"‘Sancho, hoy hueles más que nunca a ti mismo’"
Ahora vivimos un año más de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha… pero también de Sancho Panza, originalmente apellidado “Zancas”.
Sin su aparición, humor involuntario y bonhomía, el personaje del Quijote no es la gran obra dilatada, divertida y contrastante que es.
Sancho Panza es un saco de refranes, que le salen del cuerpo a la menor provocación y están rebotando constantemente dentro de él.
El hombre es sencillo, a ratos ingenuo y en otras práctico. Recibe muchos azotes por culpa de Don Quijote, pero lo que más gana en estos viajes es diversión y educación. Hay un momento en que Alonso Quijano le corrige el uso de unas palabras y más adelante Sancho corrige a su propia esposa, Teresa Panza.
Para muchos, representa la molicie de la España entumida, atrapada entre la siesta y los goyescos comelitones.
Los personajes del Quijote se la pasan comiendo y eructando y cuando no se andan quejando de las bastantes hambres que enfrentan por los polvorientos caminos de esa España.
Es una región que a pesar de sus grandes hombres y colonias que la irrigaban de riquezas, permaneció atrasada en pleno Renacimiento, como si la Edad Media fuese una etapa cómoda.
No pocos cervantistas dicen que la historia bien podría suceder a mediados del Siglo 19, merced a que las condiciones rurales de España no habían cambiado mucho y la historia puede mandarse hacia atrás o adelante en el tiempo por varios siglos.
Sancho Panza es visto como esa gente sencillota que sólo cambia cuando toca a su vida una persona extraordinaria, ya que su sociedad y familia no le ofrecen muchos alicientes de romper las costumbres diarias y sus intereses creados.
El hombre es producto de su tiempo y circunstancia, dijo José Ortega y Gasset 300 años después de que Cervantes encarnara en Sancho la sociedad atrapada en su marasmo e inercia.
Incluso don Heriberto Frías, quien fuera soldado rebelde al Porfirismo y pasó sus últimos días en Mazatlán como precursor de la Revolución a través del periodismo, tuvo una etapa de mucha flojera espiritual que llamo en un libro Mazatlán o el triunfo de Sancho Panza.
Si usted va a leer la novela por primera vez, le recomiendo procurarse una buena edición; no necesariamente son las de pasta gruesa y letrotas gigantes, sino aquellas que tengan las suficientes notas al pie para entenderle algunas palabras y situaciones confusas.
No es que quiera acusar al lector de poco versado y asustarlo ante en el semejante ladrillo que representa enfrentar el libro: qué va, es una obra divertidísima y llena de humor, pero que podremos gozar la picardía y chispa de Cervantes si tomamos una edición comentada, las cuales no son escasas.
Yo la edición que tengo es una muy buena que compré en una desaparecida miscelánea frente al Parque Zaragoza.
Este es un divertido banquete literario cuyo humor y sabor no se han perdido en más de 400 años de haberse servido sobre la mesa. No cualquier platillo recibe el verdadero sabor añejo del tiempo sin perder su frescura.
Así que sumérjase en ese libro y evite que la acongoje “El síndrome de Sancho Panza”. La parte más subversiva de Cervantes es como de manera metafórica nos dice que es hora de hacerle caso a nuestros sueños más locos y dejar la zona de confort para salir a arremeter molinos de viento.