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Santa Julia a Granel, la otra forma de cocinar saludablemente
En la tienda se pueden encontrar alimentos naturales como especias, semillas, endulzantes, pero sin un empaque, pues de esta manera se evita la contaminación
Noroeste/Publicidad
09/05/2018 | 12:11 AM
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Foto: Noroeste

Julia Gabriela García Ramírez busca contribuir al cuidado del medio ambiente y ayudar a la gente que tiene el interés de comprar productos naturales sin restricción de cantidades a través de Santa Julia a Granel, tienda que dirige.

En la tienda se pueden encontrar alimentos naturales como especias, semillas, endulzantes, pero sin un empaque, pues de esta manera se evita contaminación por los envases, que al final se van a la basura.

Julia dice que cuidar el ambiente es un valor básico que todos deben tener como seres humanos que habitan esta tierra, dejar de culpar a todo el mundo y agarrar la responsabilidad de pensar que cada quien es responsable, sin embargo señala se es muy bueno para decir que fulanito tiene la culpa, pero no se ve lo que hacen en la casa cada quien, ya que el cambio está en cada persona.

Cuenta que ha sido un proceso largo, un trabajo de mucho taladrar todos los días, pues Culiacán aunque no guste a algunos, pero la realidad es que es una ciudad muy sucia, donde se desperdicia mucho, se tira mucho y se camina muchas veces entre basura.

“Mi idea ingenua inicial era de sí, todo Culiacán se va a venir corriendo y va a querer dejar de generar basura y no fue así, al contrario la gente se sentía apenada que al llegar con nosotros y decirles que lo ideal era que llegaran con su frasco para rellenar”, señala..

Gabriela como es conocida por sus amistades dice que cuando no los nuevos clientes no traían su propio recipiente pensaban que se les mandaba el mensaje de que eran personas que no cuidan el medio ambiente, que así se sentían y así lo comentaban hace tres años.

Cuenta que Santa Julia inició siendo sólo una tienda a granel, pero los clientes les orillaron a incluir productos naturales y hay también muchos productos que vendían y ya no existen con ellos, como es el azúcar glas ejemplifica.

Dice que la manera en que se fue distribuyendo la idea de reciclar sus envases de otros productos, al insistir cada vez que asistían, darse cuenta que otros lo hacían, fue lo que contribuyó para que los clientes se empezaran a llenar.

Recuerda que la primera persona que lo hizo traía frascos de mayonesa, café y primero entró y preguntó ‘es cierto que puedo traer mis propios frascos para rellenar’, cuando le dijeron que sí corrió al carro y fue por ellos, ya que no se animaba realmente a sacarlos y que todavía hay personas así.

“Son muchísimos ya los que vienen con su bolsa grandota donde traen todo ahí, incluso hay gente que las bosas que ahora nosotros damos las vuelven a traer y las rellenan, en esta semana por ejemplo una cliente dijo: ‘compro tanto que gasto muchas bolsitas, mejor déjamela aquí y cada vez que venga la rellenan, cuando quiera otra vez te la traigo’ ya le tenemos su bolsita personalizada con su nombre”, refiere.

Destaca que cuando han metido productos envasados como la miel, la gente no la quiere, pues el que es cliente ya se acostumbró a servirse, ya no tiene la misma experiencia y quiere seguir viviendo el poderse llevar la cantidad que quiere.

“Una persona llegó hace como dos años, con una cuchara a servirse, pues no hay mínimo de compra y esa es la idea con Santa Julia”, cuenta.

El comienzo

Para iniciar se acercó a una incubadora de empresas con la idea de tener orientación de lo que significa ser empresa y participó en una convocatoria de Inadem para bajar recursos que le ayudaran a abrir Santa Julia, más el apoyo de su familia, por lo que está la empresa ahorita.

“Yo no sabía que existían las convocatorias antes de entrar a la incubadora, no iba a participar porque primero me dijeron ‘te tienes que dar de alta en hacienda, tienes que cambiar a persona física’, yo dije ‘no, que miedo, voy a estar en hacienda, me van a monitorear todos mis movimientos’ era más como miedo”, recuerda.

