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OPINIÓN
Las alas de Titika: Las muertas de Ibargüengoitia
Noviembre es el mejor mes para recordar a Las muertas de Jorge Ibargüengoitia
María Julia Hidalgo
03/11/2019 | 04:15 AM
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Foto: Cortesía

Noviembre es el mejor mes para recordar a Las muertas de Jorge Ibargüengoitia; brillante escritor nacido en Guanajuato y muerto un noviembre, hace 36 años, en un accidente aéreo. ¿Qué habría pasado si Ibargüengoitia no escribe la historia de las poquiachis?, muchos ni nos habríamos enterado de esas mujeres.

Las susodichas fueron tres hermanas que vivieron en los años 50, en San Francisco del Rincón, Guanajuato. Proxenetas con una larga lista de cargos en su contra y con otra tanta cantidad de muertes es sus conciencias. Una historia escalofriante que narra los acontecimientos que ocurrieron en el interior de un burdel.

Según expertos, Las muertas es la menos humorística de las novelas de Ibargüengoitia —para eso hay que leer Los relámpagos de agosto—. Pero, una vez más, en esta historia de las poquianchis, se vuelve a imprimir ese estilo inusual del guanajuatense para convertir el más crudo suceso en una secuencia de relatos cargados de sátira y de una minuciosa limpieza. Una trama compleja en la que no deja nada suelto nada. Una historia impregnada de cercanía y realidad, donde se plasma una crueldad humana tan brutal, en una cotidianidad tan ordinaria, que pareciera que los personajes participan en ella sin apenas darse cuenta.

Engaños, encierros, castigos, venganzas, maltratos, abusos, intrigas, golpes, inocencia, pobreza y mucha, mucha ignorancia; en torno a todo ello, casi sin esperarlo, aparece la primera muerta. Una vez acaecida la primera, vendrán una y otra. Por circunstancias ajenas a sus madrotas, las jóvenes, que engañadas fueron a dar al burdel para ser explotadas, encontraron la muerte en circunstancias por demás brutales.

Al principio, la muerte causó conmoción, pero luego, la carga de darle de comer a tanta güevona cuando el México lindo y el Casino del danzón fueron clausurados, fue razón suficiente para que las Balandro ordenaran darle un tiro a quien intentara actos insurrectos.

La vida de las jóvenes que fueron invitadas a trabajar como domésticas con las Balandro continuó igual de lamentable; unas por mal comer y otras por maltratarse entre ellas mismas. Cuando llegaban al burdel la realidad les sacudió la inocencia y el día de su llegada debían atender a más de diez clientes. Pronto dominaron su oficio y quedaron a merced de las Baladro.

De entre todas ellas nació un hijo; otra víctima que padeció como cualquiera. Todo se convirtió en un negocio que fue dando buenas ganancias; donde las autoridades del pueblo se veían beneficiadas con ambos servicios.

La ficción supera la realidad. En el caso de esta historia habría que documentarse sólo un poco para conocer las atrocidades que se cometieron con las víctimas. Un caso sonado internacionalmente por los medios de comunicación; al parecer algo que al día de hoy no se ha contado otro igual. Una historia que Ibargüengoitia usó, como materia prima, para convertir la tragedia en Las muertas. Una novela de una trama compleja, de una sencillez que toca, de un rico lenguaje y un suspenso inagotable. Una realidad ficticia que atrapa en cada suceso y en cada personaje.

Quien quiera acercarse al mundo Ibargüengoitia por medio de las imágenes aquí va como sugerencia Dos crímenes: https://www.youtube.com/watch?v=WV0dCAdPjAk ; completa por Youtube. No verás sangre y sí un humor inteligente. Puede ser que después de esto desees adentrarte más al minucioso y maravilloso universo de Jorge Ibargüengoitia.

 

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