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Re-escribir el futuro
Re-escribir el futuro
03/01/2008 | 00:00 AM
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Pronosticar el futuro, aunque sea inmediato, es un ejercicio riesgoso. Es muy fácil equivocarse, puesto que, si es posible hacer augurios, quiere decir también que cualquiera puede intervenir en los sucesos que vienen y, por lo tanto, modificarlos. Así por ejemplo, si se pronostica un desastre, la propia predicción puede tener algún efecto sobre los actores que participarán en las decisiones que podrían evitarlo o minimizarlo.
Hay quien afirma, sin embargo, que existen procesos políticos y sociales que tienen lugar, independientemente de la voluntad concreta e individual de las personas. La pregunta entonces es: ¿seremos capaces de cambiar nuestro futuro, o estamos destinados a vivirlo, sin que podamos hacer algo al respecto? Me parece que en buena medida es el dilema que enfrentaremos los mexicanos en este 2008.
Predecir el futuro significa entonces que entramos en una dimensión que no es absoluta, sino alterable en la medida que no hay nada escrito de manera definitiva o que el futuro se puede re-escribir todos los días.
Dicho lo anterior, es necesario reconocer que hay algunas tendencias generales en el desarrollo del país y que difícilmente acciones solitarias van a modificarlas. Por ejemplo, ya sabemos que el Producto Interno Bruto de México no crecerá más allá de un determinado porcentaje. Nada o casi nada afectará dicha tasa de crecimiento de alrededor del 3.5 por ciento.
Tendría que pasar algo extraordinario para afectar dicho porcentaje (una enorme catástrofe natural, una espectacular caída en la producción petrolera, una guerra inesperada, etcétera). Lo mismo puede decirse entonces de los acontecimientos políticos nacionales e internacionales: salvo que suceda algo extraordinario (lo cual puede darse y también puede ser previsto de alguna manera), no habrá modificaciones respecto a ciertas expectativas.
Por ejemplo, uno puede predecir que el PRI va a ganar en las próximas elecciones locales en Quintana Roo e Hidalgo, como lo ha hecho donde los otros partidos no tienen estructura. También que dentro de algunos de los institutos políticos habrá movimientos importantes. Es lo normal y lo que se espera por ejemplo en el PAN, con la llegada de su nuevo dirigente.
Uno puede predecir igualmente que en el PRD va a haber una enorme disputa por el poder y que eso llevará probablemente a una división del partido. Pero si esa división, ya existente para muchos efectos, se concreta y se consuma con una escisión definitiva por parte del lopezobradorismo, dependerá de muchos factores, que van desde los cálculos utilitarios hasta la sensatez de algunos actores claves como Encinas o Jesús Ortega.
En otras palabras, no se requiere tener una bola mágica para predecir esos rasgos generales de la política mexicana del 2008. Lo interesante estará en los detalles. Es decir, en saber si los actores estarán "a la altura de las circunstancias". Lo cual significa básicamente que la posibilidad de producir un futuro distinto al esperado dependerá de nuestra capacidad de tener acciones inusuales.
Pienso por ejemplo en aquellos políticos europeos que se unieron para lanzar las primeras instituciones comunitarias, las cuales sentaron las bases de la actual Unión Europea.
¿Cuáles son las acciones fuera de curso, es decir fuera de los pronósticos, que podrían eventualmente generar un futuro distinto al esperado? Todas aquellas que signifiquen la capacidad de superar los intereses específicos, de grupo, corporativos, individuales o sectarios. Un ejemplo de ello será la elección del nuevo presidente del IFE.
Otro, la aprobación de una reforma del Estado que vaya más allá de cambios cosméticos. Un tercero sería la aprobación de una reforma energética que visualice nuestras necesidades a mediano y largo plazo.
Llegar a estos acuerdos va más allá de negociaciones en el Congreso. Supone que hay definiciones mínimas de país a las que no hemos llegado. Pero sobre todo, me parece, aceptar que nadie tiene la verdad absoluta y el único camino posible para el desarrollo y la felicidad de los mexicanos.
En suma, aceptar que vivimos en una democracia, para gestionar un país que entendemos como plural y crecientemente diverso. Que no puede ser gobernado por lo tanto desde la perspectiva de una doctrina autoritaria, inflexible y excluyente. Que, por el contrario, nuestra mejor alternativa es entendernos como una sociedad compleja con muchas necesidades, tanto materiales como espirituales, en el más amplio sentido del término.
Es decir, que requerimos tanto de más ingresos como de mayores libertades. Y que algunas no son las mismas que las otras, pero todas deberían ser compatibles.
Así que el futuro inmediato, el de 2008, como yo lo veo, no está escrito. Depende en buena medida de la inteligencia de los principales actores políticos, sociales y económicos. Y no se trata de unirnos todos a la fuerza para generar consensos obligados y eliminar las diferencias de perspectivas.
Por el contrario, se trata de establecer contrapesos y hacer patente nuestra diversidad para poder dar paso a acuerdos realmente democráticos. Si logramos esto, quizás podríamos re-escribir el futuro de México.
*blancart@colmex.mx
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