"Callan balas a grupo norteño"
Al mediodía, Herederos de Sinaloa eran noticia de espectáculos. Tres horas después, eran nota roja.
Jesús Antonio Parente Moreno, compositor, acordeonista y primera voz, así como Mauricio Osuna Rosario, segunda voz, acompañados de algunos amigos, entre ellos Argel Manuel Ríos Lizárraga, acordeonista de Los Ilegales, y Jesús Quintero Martínez, habían llegado puntuales a una entrevista en el periódico El Sol de Sinaloa. Sólo faltaba Jesús Peña, quien toca el bajo sexto.
Más felices no podían estar. Su primer disco les había abierto las puertas a la fama y para finales del año lanzarían su segunda producción. Ya promocionaban en los medios de comunicación el primer sencillo Eres tan linda, pero las balas apagaron sus voces.
Minutos antes de su muerte, contestaron las preguntas de la reportera y bromearon entre sí. Saludaban a todos los trabajadores del diario. Sonreían con mucha facilidad.
Tras 40 minutos de entrevista (llegaron a las 14:00 horas), los tres músicos y sus compañeros se despidieron en la puerta del periódico. Pero no se fueron luego. Se sentaron en la caja de una camioneta Cheyenne negra, último modelo, propiedad de uno de sus acompañantes.
Jesús Antonio comenzó a tocar con su acordeón las notas de algunas de las melodías y los corridos incluidos en su primer disco de nombre Pensando en ti, mientras que Mauricio Osuna le hacía segunda en la voz. Al parecer esperaban a otra persona, por eso trataban de pasar el tiempo haciendo lo que les gustaba.
De forma repentina se detuvo frente al grupo una camioneta Explorer roja. Desde su interior, un pistolero accionó un fusil de asalto AK-47, contra los integrantes del grupo.
Tres de los muchachos cayeron abatidos por las balas. Un tercero intentó correr hacia la puerta principal del diario, pero también fue acribillado.
"La balacera duró como dos minutos, fueron muchos los balazos y se calmó unos instantes, pero se volvió escuchar otra ráfaga", dijo un trabajador del periódico que estaba dentro del inmueble.
Las últimas balas alcanzaron a otro joven, que se había escondido e intentaba huir de los sicarios.
"Tres jóvenes más alcanzaron a huir corriendo, uno para el lado del callejón Corona y los otros dos rumbo al cuartel de Bomberos, pero luego regresaron y se llevaron algunos de los instrumentos", comento un testigo de los cuádruple asesinato.
Sí, confesó otro de los mirones, también regresaron por un teléfono celular que estaba entre las ropas de uno de los integrantes de Herederos de Sinaloa.
Algunos de los proyectiles, más de 100, alcanzaron la fachada del diario. La puerta principal, compuesta por dos cristales de gran tamaño, se hicieron añicos. Las balas llegaron hasta donde se hallan las computadoras de las cajeras de los anuncios clasificados. No había empleados en ese momento, ya que era la hora de comer.
Los reporteros, ubicados desde hace algunos meses en el primer piso, salieron a ver qué pasaba y hallaron muertos a los cuatro jóvenes y observaron huir a toda velocidad a los asesinos. En minutos, el sector fue rodeado por militares, elementos de la Unidad Modelo de Investigación Policial y ministeriales.
Toda la cuadra, frente al diario, fue cerrada, y se desvió la circulación del bulevar Gabriel Leyva en dirección de oriente a poniente. Los familiares llegaron también. Entre lágrimas y llanto confirmaban la muerte de los músicos.
"¡Manuelito mi amor, por qué, te dije que no salieras mi amor!", gritaba una joven al ver los restos de Argel Manuel, quien murió sujetando el acordeón que tocaba y que lo acompañó muchos años, incluso hasta los últimos instantes de su vida.
En algún momento la escena de crimen fue invadida por peatones. Alguien, con el teléfono móvil, reportaba emocionado: ¡Estoy aquí frente a El Sol, donde mataron a cuatro, nunca me había tocado algo así y tan cerca!
Al testigo no le importó llegar tarde a su trabajo con tal de no perder detalles de lo sucedido. "Después le digo a mi jefa lo que pasó, así no me dirá nada".
Sobre el pavimento quedaron los cuerpos de los músicos, también el acordeón, la camioneta Cheyenne y la Cherokee de los fallecidos.