"Acciones peligrosas"

"Una simple pastilla para el dolor puede llevar hasta el hospital a una persona de edad avanzada"
08/11/2015 12:30

    Leda Garrido

    Si la automedicación por si sola es un factor de riesgo para la salud, su práctica en la tercera edad conlleva aún más consecuencias, pues fácilmente pueden llegar a poner en riesgo ya no la salud, sino la vida de la persona.
    "La automedicación conlleva riesgos, pero en los adultos mayores existen cambios en el organismo que los hacen susceptibles a tener efectos secundarios de diversos medicamentos", explica el doctor Luis Antonio Nevárez Viramontes, médico internista y de terapia intensiva.
    Y es que, como consecuencia natural de la edad, el funcionamiento del estómago se reduce, las secreciones disminuyen y su acidez aumenta.
    "El tejido es más susceptible de enfermarse, la circulación sanguínea está modificada, los sistemas de depuración, como podrían ser el riñón o el hígado, también han cambiado; y pueden llegar a perder parte de su función normal hasta en un 50 por ciento", advierte el especialista.
    Esto de manera habitual, común, simplemente por envejecer, informa, además que se debe considerar que muchos pacientes, en ese grupo de edad, pueden tener ya padecimientos asociados, con su tratamiento específico, que por si mismo tiene seguramente efectos secundarios.
    "Por ejemplo, un grupo de medicamentos que muy frecuentemente usan las personas mayores, son para el control del dolor o la inflamación. Son muchas veces recomendados por el vecino, el farmacéutico, el compadre u otras personas que regularmente no son médicos, y a dosis que generalmente superan las indicadas para ellos", dice.
    De este modo, por ejemplo, se sabe que las personas que toman antiinflamatorios y padecen de presión alta, pueden desarrollar más fácilmente insuficiencia cardiaca, renal, o una presión arterial alta de muy difícil control.
    En el caso específico de los diabéticos, el uso de esos mismos antiinflamatorios, en dosis no indicadas por el médico, no adecuadas para su padecimiento y edad, puede llevarlos a la insuficiencia renal.
    Es muy frecuente también que provoquen alteraciones gástricas por dosis altas, que pueden provocar una irritación del estómago llamada gastritis.
    "Si insisten en tomar esos medicamentos, esa gastritis se puede convertir en una gastritis hemorrágica o incluso en una úlcera que se perfore, ocasionando desde cosas tan simples como la anemia crónica, sangrado masivo, estado de choque y hasta la muerte, por supuesto", alerta el doctor Nevárez Viramontes.
    La causa más frecuente para ir a un médico es el dolor, determina, y de los dolores, especialmente es de cabeza, espalda y diferentes articulaciones, es decir, de huesos.
    Esas mismas dolencias, generalmente vistas como naturales de la edad, son también los principales motores de la automedicación.
    "Aquí entraría el refrán: lo que es bueno para muchos, probablemente no sea bueno para mi. Y si es un producto mágico que cura todas las enfermedades, generalmente no cura ninguna", comparte.
    Pone como ejemplo un medicamento supuestamente naturista, que en estos momentos es consumido por muchos ancianos de Mazatlán para curar dolores de hombro, rodillas y demás.
    "Te dice todo lo que contiene, pero quienes lo toman, curiosamente empiezan a engordar, se ponen cachetones, les sube la presión. Sí, se les quitan los dolores: tiene cortisona; pero en la cajita no dice", cuestiona.
    Así, alerta, no todo lo natural es tan natural, pues incluso productos que son vendidos como del orden naturista, de dudosa procedencia, manejan un lema en sus cajas: este producto es responsabilidad de quien lo toma y de quien lo receta, ni del laboratorio ni de nadie.
    "Qué interesante, tú te lo tomas porque tú quieres. Los productos naturistas no son tan naturistas", lamenta.
    El problema y riesgo en si, retoma, es que el paciente tiene dolor de rodilla, por ejemplo, ¿qué puede hacer para no automedicarse?, pues ir con el doctor.
    "Probablemente no pueda ir porque no tiene dinero, entonces va a la farmacia, pide un medicamento para el dolor y el farmacéutico me da el que él quiere, el que le sobra, el que conoce", ejemplifica.
    Y es que el personal que atiende en las farmacias generalmente no se trata de médicos, ni siquiera enfermeros o químicos, generalmente son personas que tienen mucho tiempo ahí y saben los nombres de algunos medicamentos y es todo.
    "A partir de cierta edad las reglas cambian y hay que tener cuidado con lo que se toma. La precaución radica en el sentido de ver si el medicamento que me recetan es adecuado a mi edad, mi sexo, con los otros medicamentos que tomo, qué efectos secundarios espero tener", enumera.
    Celebra que cada día se avance más para evitar la automedicación, empezando porque próximamente ya no se van a poder vender libremente antibióticos en las farmacias.
    "Ya no vas a poder llegar y decir: deme unas ampicilinas porque me duele la garganta. Imagínate cuántas vidas ha cobrado eso. No puedes guiarte por lo que es bueno para otros, porque no está adecuado a tus necesidades", reitera.

    Médicamente no se puede determinar una edad específica a partir de la cual la persona deba tener más cuidado con la medicación.
    "Pero si es alguien que está tomando muchos medicamentos, entonces su médico tiene que buscar el que tenga menos efectos secundarios, que no se contraponga con el resto de sus medicamentos, considerar que es una persona anciana, que ha deteriorado o disminuido sus sistemas de depuración, de defensas", determina el especialista.