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La vida de nosotros es una máquina, asegura una paciente de Insuficiencia Renal Crónica
En 1993 a Rosa Amelia le diagnosticaron Insuficiencia Renal Crónica Terminal un año, después recibió un trasplante de riñón que le regaló su hermana. En 2006 perdió el órgano donado, y desde esa fecha, va a sesiones de hemodiálisis. 'Esto no es vida', menciona
Claudia Beltrán
03/06/2018
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Foto: Roberto Armenta

Cuando Rosa Amelia va a salir de su casa a una sesión de hemodiálisis, sigue un ritual: persignarse, rezar y encomendarse a Dios. Tiene ese patrón religioso desde hace 12 años.

No sabe si regresará viva a casa para estar con su hijo José Antonio, de 20 años de edad, quien estudia Biotecnología Geonómica en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

En las sesiones de hemodiálisis, que desde hace 12 años tiene lunes, miércoles y viernes en el Hospital General número 1 del IMSS le ha tocado ver de todo. Cuando se sienta en su sillón para que una máquina le limpie su sangre y le extraiga líquidos de su cuerpo, hay nervios, estrés, miedo...

Le ha tocado ver a compañeros de sala que se infartan mientras están en su proceso de hemodiálisis. Cuando eso ocurre, las enfermeras arman una 'revolución', se mueven, actúan y luchan por quitar a la muerte esa vida que se quiere llevar.

Antes de entrar a la sesión, de manera normal sostiene conversación con los compañeros a hemodializar que esperan su turno. Cuando se acomodan en el sillón, le ha tocado escuchar y verlos cuando gritan les duele la cabeza, entonces tienen que parar el proceso y atenderlos.

Cuando un paciente se infarta o se pone mal, las enfermeras rápidamente se mueven, reclinan el sillón y corriendo se lo llevan al área de Urgencias. La vida que llevan es difícil, dependen de una máquina o un trasplante de riñón y aún cuando tengan donador, no todos son candidatos a recibir ese órgano, como actualmente es su caso.

"Es una vida muy pesada y más si no tienes el apoyo de tu familia, yo sí la tengo, mi familia está al pendiente, mi esposo, mi hijo".

Se les baja la presión, se infartan.

EL DIAGNÓSTICO

Rosa Amelia nació el 28 de julio de 1968. Tiene 50 años de edad. En 1993, cuando tenía 25 años, en el Instituto Mexicano del Seguro Social le diagnosticaron Insuficiencia Renal Crónica Terminal. El doctor Raúl Borrego Gaxiola pidió hablar con la familia.

En ese encuentro estuvo su mamá y dos hermanas mayores. El doctor les describió el problema de salud. Les dijo había dos tipos de insuficiencia renal: la aguda y la crónica. La de ella, era crónica, ocupaba un trasplante para seguir viviendo.

Les mencionó que el trasplante debía venir de un familiar. Ema, su hermana menor, no dudó en donarle su riñón. Durante siete meses ambas se sometieron a un protocolo de estudios.

Fueron con el oftalmólogo, cardiólogo, otorrinolaringólogo, angiólogo, urólogo, psiquiatra.

En ese lapso de estudios, Rosa Amelia estuvo en sesiones de hemodiálisis. Siempre tuvo miedo le pasara algo a su hermana. Sabía de la existencia de riesgos en la cirugía, sin embargo, ella la alentaba, le decía no se preocupara, no pasaría nada, que todo saldría bien.

El 7 de abril de 1994 en el Hospital General de Culiacán se realiza el trasplante. Los costos los absorbió el IMSS. Ema iba en camilla al quirófano y Rosa Amelia, de pie, sujetándole el suero, caminando a un lado de ella.

En camino al quirófano su hermana le decía no tuviera miedo, que le daba su riñón con todo su corazón, que con gusto le daba una parte de ella, para que continuara viviendo.

Con una mano, Rosa Amelia se sube sus lentes y se limpia las lágrimas al recordar el acto de amor de su hermana de hace 24 años. En ese entonces, recordó, una paciente murió porque ninguno de sus diez hermanos quiso donarle un riñón.

Ese 7 de abril, extrajeron el riñón y se lo colocan a Rosa Amelia. En ambos casos las cirugías fueron un éxito. Trasplantada duró 14 días en el hospital. Los médicos esperaron que el órgano pegara y funcionara antes de irse a casa. En Sinaloa fue de los primeros trasplantes realizados.

"Recién operada fue a verme, la recibí con todo mi amor, supe del sacrificio que hizo", recuerda.

En casa duró un año aislada en su cuarto. Sólo salía cuando iba a consulta al IMSS y lo hacía con tres cubrebocas bien puestos. En su cuarto sólo la cama y un mueble para tener a la mano agua y medicamentos. Su familia la veía a través de una ventana.

Al cuarto año de su trasplante se embarazó. El médico le dijo era el momento porque el riñón estaba funcionando bien, sin embargo, también le advirtió, que ante cualquier riesgo, la gestación sería interrumpida, pero no fue así. Su hijo nació, hoy tiene 20 años, y vive por él.

Su hijo nació a los siete meses, registró miopía y astigmatismo por la azatioprina que tomaba, medicamento para que pegara el riñón y no hubiese un rechazo.

Trece años duró su riñón trasplantado. Atribuye a una neumonía mal atendida en IMSS Tijuana en 2005 y al cambio de un medicamento a otra marca, la causante del desenlace de su riñón. En Culiacán intentaron salvarlo, pero no se pudo.

