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TEMPORADA DE ESTIAJE
Higuera de Tachinolpa: el pueblo que se quedó sin agua
Una pequeña comunidad rural de Culiacán caza las gotas de agua que expulsa el venero de una noria para beberla y cocinarla; viven en medio de un río y pozos secos
Claudia Beltrán
25/05/2018
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Foto: Marco Ontiveros

Una señora madruga. De su cocina obtiene dos garrafones para llenarlos con agua. Con mecate en mano y balde, sale de su casa; camina hacia una noria.

Llega a la noria, con la lámpara que lleva en otra mano, alumbra hacia el interior del pozo. En lo profundo alcanza a ver que hay algo de agua. Respira. Descansa. Su caminar no fue en vano.

En la noria amarra el balde y cuando se cerciora que está bien apretado, lo avienta al pozo que tiene como 20 metros de profundidad. De lo profundo, nada se ve, todo es negro.

Con la lámpara ve dónde cayó la cubeta e intenta arrancar al venero la poca agua que generó. Avienta el balde y saca agua. Repite la acción. Sin embargo, sólo puede llenar un garrafón.

Este drama se vive a diario en Higueras de Tachinolpa. Sus habitantes batallan para obtener diariamente algo tan básico para sobrevivir: el agua. Río y pozos secos.

Esta comunidad está ubicada a 45 kilómetros al norte de la ciudad de Culiacán. Tiene 12 viviendas habitadas y más de 40 años de existencia.

Hay sistema de energía eléctrica, pero no una red de agua potable. El agua que se tiene en las casas es obtenida a través de pozos, o norias como también se llaman.

La falta de agua hace que los habitantes arañen más el pozo. El pasado domingo cuatro personas trabajaron en hacer la noria más profunda. Entraron y salieron con escaleras.

Dos ingresaron a la noria a sacarle más tierra y otros dos estaban afuera observando, al pendiente de todo. Se relevaban. El trabajo fue muy pesado, sin embargo, tienen que ir por la gota de agua.

Siempre han vivido del agua que les da las norias, pero la situación empeoró alrededor de tres meses, cuando dejó de funcionar el pozo artesanal que tiene ahí JAPAC.

Los vecinos exponen que desde hace como siete años la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Culiacán les hizo el pozo artesanal que se encargaba de bombear agua a todas las viviendas.

Previo a dejar de funcionar, este pozo sólo enviaba agua y por horas a las viviendas ubicadas en la parte baja. Para las que estaban arriba el líquido no llegaba.

Mencionan que el pozo artesanal de JAPAC se secó, urge lo hagan más profundo. Ante la falta de él, recurren a las norias que están en las casas, las cuales tampoco tienen agua.

 

 

Como si fuera oro

La gota de agua que brota del venero tienen que cazarla. A cada rato la gente está checando el pozo y ante cualquier brillo que ven en el fondo, la obtienen antes que alguien más la gane.

Día y noche están al pendiente que la tierra les expulse cualquier líquido que con gusto lo arrancan de las entrañas.

El agua se cuida como oro. Nada se desperdicia. La gota que se obtiene, se utiliza para beberla, cocinar y lavar trastes. Con el agua sucia de los trastes se echa a las plantas.

Como no hay agua para todo, los árboles frutales se están marchitando. La gente se baña con media cubeta y las vacas esperan por muchas horas sus tres cubetas que en lo individual necesitan para saciar su sed.

Los perros se mueven de un lugar a otro buscando su ración de agua. No escapan de los efectos de la escasez. El río ubicado a corta distancia de las casas, está seco. Ningún charco. Sólo piedras, arena.

“Está fea la cosa”, externan los vecinos.

En los últimos dos sábados, el Gobierno municipal les ha enviado una pipa con agua, sin embargo, el líquido se acaba porque no tienen tinacos para almacenarla y hacerla que dure.

La pipa les llena las cubetas, y recipientes de cocina. En un abrir y cerrar de ojos el agua desaparece. Sería muy bueno que el gobierno los ayudara con tinacos de plásticos. Así no batallarían tanto, dice la gente.

Quisieran tener tinacos, pero no hay dinero. De ahí la propuesta de que el Gobierno apruebe un programa para llevárselos. La inversión no es tanta, porque se habla de doce viviendas.

En Higueras de Tachinolpa añoran las lluvias, ya que cuando se presentan, el pozo que tienen en casa, se llena, casi con la mano tocan el agua.

 

 

No hay agua, pero recibos sí...

En la comunidad hay cuatro norias en las diversas casas, de las cuales, en tres están brotando cantidades mínimas de agua, mientras que un pozo se secó completamente. Ni la humedad quedó.

Aun cuando el pozo artesanal de JAPAC se secó eso no impide a los trabajadores tomar lecturas y entregar recibos en las viviendas. Sin pozo, los recibos llegan por 68 pesos.

Cuando el pozo artesanal servía, los recibos de agua llegaban más elevados en algunas viviendas. Dependiendo el consumo que se hiciera.

“Estamos pringeando el agua”, dice una habitante de Higueras de Tachinolpa.

La falta de agua ha ocasionado que algunas familias dejen de utilizar los sanitarios y realicen sus necesidades fisiológicas en el monte.

Las casas que tienen pisos de concreto, ni de broma se trapean o se lavan. Beber y cocinar, las prioridades en ese pueblo que en cuanto anochece y amanece, la gente busca su gota de agua.

La naturaleza no los ha descobijado y esperan que así continúe y aunque sea en pequeñas cantidades, siga enviándoles chorros de agua que necesitan para su sobrevivencia.

 

 

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