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La vitalidad de la vida hecha danza cierra Encuentro
Coreografías llenas de energía se disfrutan en el cierre del Encuentro de Danza de la Escuela de Delfos; develan placa
Héctor Guardado
26/05/2018 | 10:59 AM
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Foto: Rafael Villalba

MAZATLÁN._ Los sonidos afroantillanos en una propuesta actualizada llena de vitalidad es lo que toca el grupo chileno Newen Afrobeat, de esa música surge la energía, el trazo de movimientos y el ritmo que contagió a bailar y dejó claro que la danza palpita en los corazones del público, en la clausura del Segundo Encuentro de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán.

Fue un grupo de alumnos de cuarto año los que crearon esa alegoría de lo que la danza puede ser en el escenario, utilizando el hip hop como herramienta.

Pero sobre todo el talento, el goce de sentir el ritmo en el cuerpo fue vivido y proyectado al público a través de los bailarines que contagiaron la vitalidad de la vida a través de la danza y con eso definieron exactamente, con un hecho escénico, lo que es la danza, una explosión de vida.

El trazo coreográfico intenso utilizo el escenario plenamente, hicieron suyo el espacio y lo hicieron latir con su danza, la intensidad de los movimientos convertidos en ritmo, con un estilo callejero que lo hizo familiar al público.

El bailarín mazatleco Ángel García brilla con luz propia, se convierte en movimiento y se hace uno con el sonido, es evidente su formación en el hip hop callejero pero estilizado por la formación profesional que recibe en la Escuela Profesional de Danza, el resultado es un homenaje a la danza.

La coreografía 4301 kilómetros impactó por la fuerza física desplegada en el espacio escénico, por la claridad del mensaje que se traduce en saltos, cuerpos que se untan al suelo, que huyen, a la expectativa, a la defensiva.

Los bailarines se arrastran en el suelo, agazapados, sincronizados en movimientos que trasmiten la desesperación de la huida.

Desde el primer momento se plantea una situación tensa, desconfiados se encuentran, se comunican con la mirada en una soledad acompañada.

La zozobra por la que pasan cuando escapan, cuando son descubiertos, está en el escenario, esa sensaciones están traducidas en movimientos de gran intensidad, saltos enormes, abrazos. Los cuerpos se convierten en la colina que tres de ellos escalan, son la barda que hay que traspasar, la rama que hay que sortear.

Los cuerpos adquieren metafóricamente formas que se convierten en poesía que denuncia, que permite al espectador acercarse a una experiencia límite, detonada por la ilusión de vivir una mejor existencia.

La música está enriquecida con sonidos de máquinas del tren, los sonidos nostálgicos de la guitarra, música electrónica que va creando las atmósferas de persecución.

En ese sentido de fisicalidad, de movimientos intensos que ponen al límite los cuerpos está la obra Éter, interpretada y coreografiada por José Ángel Rochín y Erick Soto, quienes hicieron un tour de force a partir del contacto de dos cuerpos, que detonan movimientos que impresionaron por su precisión, pero también por lo orgánico.

La fuerza y la intensidad están presentes en toda la obra que impacta por la energía que transmite.

“Éter es una metáfora del amor y la amistad que puede existir entre los seres humanos, es algo intangible que nosotros transformamos en algo visible a través de la danza; convertimos algo abstracto como la solidaridad con el otro en danza”, mencionó José Ángel Rochín.

El coreógrafo Alex Hensa, egresado de la Escuela mazatleca, no pudo estar en el Encuentro pero se interpretó una coreografía suya, Estatuto del hambre, una propuesta de un equilibrio estético en movimiento que muestra el talento de Alex Hensa, deslumbra la coherencia del lenguaje con la que va construyendo y permite que el público lea la obra.

Define una estética en su obra a través de códigos traducidos en movimientos de brazos piernas, hombros que se repiten y que el espectador identifica hasta sentirse familiarizados con ellos para encontrar un ritmo de comunicación que no cesa durante toda la obra.

Una propuesta divertida y coherente fue Bismol, que muestra la sensualidad, la vanidad de una manera juguetona a través de una bañista que juega con su salvavidas en forma de flamingo rosa.

También se presentaron las obras Jeap´si, Entre llanada, Soltura, Debe ser, y Gravitatoria.

Raúl Rico y Claudia Lavista ofrecieron un discurso de clausura y los cuatro críticos, investigadores, y promotores de danza: Patricia Cardona, Rosario Manzanos, Javier Contreras y Cuauhtémoc Nájera develaron la placa que se instalará en una pared de la Escuela Profesional de Danza Contemporánea de Mazatlán, con la que se conmemoró el Segundo Encuentro de la institución educativa y con el que se celebraron los 20 años de la Escuela.

 

 

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