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COLUMNA
FACTOR HUMANO: Recupera tu poder
El conocernos a nosotros mismos importa muchísimo más que acumular conocimientos, colgar títulos o zanjar la curiosidad
Paúl Chávez
10/01/2021
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No sabemos el tremendo poder que tenemos porque lo que creemos ser y la conducta parecen indicarnos lo contrario, ciertamente lo tenemos. El problema es: como lo usamos.

 

Preguntas decisivas

¿Hasta cuándo dejará de dolerte una situación? Hasta que asumas lo que no te gusta de ella y aprendamos.

¿Hasta cuándo vas a dejar de provocarte tanto sufrimiento? Hasta que nos rindamos ante el dolor poniendo límites.

¿Hasta cuándo vas a amarte seriamente? Hasta que descubramos que somos mejor que lo que creemos e imaginamos.

¿Hasta cuándo vas a cambiar? Cuando te convenzas que seguir engañándote es peor.

¿Hasta cuándo…? Hasta que te des cuenta y permitas que la verdad te empape y el amor te encienda.

¿Y cuándo lo vas a hacer? Empezando ahora y dejes de posponerlo.

¿Cómo has reaccionado ante las preguntas? El conocernos a nosotros mismos importa muchísimo más que acumular conocimientos, colgar títulos o zanjar la curiosidad.

Enfrentarse requiere más valentía que subir un alto risco; confesar lo inconfesable a quien se debe y en el momento, requiere mucha humildad; reconocer lo que el orgullo oculta libera más que mil cadenas; verse en el espejo sin miramientos revela aceptarse tal como uno es. Abrámonos, aceptemos y asumamos en la conducta verdades más amplias.

Ser honestos

La verdad se nota en una virtud: ser honestos consigo mismos. Se es honesto en la medida en que dejamos de engañarnos y de justificarnos, de ser cómplices de sí mismo. Es el hábito de abrirse a la verdad aunque duela y cueste. La valentía la complementa siendo claves para mejorar y no puede esconderse: se actúa así o no. Sin pretextos.

Cuando sientas un conflicto, algo que te impida concentrarte, para. Tu alma quiere decirte algo. Es el momento de enfrentar algo y de abrirse a posibles sorpresas incómodas, tranquiliza comprenderlas con más anchura. Estar atentos a lo que sentimos nos abre a verdades desconocidas, especialmente los malestares y las bendiciones.

Dañan más las medias verdades que las enteras, abrirnos ante ella es decisivo y da paz. Enterarnos algo ofensivo de alguien duele, pero eso es parte de la verdad; cuando la vemos con más amplitud comprendemos, dejamos de juzgar y al descubrir su bondad deja de doler. Además hay otra verdad encima: uno mismo se daña más agigantando la herida. El perdón las cierra; si te sigue doliendo no te has perdonado ¿Y qué esperas…?

 

Usar la libertad

Los animales quieren con prontitud su comida, no se engañan, van con todo tras de ella. En cambio podemos manipularnos con un juego perverso atrapados en la caja del confort o en algo, creyendo que tenemos el control, pero en el fondo dudando de sí mismo, conformándonos sin satisfacer, justificando lo injustificable. El gran temor es desilusionarse hasta un punto insostenible porque no hay como engañarse y que desnuda. Esa creencia que antaño funcionó se desploma, ahora lo impide. Ya no somos ese. Imposible permanecer igual. Si te das cuenta que estás parado en la vía del tren y no te mueves te darán más nervios y será fatal; la solución no es leer, inspirarte, escuchar buenos consejos: es salir de ahí.

Ante las crisis surgen posturas: confundir los actos con nosotros, lo que trae consecuencias y la volitiva, maldecirse o rendirse ante lo evidente. El acto libre en última instancia escoge entre un sí o un no, o entre un camino u otro. La decisión nos hunde o nos eleva, nos hace sentir bien o mal, confiar o desconfiar, sin embargo es peor la indecisión: estanca. Ese es el tremendo poder que tenemos: usarla para bien y para mal.

 

Las crisis

Son puertas que se cierran trayendo aprendizajes pero requieren una llave: saber elegir. Cada decisión implica una serie de consecuencias. Lo que somos es más fruto de nuestras decisiones y de nuestras creencias, ellas moldean nuestras actitudes y conducta.

Solemos darle más poder a los acontecimientos, a las circunstancias. Si soltamos la llave lo perdemos. Por eso maldecimos los años malos y dependemos tanto de las buenas nuevas, fluctuamos en torno a ellas cuando la fuerza real viene de adentro.

¿De dónde viene el poder?

Del amor a los demás como a uno mismo. No querernos envilece la voluntad y mina la autoestima. A quienes han sido muy amados y aceptados desde niños se les facilita, otros parten desde la ausencia o conflictos con los padres, sentirse abandonado lleva a abandonarse. Cualquiera puede decidir quererse a pesar de todo. Sobran ejemplos.

Amar correctamente crea una poderosa sinergia, direcciona el desorden, le da sentido a la vida y acepta sus miserias. Lo complejo se compone de partes simples, en la medida en que simplificamos facilitamos las cosas, de otro modo la condición humana nos arrolla cuando la queremos resolver superficialmente, desde el engaño, la conveniencia, la comodidad, el egoísmo y sobre todo desde el desamor.

 

¿Qué lo detona?

Querernos. No hay de otra. Tarde o temprano te convencerás o te morirás sin darte cuenta. No morimos con los años, nos mata el desamor.

Si no te gustas, elige por buscar las maneras de aceptarte; si no quieres empieza por moverte; si no te cae bien búscale el lado; si ya estás harto ríndete; si te sientes frustrado pide ayuda; si te tienes lástima acéptate; si estás agotado sal a la naturaleza; si estás por reventar respira hondo varias veces.

Nada empodera más que elegirse amar.

paulchavz@gmail.com

 

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