"Estragos de una masacre"

"Además del dolor, familiares de víctimas sufren para pagar los gastos funerarios"
06/11/2015

    EL POTRERO DE LOS MEDINA, Badiraguato._ Doña María Alarcón no ha podido trabajar y abrir el negocio de paletas desde que mataron a su hijo Édgar Geovany y no sabe cómo va a cubrir los gastos que ha tenido.
    Doña Josefina Díaz, a sus 79 años, tampoco ha podido pagar el funeral de su hijo Irineo y ahora también tendrá que sumar el costo del sepelio de su hermana, quien se agravó y murió después de conocer el asesinato de su sobrino.
    Miguel Ángel Medina, otro de los que sufrieron el ataque de los militares en Santiago de los Caballeros y quien sobrevivió, tiene pesadillas y se despierta en las noches sudando frío y sintiendo que lo detienen y lo encierran. También siente la sangre caliente de sus amigos que lo salpicaron ese día.
    En general, los habitantes viven con miedo y pánico desde la masacre suscitada en Badiraguato, tierra en donde surgieron grandes capos de la droga como Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, "Don Neto".
    Ante ello, familiares de las víctimas y sobrevivientes pidieron a la Sedena una indemnización por la agresión cometida, y ayuda económica y médica al Gobierno del Estado.
    "No se nos hace justo eso que hicieron con mi hijo y con sus amigos porque ellos no eran gente de mal. Mi hijo siempre se dedicó a trabajar honradamente y desde hace poco abrió su negocio de paletas y de allí sacaba para mantenernos", dijo María Alarcón.
    Entrevistada en su casa mientras preparaba los adornos para el novenario de su hijo, doña María señala que desde que supo de la muerte de Édgar Geovany la paletería permanece cerrada y apenas con la ayuda de su familia y vecinos ha ido pagando los gastos del funeral.
    "Pedimos justicia y que el Ejército reconozca que se equivocó. Qué mató a puros inocentes que no llevaban armas", exige.
    El 26 de marzo, un grupo de militares abrió fuego contra una camioneta Hummer que circulaba sobre el camino que va al poblado de Guanajuato, en Santiago Los Caballeros.
    Durante el ataque perdieron la vida Édgar Geovany Araujo Alarcón, Héctor Zenón Medina López, Manuel Medina Araujo e Irineo Medina Díaz.
    En el atentado resultó herido Wilfrido Madrid Medina, de 21 años, estudiante de Contabilidad de la UAS, mientras que Miguel Ángel Medina resultó ileso.
    La Secretaría de la Defensa Nacional informó que en lo que calificó originalmente como incidente dos soldados murieron y dos más resultaron heridos, pero la Comisión Nacional de los Derechos Humanos estableció que los militares cayeron abatidos por las mismas balas que dispararon sus compañeros.
     
    Madre desamparada
    Josefina Díaz Medina, madre de Irineo Medina Díaz, "El Nayo", comentó que no ha podido pagar los gastos del entierro de su hijo por la pobreza en que vive. Por si fuera poco, un día antes del novenario de su hijo, perdió también a su hermana.
    "Su hermana ya estaba enferma, pero con la muerte de ´Nayo´ se puso más grave y se murió", cuenta Karla, una de las nietas de doña Josefina, quien sostiene a la anciana de 79 años, mientras caminan hacia donde velan los restos de su familiar.
    La adulta mayor vive en esta comunidad enclavada en la sierra, a donde se llega después de tres horas por un camino accidentado lleno de barrancos y cuestas que empiezan donde se levanta la Sierra Madre Occidental.
    Ella cuenta que su hijo "Nayo" trabajaba haciendo mandados a los vecinos y que de allí sacaba unos pesos para ayudarla y poder comer.
    Ahora, dicen sus familiares, no saben cómo le va a hacer doña María para sobrevivir en una humilde vivienda de esa población de 280 habitantes, cuyas casas se extienden a la orilla de un arroyo seco.
    "Pues ahi le vamos a ir ayudando en lo que se pueda. ´Nayo´ era el que la ayudaba y el ´gobierno´ debería ahora ayudarla, por lo que hicieron, porque mataron a pura gente inocente", afirma uno de sus vecinos.
     
