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Columna
La Fórmula de la Felicidad: SOS, que nos caiga el 20
El coahc Óscar García
Óscar García
10/11/2018
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Foto: Cortesía

Un ascenso zarandeado me saca de mis pensamientos. Voy de regreso a casa, muy satisfecho y agradecido de la reacción de los asistentes al 8 Encuentro Nacional de Hospitales que promueve, con gran responsabilidad social, GNP Seguros.

Mi atención se centró en la conversación de una madre excesivamente inquieta que, a un volumen suficiente para que escuchara al menos la mitad del avión, mantuvo tan intensa su argumentación que me invito a reflexionar y compartir con ustedes un tema tan actual, tan de moda, como lo es el uso “responsable” de las redes sociales.

La señora exigía, casi a gritos, que la escuela primaria donde cursa los estudios su hija se hiciera responsable de un post que exhibía un comportamiento no deseado de su hija. Debo decir que soy un convencido de que estos temas se deben tocar con mayor profundidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos, pero no puedo ni quiero deslindar de la responsabilidad a los formadores desde casa, en la calidez del seno familiar.

Como primer cuestionamiento viene a mi mente: ¿qué hace una niña de 9 años con un smartphone y participando activamente en las redes sociales? La madurez cronológica y la inteligencia emocional y social no corresponden a las experiencias que se exponen de forma abierta en este medio. ¿La escuela le compró el equipo?

¿Cómo explicarle de manera asequible y práctica a la madre que hay muchos adultos que siguen manejando de forma irresponsable este medio de comunicación y relaciones? ¿Mas qué podemos esperar de una pequeña que ni siquiera ha terminado la primaria?

Facebook sigue siendo el responsable de transformar la forma en que nos comunicamos en línea. A pesar de vaticinios negativos, sigue permaneciendo por años como el líder de las redes sociales. Increíble que más de mil millones de usuarios en el mundo están ahí para conectarse. Es un hecho que, por otras plataformas como Pinterest, Instagram, Snapchat, ha logrado una fuerte penetración en el mercado joven, pero siempre con la misma dinámica: la información que ahí se expone no tiene filtros, no tiene validación ni certeza su objetividad y veracidad.

Desafortunadamente, el conocimiento de los usuarios sobre el funcionamiento de estas plataformas no parece avanzar al mismo ritmo que su demanda. Como ejemplo, uno de cada tres adolescentes mexicanos de entre 12 y 18 años, usuarios constantes de internet, aseguran haber subido “fotos comprometedoras”, entendiendo por este término las poses con poca ropa y en posiciones altamente provocadoras, al menos una vez, según datos del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI). ¿Quién les ha dicho que desde el momento que las suben es información pública?

Estos datos son sólo en cuanto a imagen, más inquietante es que al menos el 30 por ciento de los usuarios publica datos personales como teléfono, nombre de su escuela y fotos familiares. Un dato que nos llena de incertidumbre es que el 43 por ciento ni siquiera considera riesgoso ir a una cita con una persona que conoció en internet, y no solo hablamos de adolescentes. Te puedes imaginar que la red de citas más importantes se enfoca principalmente a jóvenes entre 25 y 34 años, es como si desafiaran todas las reglas de seguridad recomendadas. ¿Y queremos enseñar a gestionar a nuestros niños lo que no somos capaces de hacer como adultos?

Un hecho altamente investigado es el uso responsable de las redes sociales al momento de comunicar, porque comunica mucho de nosotros como seres humanos, y si somos líderes empresariales o sociales, las personas lo relacionan en automático con las empresas que dirigimos; es un reto constante enfocarnos en cuál es mejor manera.

La forma en que cada uno de nosotros interactuamos con el entorno virtual es la oportunidad para reflejar nuestros valores y principios. Así como para ser congruentes con un estilo y forma de vivir, donde la comunidad lo identifique y relacione, provocando el efecto inspiración que todos deseamos.

Si consideramos entonces que el lenguaje es un croquis o un diagrama que nos permite presentar lo que interiormente imaginamos, pensamos y sentimos, también es un hecho que cada persona desarrolla los caminos lingüísticos para habilitar los filtros de la realidad personal. ¿A cuántos adultos, nuestras reacciones nos alejan de la posibilidad de ser considerados líderes auténticos e inspiradores?

Conversando con un ex funcionario público, que me tocó de compañero de asiento, consensamos que necesitamos muchos líderes que arrastren con su ejemplo, que nos hagan creer y que observamos cómo a algunos de ellos su lenguaje irresponsable en redes les quita poder porque cuando lo utilizan, no se responsabilizan al hablar por lo que dice, siente, hace o piensa. Al contrario, en su estructura de comunicación se puede detectar fácilmente que solo buscan responsabilizar a otros de lo que ellos mismos son incapaces de gestionar.

¿Cómo podemos afrontar el gran reto que, con tan solo 9 años, una pequeña tenga la madurez de usar las redes sociales si no la tiene quien le compró el móvil y le paga un acceso ilimitado a internet? Cómo esperar que tenga la capacidad de decidir cómo se relaciona en un medio muy útil para comunicarnos, pero muy expuesto para la confidencialidad de datos y su vulnerabilidad. Más aún, seleccionar adecuadamente los amigos virtuales si los adultos le damos el ejemplo ingresando a páginas de alto riesgo. Y por si fuera poco, imagínate, queremos que sea cuidadosa con lo que escribe, piensa y dice, esto si los mismos supuestos líderes, que tienen la responsabilidad de ser ejemplo por su preparación y experiencia, caen con facilidad en el juego de las vísceras.

Podemos comunicar mucho por medio de palabras, sermones, consejos, pero mi madre me lo tatuó: el ejemplo, el ejemplo arrastra. Ese es un gran compromiso y responsabilidad, con todo y el permiso que la vida nos otorga de ser humanos y el derecho a equivocarnos.

Seguimos conectados a través de Oscar García Coach. Confío te atrevas a compartir la información que busca apoyar la formación de mejores seres humanos, invita a otros a que también reflexionen. Necesitamos cambiar miradas.

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