentirse abandonado.

La semana pasada lo nombré apenas de pasadita, lo que ocupamos siempre, tengan la edad que tengan, es disciplinar con severa dulzura, de otro modo se nos puede pasar la mano y llegar a ser injustos, sobre todo, si ya estamos enojados.

Es decir, que con firmeza, pero con cariño y comprensión, si se trata de un chiquito no hay que olvidar que debemos colocarnos físicamente a su altura, desde nuestra altura y regañando es muy intimidante, mirarlo directamente a los ojos y hablar con voz firme, sujetándole de alguna parte del cuerpo y decirle lo que se tenga que decir.

Con los jóvenes, la severa dulzura tiene un efecto aún mayor, es la demostración de nuestro amor hacia ellos, es con lo que ellos “siente seguridad” y, siempre que lo necesiten, sabrán a quién acudir, para responder a sus inquietudes.

Al dar apoyos sólidos a nuestros hijos, estaremos impidiendo que los busquen en otras partes, que normalmente resultan

peligrosas.

Como ya sabemos, el ejemplo es una de las mejores maneras de enseñar a los niños y adolescentes, ya sabemos que estamos siempre en el escaparate, siempre nos están viendo y tomando nota de lo que hacemos o no hacemos y cómo lo hacemos, es importante que nuestros hechos sean congruentes con lo que decimos, si enseñamos que no se debe decir mentiras, no podemos pedirle que digan por teléfono que no estamos, estos detallitos suponen una gran incongruencia para el muchacho, me enseña y no lo hace.

El otro punto era tener tareas en casa, que aprendan a hacerlas todas, rolándolas, saber hacerlas y que sí pueden, es una gran fuente de seguridad en ellos mismos, además de darse cuenta el trabajo que cuestan y respetar el trabajo de los demás, y sin que medie pago, es su deber como miembro de la familia, contribuir con su trabajo a sacar adelante el hogar y no esperar que todo le hagan, esto es de las cosas que más mal les hacen.

 

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