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Imágenes sueltas
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Ana Belén López
06/01/2008 | 00:00 AM
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Te sigues de frente hasta topar con una barda que dice Alto. Obviamente dice Alto porque no hay nada más que hacer. Sólo Alto. Ahí puedes dejar el carro. No hay por donde seguir. Avanzas unos pasos y encontrarás el árbol. Éste está sembrado en una jardinera cuadrada. No se ven las raíces, pero se imaginan que son tan profundas como su altura. Por un lado explora la tierra y por otra aspira al cielo. Es un árbol hermoso. Las hojas y sus flores son optimistas. Llenas de brillos y esperanza.
Hacia la derecha, persiguiendo la barda, puedes alcanzar a ver el gato que duerme sobre el techo de una casa amarilla. A esa hora recibe un baño de sol. Siempre a la misma hora, cada día.
Del lado izquierdo, una mujer tiende la ropa mojada y limpia. El sol la seca. Un perro ladra moviendo la cola.
Llegas de nuevo a la barda que dice Alto. El árbol se ha secado por falta de agua. El gato no está. La señora que tiende la ropa se ha quedado dormida después de pasar la noche entera despierta. El perro no ladra.
Dos parpadeos. De nuevo la barda. El Alto. El árbol. El gato. La señora. La ropa. El perro.
Todo en su lugar. Una brisa mece el mechón despeinado de mi pelo.
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