    Temen nuevos ataques
    "Los militares sembraron la inseguridad y el temor en la sierra con la matanza que hicieron", afirma indignada María "N", que con un grupo de mujeres acude al novenario de "Nayo" y al sepelio de la hermana de doña Josefina.
    Algunas se mueven por el poblado en cuatrimotos por lo accidentado del camino.
    La joven asegura que los pobladores de las comunidades de esta parte de Badiraguato, temen que los soldados cometan nuevos ataques contra la población.
    Descarta que ellos vayan a tomar represalias contra los militares.
    "Antes cuando veíamos a los soldados, pues nos sentíamos más seguros de que no hubiera problemas, pero ahora desde que pasó lo de la matazón, nada más los vemos y tenemos miedo. Ya no es igual.Y más porque ya son varios casos los que pasan, como el de La Joya de los Martínez". 

     
    ´Tengo pesadillas´

    Miguel Ángel Medina revive por las noches los sangrientos momentos de la tragedia

    Miguel Ángel Medina alcanzó a escuchar cuando Zenón dijo: "Hey compas, viene un carro con las luces muy altas. Parecen ´guachos´"; y después vio los destellos de las armas cuando los militares empezaron a disparar contra la Hummer.
    Todavía alcanzó a ver cómo las balas derrumbaron a Zenón, quien soltó el volante y la camioneta se fue sin control.
    La sangre bañó a Miguel Ángel, quien iba sentado detrás del chofer. Después vio derrumbarse a Édgar Geovany, que iba de copiloto, y la sangre de éste también lo salpicó.
    "No supimos ni por qué nos dispararon. Nada más escuchaba los rafagazos. Después vi que le dieron a Manuel y después a ´Nayo´. Ellos iban sentados junto a mí, y del otro lado Wilfrido. Los cuatro íbamos en el asiento de atrás, pero nosotros a los lados".
    Con el olor de la pólvora quemada y manchado con la sangre de sus amigos, Miguel Ángel desesperado empezó a manotear y arañaba el cristal de la ventana para poder salir de la Hummer.
    "Los militares seguían disparando y como pude abrir la ventana y me salí de la camioneta, alcé las manos y empecé a gritarles ´no disparen. No traemos armas´. Pero siguieron disparando".
    Miguel Ángel cuenta que después un soldado le apuntó con el arma y lo jaló hacia el camino, donde lo tumbó boca abajo junto con Wilfrido, quien logró salir por la ventana con un rozón de bala en la cabeza y otro en el brazo.
    Añade que los dos fueron pateados por los militares para que no siguieran viendo la impactante escena de sus amigos masacrados.
    Dos semanas después, entrevistado en su comunidad, donde realizaban los preparativos del novenario de ´Nayo´, Miguel Ángel recuerda esa escena trágica en que murieron sus amigos.
    "Por las noches tengo pesadillas y me despierto. No sé, me siento como desesperado, como que me quieren atrapar y me encierran. Siento mucho miedo", cuenta el sobreviviente.
    El joven de 30 años voltea de un lado a otro. Con sus manos juega con el sombrero. De pronto los recuerdos se le van hasta aquellos momentos de la masacre. Se recuesta en la cuatrimoto donde está sentado y una y otra vez no deja de decir:
    "Se pasaron con uno. Uno no se mete con nadie. Uno es gente tranquila que nada más se dedica al trabajo. Aquí trabajo vendiendo combustible y cuidando vacas en el pueblo. Que uno dijera que anda mal y que por eso fue, pero no, uno no se mete con nadie".

    Periodismo ético, profesional y útil para ti.

    Suscríbete y ayudanos a seguir
    formando ciudadanos.


    Suscríbete
    Regístrate para leer nuestro artículo
    Esto nos ayuda a identificarte mejor al poder ofrecerte información y servicios justo a tus necesidades al recibir ayuda de nuestros anunciantes.


    ¡Regístrate gratis!