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Historias de Culiacán
La vida difícil de 'Jovita'
Con 80 años a cuestas la adulta mayor tiene que lidiar con dos hijas adictas, un hijo enfermo y sus propios males
Claudia Beltrán
26/01/2018 | 04:15 AM
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Foto: Nancy Juárez

Un plato abandonado con frijol está en un comedor viejo de madera donde sólo hay una silla. El piso es de tierra, el techo, láminas con hoyos por donde entra el agua en temporada de lluvias. La fe en Dios presente.

Un cuadro de la virgen de Guadalupe como testigo de la pobreza.

Ahí se encuentra doña "Jovita", una señora de 80 años de edad, vive en la colonia Díaz Ordaz desde hace cinco décadas.

Es originaria de Durango, junto con sus hermanos llegó a Culiacán hace cinco décadas. Todos bajaron al corte del algodón.

Aquí conoció a su esposo, quien hace 12 años murió de una "fiebre amarilla". Con él tuvo a Felipa, Teresa, Candelaria, Olga, Griselda, Alejandra y María del Socorro. De sus siete hijas, dos trabajan.

Haciendo el aseo, Olga trabaja en la Clínica de la Mujer y Teresa en una casa, también en labores de limpieza. Olga vive con doña 'Jovita' y Teresa en otra colonia. De Teresa cada semana recibe un apoyo de 200 pesos.

"Vivo de la ayudita que me da la gente, de una hija que trabaja también, es la única, porque ahí tengo dos, pero están locas, están tronadas, no trabajan, (tronadas) por el vicio de la droga", enfatizó.

La casa de doña "Jovita" consta de dos pequeños cuartos. Uno de ellos, de concreto, tanto en paredes como en techo. Al interior están acomodadas tres camas donde duerme ella y cinco más, entre ellos nietos.

El otro cuarto su techo es de lámina de fierro, llena de hoyos, y la pared, es de madera. El quemador, donde cocinan, está pegado a la pared de madera.

La cocina tiene piso de tierra. El refrigerador no sirve, la mesa es de madera y sobre ella, está un garrafón vacío que desde hace dos días no ha podido llenarse de agua, porque no hay dinero.

De sus siete hijas, dos tienen problemas de drogas. Doña "Jovita" pide al gobierno ayuda para ellas. Los vecinos se unen a esa petición. Sienten el peligro cerca. Tienen miedo por sus hijos. Caminan a la expectativa por esa calle.

La más afectada es Griselda, de 30 años de edad. Avienta piedras a las casas. Se rasca mucho sus brazos, el cuello, su cuerpo. Dice que está embrujada. Dos casas que están a un lado, los vidrios están rotos. Ella es la responsable, reconoce doña "Jovita" a quien le reclaman los daños.

En las noches no duerme y si lo hace, es poco. Como a las 02:00 horas de ayer, doña "Jovita" escuchó un ruido, se levantó y vio a Griselda despierta.

A altas horas de la noche, mientras la gente duerme, Griselda se sube a los techos, incluso se brinca a los patios de las casas.

Producto de su afectación, Griselda dice que tiene animales en la cabeza. Toma unas pinzas para sacar las cejas y simula sacarse animales.

Doña "Jovita" menciona que un año atrás su hija estaba bien hasta que conoció a un trailero. No sabe qué "cochinada" le habrá dado porque su vida cambió.

"Se iba con un trailero, vivía con él, y el viejo era vicioso y la volvió loca, donde quiera la dejaba por allá cuando se la llevaba, que para Sonorita, para muchas partes, la dejaba tirada y se regresaba pidiendo ayuda, hasta que llegaba aquí", narra.

Antes de su afectación Griselda era una mamá muy responsable y trabajadora, sacó a sus tres hijos adelante.

Una hija tiene problema con ella. La agrede, la insulta, le dice la odia, expone doña "Jovita".

Alejandra, de 29 años de edad, es otra hija con problemas de drogas. Desde los 15 años empezó. La señora de la tercera edad, pide ayuda al gobierno también para ella. Las quiere a ambas sanas.

Vecinos consideran que doña "Jovita" está expuesta al peligro por la agresividad de Griselda quien le dice tiene el valor de hacerla chicharrón.

¿Cómo?, le responde doña "Jovita". Teniendo como respuesta, que tiene el valor hacerla chicharrón entre las garras, prendiéndole fuego.

La señora confía en que no le haga daño, sin embargo, está a la expectativa.

Le tocó ir a un DIF a pedir ayuda para sus hijas afectadas, pero nada logró. Le argumentaron eran grandes.

Además del problema de sus dos hijas, enfrenta otro: el de Carlos Iván, de 31 años, quien sufre ataques epilépticos. Ha conseguido trabajo pero en cuanto sufre la crisis, se queda sin empleo.

 

Con enfermedades

En cuanto a enfermedades, 'Jovita' no se queda atrás. Desde hace un año trae una herida que no sana en uno de sus pies. Parte de su piel se le fue con el agua caliente. Ha probado medicamentos, hierbas, y todo igual.

Como adulta mayor, cada dos meses recibe un apoyo del gobierno de mil 160 pesos. Cuando el dinero llega, se esfuma en el instante. Muchas necesidades.

"Yo no sé si tengo diabetes, nunca me alivio y no puedo caminar", expone doña 'Jovita', estatura baja, figura frágil, saco negro y un trapo amarrado en su cabeza para mitigar el dolor cuando llega.

Confía la mano del Gobierno llegará hasta ella y ayudará a Griselda y Alejandra, dos hijas enfermas de adición a las drogas a quienes desea ver bien.. Esa confianza de ayuda la extiende para Carlos Iván, el de los ataques, así como para ella. Cualquier ayuda que reciba, se recibirá con agrado.

 

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