DEPENDIENTE DE UNA MÁQUINA

En 2006 el riñón dejó de funcionar, el doctor le dio una noticia que no hubiera querido escuchar: 'tu riñón llegó a su fin'. Rosa Amelia se quiso morir. Le habían dicho que el trasplante, sería para toda la vida. No le quedó de otra más que aceptar.

Un hermano intentó donarle un riñón, pero no se puede, su cuerpo tiene anticuerpos y no puede estar en lista de espera. Con anticuerpos altos, en un trasplante puede morir o rechazar el riñón.

Desde 2006, hace 12 años, va a sesiones de hemodiálisis tres veces a la semana. La hemodiálisis es para purificar la sangre y sacar líquidos. Si no se purifica la sangre, se intoxica el cuerpo y se van las toxinas al cerebro.

Cree en Dios. En esta vida con riñón trasplantado le dio un hijo, comentó.

"Es una tensión, todos los días que salgo de mi casa me persigno me encomiendo a Dios, me pongo en sus manos para que se haga su voluntad, porque uno no sabe si va a volver".

Como su riñón no funciona, no orina desde hace doce años y la máquina tiene que sacarle el agua. De no hacerlo, se puede ir al pulmón y corazón. Entre menos agua consuma, mejor.

"Entramos a las máquina vivos y no sabemos si vamos a salir muertos, porque es un riesgo".

En hemodiálisis la mitad de la sangre está en la manguera dando vuelta, purificándose y entrando de nuevo al cuerpo y el corazón trabajando fuertemente.

"Nos ha tocado ver todo, un señor se estaba muriendo en plena sesión y el enfermero se subió arriba de él para bombearle el corazón y lo revivió".

Los pacientes de hemodiálisis actúan como si fueran una familia. Reconocen la entrega de las enfermeras. Destacan de ellas el trato digno, humano, tanto a rico como a pobre que pasa por un sillón, el trato es parejo.

"Ellas nos alientan, nos dan fortaleza para seguir adelante para seguir en esta vida tan pesada, ellas nos la hacen más livianita".

A pesar de lo difícil, Rosa Amelia le ha puesto muchas ganas a la vida. Quiere continuar con su hijo, agradecerle siempre a su hermana.

Rosa Amelia recuerda que cuando tenía 5 años de edad, le dio varicela y sarampión juntos. Hubo complicaciones. Eso hizo no se le desarrollara un riñón. Toda su vida funcionó con un órgano sin saberlo.

De adulta tuvo una infección en la garganta. Esa infección se le fue al único riñón que tenía, perdiéndolo también. Fue cuando en 1993 le diagnosticaron Insuficiencia Renal Crónica Terminal y en 1994 le hicieron el trasplante.

LAS MÁQUINAS, OTRO RIESGO

Deben tomar poca agua. Cuando traen mucho líquido en el cuerpo, no pueden respirar, ni caminar. Si el agua no se saca, se distribuye por donde le dé la gana, explica.

"La vida de nosotros es la máquina, o un trasplante", prosigue.

Las máquinas que se utilizan en IMSS para hemodiálisis también implican un riesgo para la salud de los que reciben sesiones.

A veces sacan más agua de lo permitido, ocasionando que el cuerpo se descompense. Esto se da porque las máquinas no están calibradas.

El ingeniero del Seguro hace lo que puede. Tienen como diez años sin cambiarse, no paran de funcionar.

Tampoco purifican la sangre, así como la saca, la vuelve a meter. Se dan cuenta de ello cuando se hacen los estudios. Detectan que la creatinina y urea están bien altas.

En IMSS han tocado muchas puertas para que cambien las máquinas. Han ido con el director, administrador, delegado y nada han conseguido.

Rosa Amelia menciona que la máquina tiende a crecer el corazón, porque sube y baja la presión y a convertir en porosos los pulmones por el agua.

En su transitar, también le ha tocado enfrentar groserías de personal médico. Recuerda una ocasión acudió con una cardióloga por medicamentos, quien le cuestionó para qué quería medicinas, si de todas formas se iba a morir, porque lo de ella era terminal su enfermedad.

"¿Para qué te quieres arreglar el corazón, si ya te vas a morir?, me dijo".

Sus huesos están desgastados de tanto medicamento que ha tomado. Sus venas dilatadas por tanto piquete para la hemodiálisis. Si sus venas se acaban, no puede hacerse la sesión.

"Esto no es vida, si me trasplantaran sí quisiera vivir mucho, vivir hasta que Dios me quiera tener aquí, él decide".

El apoyo de su esposo también la levanta. En 1993 cuando le detectaron la enfermedad, le pidió se buscara a otra persona que estuviera salva, pero él no quiso, decidió estar con ella.

 

"Es una vida muy pesada y más si no tienes el apoyo de tu familia, yo sí la tengo, mi familia está al pendiente, mi esposo, mi hijo".

 

"Es una tensión, todos los días que salgo de mi casa me persigno me encomiendo a Dios, me pongo en sus manos para que se haga su voluntad, porque uno no sabe si va a volver".

 

"Entramos a la máquina vivos y no sabemos si vamos a salir muertos, porque es un riesgo".

 

"Nos ha tocado ver todo, un señor se estaba muriendo en plena sesión y el enfermero se subió arriba de él para bombearle el corazón y lo revivió".

 

"Esto no es vida, si me trasplantaran sí quisiera vivir mucho, vivir hasta que Dios me quiera tener aquí, él decide".

 

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