García Ramírez cuenta que lo vio como poco o nada probable que fuera a recibir un apoyo porque no era la única, pues era una convocatoria a nivel nacional y faltaba una semana para cerrar la convocatoria.

“Dije que no, me fui de vacaciones y estando fuera me habla mi asesor de incubadora y me dice: ’Julia, el cierre de la convocatoria se amplió, anímate’. Duré una semana durmiéndome a las tres, cuatro de la mañana llenando formatos, era muy laborioso en ese entonces y pasó”, señala.

Dice que las convocatorias son de las que pasan mucho tiempo en enterarte si sí o si no, por lo mismo es que ella dijo ‘pues ya, no significa que vaya a quedar´pero un día en la noche le habló el asesor y le dijo que entrara a la cuenta y viera su perfil, que si le aparecía tal cosa era que le habían aprobado y sí le apareció.

“Estaba bien emocionada, brinqué, pero estaba sola y no hubo con quién compartir la emoción en ese momento, a mí así me sucedió, he sabido que hay muchas personas que no confían en las convocatorias, que creen que todo es mafia, corrupción, pero en mi caso me fue bien y aquí estamos tres años después y ese fue el impulso para poder estar donde estamos ahorita”, advierte.

Dice que lo que le dieron en la convocatoria para el proyecto no era suficiente, pero al haber obtenido ese recurso obtuvo también la confianza para que los demás quisieran entrarle; la convocatoria era de 80 mil pesos y como emprendedor tenía que poner 20 mil pesos.

El negocio inició hace cuatro años cuando su esposo y ella decidieron cambiar de alimentación, encontraron un programa que consiste en integrar todos los alimentos naturales, que no se iba al orgánico ni a ninguna etiqueta, sino que tiene que ver más con el origen de los alimentos.

“Necesitábamos reducir muchos gastos en la casa y no queríamos afectar la alimentación; nosotros éramos susheros, éramos carnívoros y nos preocupaba que al eliminar ingredientes de la lista del súper nos fuéramos a enfermar, pero vivíamos en casa con problemas de migrañas todo el tiempo, con alergias”, cuenta.

Se dio cuenta que lo que estaban comiendo y de la manera en que lo estaban comiendo era lo que los estaba enfermando, dieron con un blog, tras otro, hasta llegar a algo que se llama trofología, que es el estudio de los alimentos y su correcta combinación.

“La relación de tu cuerpo con lo natural, mi cuerpo no combina con una lata de un producto o un aderezo que tiene cinco años de caducidad, combina con el plátano, el tomate, que se produce en la tierra y no cuando ya está procesado en una cajita con conservadores”, señaló.

“Nunca más me he vuelto a sentir como antes, vivía llena de medicamentos, ahora ya no uso ninguno, en mi botiquín hay bicarbonato, carbón activado, aceite de coco y es todo, no vas a ver una aspirina, un tempra, un paracetamol, un peptobismol, nada”, explica.

Llevaron un programa que se basaba en frutas, verduras, granos, especias, aguas, endulzantes y de más, fue en ese momento en que se dio cuenta que muchos de los alimentos se necesitaban en pequeñas porciones, porque solo se iban a utilizar una o dos veces y más que era solo para dos personas.

Al terminar el programa se dio cuenta que no eran los únicos que pasaban por esa situación, sino que eran muchas personas que son dos o tres en casa y que no necesitan los alimentos en gran cantidad, además de que se echan a perder porque se olvida que se tienen en la alacena, era mucha generación de basura, de muchos empaques.

Así fue como se le ocurrió llevar toda la tendencia de alimentación natural, de orgánicos, súper foods, a granel, sin empaque y que se pudiera acceder a mínimas cantidades sin ninguna restricción, para que se pudieran probar y si les gustaba pudieran integrar más en su día a día.

