Abandono escolar: Entrar a la escuela no es suficiente

16/04/2026 04:02
    El desafío del sistema educativo en Sinaloa no está en incorporar estudiantes, sino en lograr que permanezcan. La trayectoria educativa se va debilitando conforme se avanza de nivel, hasta concentrar sus rupturas en la media superior.

    El abandono escolar puede entenderse, en términos simples, como la interrupción definitiva de la trayectoria educativa antes de concluir un nivel. Sin embargo, reducirlo a ese momento final sería quedarse solo con la parte visible del problema. En realidad, se trata de un proceso progresivo de desvinculación entre estudiantes y escuela, que se va construyendo a lo largo del tiempo hasta derivar en la salida del sistema educativo.

    Por ello, el abandono escolar no es únicamente un fenómeno educativo, sino un problema público. Implica la vulneración del derecho a la educación, limita oportunidades de desarrollo y tiende a concentrarse en contextos de mayor vulnerabilidad. Además, sus efectos trascienden el ámbito individual, ya que amplía brechas de desigualdad, incrementa riesgos como el trabajo infantil o la exposición a la violencia y genera costos acumulativos para la sociedad.

    En este contexto, desde Mexicanos Primero Sinaloa elaboramos la nota de análisis Abandono escolar: trayectorias que se rompen. La motivación de este documento surge en un momento particularmente complejo para la entidad, marcado por el recrudecimiento de la violencia en el último año y medio, con efectos directos e indirectos sobre la vida cotidiana y el funcionamiento regular de las escuelas.

    En este análisis, se puede encontrar que, en términos de acceso, Sinaloa muestra resultados favorables. En educación básica, la cobertura se mantiene en niveles altos y, en general, por encima del promedio nacional. En preescolar, por ejemplo, alcanza 72.3 por ciento, frente a 63.9 por ciento a nivel nacional. En primaria, la cobertura es de 98.6 por ciento; en secundaria se mantiene estable (94.8 por ciento) y también por encima del promedio del país (93.1 por ciento). Mientras que en educación media superior se sitúa en 87.4 por ciento, ubicando a la entidad entre los primeros lugares nacionales.

    El indicador de tasa neta de escolarización también muestra estabilidad: 71.7 por ciento en preescolar, 92.7 por ciento en primaria, 83.1 por ciento en secundaria y 74.4 por ciento en media superior, con desempeños cercanos o superiores al promedio nacional.

    A ello se suma el comportamiento del grado promedio de escolaridad, que en Sinaloa alcanza 10.7 años, por encima de la media nacional (10.2), lo que refleja avances sostenidos en la acumulación de años de estudio.

    En conjunto, estos indicadores muestran un sistema educativo que ha logrado expandir el acceso y mantener una presencia importante de estudiantes en la escuela. No obstante, esta fortaleza no se traduce automáticamente en trayectorias completas.

    El abandono escolar introduce un contraste significativo. En primaria, las tasas se mantienen cercanas a cero, aunque en el último ciclo escolar analizado aumentó 0.8 puntos porcentuales. En secundaria, el abandono se sitúa alrededor de 3.2 por ciento, con variaciones moderadas y un comportamiento que también refleja aumentos recientes.

    El punto de quiebre se encuentra en la educación media superior. En este nivel, el abandono alcanza 11.3 por ciento (2023-2024) con un promedio cercano a 11.4 por ciento en los últimos años. Esto implica que, de manera sistemática, más de uno de cada nueve estudiantes interrumpe su trayectoria.

    La lectura conjunta de estos datos indica que el desafío del sistema educativo en Sinaloa no está en incorporar estudiantes, sino en lograr que permanezcan. La trayectoria educativa se va debilitando conforme se avanza de nivel, hasta concentrar sus rupturas en la media superior.

    Entender este fenómeno exige ir más allá de explicaciones simplistas. El abandono no responde a una sola causa ni puede atribuirse únicamente a decisiones individuales. Es el resultado de procesos acumulativos donde convergen condiciones económicas, contextos de violencia, factores escolares y afectaciones socioemocionales.

    Este escenario también evidencia una brecha relevante entre el mandato normativo y la realidad. El derecho a la educación implica no sólo acceso, sino permanencia y conclusión. Sin embargo, los datos muestran que garantizar trayectorias completas sigue siendo un reto pendiente, especialmente en los niveles donde se concentran mayores riesgos.

    El desafío, entonces, no pasa únicamente por ampliar la cobertura -donde Sinaloa ha mostrado avances importantes-, sino por fortalecer la capacidad del sistema para sostener a los estudiantes en los momentos críticos de su trayectoria. Esto implica cambiar el enfoque de actuar de forma reactiva cuando el abandono ya ocurrió y avanzar hacia estrategias preventivas que permitan identificar riesgos desde etapas tempranas. Ausencias reiteradas, bajo desempeño, extraedad o cambios frecuentes de escuela no son hechos aislados, sino señales que, si se atienden oportunamente, pueden evitar la ruptura definitiva.

    No obstante, la atención de este problema debe ir más allá del ámbito educativo. La permanencia escolar está profundamente vinculada con condiciones sociales más amplias: seguridad, ingresos familiares, salud emocional y entornos comunitarios y escolares seguros.

    Al final, cada interrupción no es solo un dato, sino una trayectoria que se rompe, una oportunidad que se pierde y una responsabilidad que no logró sostenerse. La diferencia entre un sistema que incorpora estudiantes y uno que garantiza trayectorias completas no es menor; en ella se define el alcance real del derecho a aprender. Y en contextos como el que hoy vive Sinaloa, donde la violencia ha alterado la vida cotidiana y el funcionamiento de las escuelas, este reto adquiere una urgencia mayor, pues no se trata únicamente de recuperar lo perdido, sino de evitar nuevas rupturas.

    El autor es investigador de Mexicanos Primero Sinaloa.