Antonio, Gael y Alexander: que la indignación nos una
Era la una de la mañana del domingo 19 de enero en Culiacán. Antonio Sarmiento iba con sus tres hijos menores de edad, Adolfo de 17; Gael, de 12 y Alexander, de 9 años. Los cuatro viajaban en un automóvil Toyota Yaris de color gris en el sector Los Ángeles, por la carretera que conduce de Culiacán a Imala.
No se sabe exactamente cómo, pero fueron atacados a balazos. Según la Vocera de la Secretaría de Seguridad Pública, Verona Hernández, el mismo Antonio relató a los agentes de policía que se topó con gente armada y pensó que intentarían despojarlos del vehículo, huyó, fueron perseguidos y les dispararon. El carro quedó con las puertas abiertas frente al nuevo Hospital General.
Antonio murió unos momentos después ahí mismo, a unos metros del carro. Tenía 40 años y trabajaba en una notaría. Sus clientes lo recuerdan como alguien trabajador y diligente.

Los menores fueron trasladados a diferentes hospitales para ser atendidos pero las heridas de dos de ellos eran de gravedad, según informó la Secretaría de Salud. Gael murió unas horas después y Alexander, el más chico, falleció también la noche del martes pasado.
Adolfo, ya adolescente, está herido en tórax y abdomen, fue intervenido en el ISSSTE y se encuentra estable. Es el único sobreviviente de uno de los episodios más lamentables que esta ola de violencia ha dejado en el imaginario colectivo de Sinaloa.
En redes sociales las fotos de Antonio y sus hijos se han vuelto virales. En la Secundaria Jesusita Neda lamentaron el fallecimiento de Gael Antonio, mientras que en la primaria Sócrates del pequeño Alexander se organiza una marcha para exigir justicia y protestar por su asesinato y el de su hermano.
La cita es a las 8.30 de la mañana de este jueves 23 de enero, ahí en la primaria, para luego partir a la Avenida Álvaro Obregón, la más importante de la capital de Sinaloa.
La guerra entre los Guzmán y los Zambada y que las autoridades no han podido contener le ha dejado 749 homicidios y casi 900 privaciones de la libertad a Sinaloa. Además de un profundo impacto económico y social.
Culiacán, donde se concentra la mayor parte de las violencias detonadas por esta disputa, lleva más de cuatro meses sumida en la zozobra y el miedo.
El Gobierno insiste en que la situación está “contenida” pero hechos inefables como el asesinato de un padre y sus dos hijos, nos recuerdan que la guerra sigue ahí y que aún cuando no tengas nada que ver con ninguna de las facciones en disputa, no hay ninguna garantía de que no estás en riesgo.
Antonio, Gael y Alexander perdieron la vida de la manera más absurda, que la indignación nos alcance para exigir que haya justicia por su asesinato y, sobre todo, para que sean el germen de unión necesario para que una tragedia así no se repita. Nunca más.