“Ahora viendo en retrospectiva me doy cuenta que siempre había estado como emprendiendo algo, desde el kínder vendía pirulines en el salón sin que la directora se diera cuenta, desde que salió de la escuela estuvo brincando de un empleo a otro, llegaba un momento en que me aburría, me enfadaba y cambiaba a otro empleo, pero eran como esas ganas de no tener jefe que me dijera que hacer”, señala.

 

Retos

Dice que no todo fue color de rosa, en uno trabajo antes de poner la empresa la corrieron, pero fue uno de los que más aprendió, muchas de las cosas las aplico ahí.

Encontrar los productos adecuados y con los proveedores adecuados, dice que todo lo que es snack y que es de revendedores sinaloenses, venden empacado y fue un trabajar con ellos para que les vendieran en un empaque que ellos no vendían que era a granel.

Recuerda que los proveedores en un inició se sentían incomodos con la idea de que el producto se fuera a echar a perder, porque en la bolsa de plástico se mantiene más tiempo y pensaban que ahí la humedad lo iba a echar a perder, pero que se les vende tan rápido que no alcanza a suceder eso.

“Fue convencer que nos vendieran a granel su producto, otros que son productos artesanales que hemos ido buscando, paseándonos por Culiacán, preguntándole a las personas, la azúcar mascabado se la compramos a un productor chiquito de Culiacán, el siembra la caña y la procesa en su casa, nos surte el azúcar mascabado, azúcar de caña y otros son productos importados que compramos por medio de intermediarios”, recuerda.

Dice que algo que se ha ido aprendiendo con la marcha es que el clima de Culiacán no da para tener los productos que quisieran, porque hay unos que al estar a granel se echan a perder, se contaminan y la otra es que el cliente entienda que al ser un producto natural, artesanal en muchos casos, no lo van a encontrar como en el supermercado.

En Santa Julia se guían por la cosecha, por la calidad del producto, que si el producto cambia de color, olor, aunque siga sirviendo a ellos ya no nos gusta y lo sacan. El principal reto reconoce, es que la gente entienda que lo natural no dura tres años en la alacena, sino que son cosas de temporada, que van saliendo y que se debe dar la bienvenida a productos que son de la temporada.

Se lo repiten a la gente, pero dice que los clientes nuevos no lo entienden, que hay gente que va por algo y dice, ‘ay no hay’, pero cuando son clientes ya lo entienden, se lo dicen, el público se ha ido segmentando y eso les ha permitido crear una conexión diferente con los clientes, mucho más cercana.

De ser solo un negocio que vende a ser un negocio que enseña

Julia señala que con el tiempo se dio cuenta que no son tan pocos los que quieren comer saludable y que buscan la experiencia de comprar a granel y cuidar el ambiente.

Dice que ahora sus clientes comienzan a exigir a sus otros proveedores orgánicos que utilicen alternativas para no generar desperdicios, basura, además dice que hay tiendas donde comenzaron a tener productos a granel, aunque todos sus productos antes fueran envasados, por lo que siente satisfacción que piensa comenzó a abrir un mercado.

Dice que a ella siempre le ha gustado organizar eventos, el estrés que genera pensar que no se llenará, la logística, decoración y por eso es que comenzó a organizar cursos y talleres en los días que no tenían tanta gente, mientras Santa Julia estaba abierto, en ese espacio se trabajaba.

La idea fue explicar cómo hacer productos como los bollitos si harina y así la gente fue solicitando los cursos que querían, se invitó a otros expositores y ahora ya es una dinámica que forma parte de Santa Julia, no solo vender productos sino eventos donde enseñan a usar los productos que ahí venden.

Es un formato pequeño, de máximo 15 personas, con la finalidad de que sea en familia, pero con la idea de que Santa Julia se convierta en una cadena de puntos de venta a granel y de exposición de estos cursos y talleres, comenzando por Culiacán y luego extendiéndose hasta donde se les permita.

“Nos envían Whatsapp para preguntar que pueden usar para los cólicos, para la diarrea, por eso es que surgió la dinámica de mandar un día a la semana recetas, remedios caseros, que se denomina Santo Tips, ya que surgió una línea de mucha confianza, donde se aclaran dudas que tienen que ver con la salud y la cocina”, explica.

 

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