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Portalito
Desprestigio edil
José Refugio Haro
07/01/2008 | 00:00 AM
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El líder del nuevo cabildo municipal, doctor Felipe Velázquez Zazueta, se echa a cuestas un duro compromiso: mejorar la imagen pública del regidor.
Seguramente el cirujano plástico dijo lo anterior en referencia a las fuertes críticas que últimamente se han sentido sobre el trabajo de los ediles, aunque ya hace rato que la gente se dio cuenta de que son en la Comuna más unas figuras decorativas que verdaderos representantes del pueblo que se supone representan.
La figura del Cabildo en realidad es ideal en el sistema de los gobiernos representativos, una posibilidad de que el pueblo mandate a sus representantes en el gobierno y siga mandando a través de los regidores.
Los ediles deberían ser literalmente los contrapesos del alcalde para que éste no perdiera el piso como consecuencia del gran poder que la ciudadanía le delega en un municipio, resbalón más que repetido en la historia de los presidentes municipales.
Pero los partidos, junto con otras degeneraciones notables que se les aprecian, han envenenado el concepto de tal figura y los han convertido en entes sin alma, sin rumbo, sin memoria ni responsabilidad, y por eso los regidores han sido mandaderos del partido a que pertenecen. Más aun, al entrar en funciones adquieren también otro patrón por vía del interés económico: el alcalde, sin importar si son del partido de éste o no, quien sabe premiar muy bien los favores.
Estamos ante un círculo vicioso en el que los regidores no son libres para ser decentes porque fue su partido el que graciosamente los incluyó en la lista acompañante del candidato a alcalde, y la mayoría de ellos sabe que en las votaciones su personalidad no tiene ningún impacto en los ciudadanos, porque toda la promoción publicitaria y propagandística se emite a favor de la figura del candidato a presidente municipal. A éste le cuelgan todas las virtudes posibles y por ello casi nadie se aprende los nombres que van en la lista de regidores.
El trabajo de los ediles siempre es oscuro y cumplidor de un formulismo. Por ello es tan raro que alguno de ellos destaque como para ser candidato a alcalde en las elecciones siguientes. En cambio sí llegan a lucir los funcionarios del gabinete, empleados se infiere del alcalde, porque manejan presupuestos y acompañan al jefe del municipio a entregar beneficios en las comunidades, o porque la prensa los atiende como generadores de noticias e incluso por extender beneficios personales a algunos de quienes los promueven en sus medios de comunicación.
Quienes afortunadamente entran a formar el cuerpo edilicio de una administración ven tal acontecimiento como una gran oportunidad de chamba que también es finita; que al final de los tres años muy probablemente pasarán a la banca del desempleo.
Normalmente el regidor sabe que su cuerda política casi termina el último día de su gestión como tal en el trienio, y para volver a los foros públicos necesita recuperar su actividad anterior en el gremio del que procede, o buscarse otros exhibidores desde los cuales volver a llamar la atención del público y, por supuesto, de su partido.
En el recientemente terminado gobierno municipal los regidores escribieron una página vergonzosa en la historia del municipio al prestarse para dar el marco legal(¿) a la empresa o empresas que adquirieron los terrenos en que se asentaba la colonia Americana, junto con el ingenio azucarero el símbolo más claro de la historia de esta ciudad.
Ahí no importó que fueran regidores del PRI, del PAN o del PRD. Igual firmaron el acta de acuerdo por el que se concedió el cambio de uso de suelo de habitacional a comercial a la colonia Americana, requisito que necesitaban los depredadores de edificios históricos para hacerlos polvo. Fue tan acusado el interés por sacar el documento de marras antes de que cayera la cortina del año 2007, que alcalde y regidores se exhibieron solitos.
Mientras lo anterior sucedió, el cronista de Mazatlán anunció que se pondrá en huelga para impedir la destrucción de un predio considerado histórico en el puerto, donde los cuerpos edilicios sí han protegido la historia. Aquí, ni el alcalde, ni el Cabildo, ni el cronista de la ciudad, ni las comisiones de historia han sudado esa camiseta. ¿Para qué? ¿Quién se los exige?
Por eso es que el domador de los ediles priistas del nuevo gobierno de Ahome está preocupado en ver qué puede hacer por esa especie de gobernantes tan desprestigiados, pero se encuentra ante una cuesta muy empinada.
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