La gente del puerto mazatleco decimos que en estos lares el tiempo se mide por carnavales, y sí, es la realización de una expectativa anual, la que no siempre se cumple con éxito. Afortunadamente la versión 2026 resultó triunfante, sobre todo en los desfiles, que son los máximos eventos de las fiestas carnestolendas; y me refiero a ellos en virtud de que son los de mayor costo-beneficio dada la multitud que los aprecia de forma gratuita. Sin lugar a dudas, se alinearon los astros en Cultura, la dependencia organizadora y operadora de los festejos, al reunirse gente de muchísimo talento artístico.
En fin, terminada la fiesta vienen otras tradiciones, como los sabrosos viernes de Cuaresma, con su capirotada y torrejas y, en lo masivos, ya se anuncian eventos públicos, los cuales en mayor o menor vida le dan oxígeno a la economía local, la cual no pasa por sus mejores momentos, o si ustedes quieren, no tanto como lo aprecian, por cosa política las autoridades municipales o estatales, cuyas valoraciones sobre resultados rayan en lo ridículo.
Justamente este día 22 de febrero, día que en el santoral católico se recuerda a San Maximiano de Ravena, quien combatió la herejía, se celebrará una reunión que bien puede verse como una apostasía ante los ojos del conservadurismo social a ultranza. Me refiero a la Convivencia Therian convocada por personas alineada en ese movimiento.
Confieso que no estaba enterado acerca de dicho fenómeno social y me encuentro que en él se agrupan personas que se sienten íntimamente identificados con algún animal no humano, sin perder plena conciencia de su naturaleza. Por ejemplo, gente que siente dentro de su ser una liga especial con los perros, de tal suerte, que en momentos circunstanciales se disfraza como tal y que puede llegar al extremo de caminar en cuatro patas y hasta emitir ladridos, pero sin perder la conciencia de que es humano.
Este tipo de manifestaciones no son nuevas y así lo demuestran los descubrimientos arqueológicos egipcios, en cuya cultura, muchos de sus dioses se representaban con figuras humanas con cabezas de animales, entre las cuales podemos citar a Anubis, dios de la muerte, simbolizada por un cuerpo humano con cabeza de perro o la diosa Bastet guardiana de los hogares, encarnada con cuerpo de mujer y testa de gato.
Como se ve, no hay nada nuevo bajo el sol y ante este tema de los therians, no nos queda más que guardarles respeto y tratar de entenderlos, recordando que cada quien hace de su vida y de su “dese” un papalote.
Los therians no necesariamente son gente afectada por trastornos mentales, sino personas que procuran una identidad grupal, tal vez cansadas o insatisfechas de las relaciones tradicionales de grupo. El asunto escala el nivel de alarma cuando las personas pierden su identidad humana y aseguran que son animales no humanos.
El movimiento therians es todo un reto para la guarda de respeto al prójimo; raro, sí, pero igual a la diversidad de géneros que se dan en el tema sexual en el cual se habla, hasta ahora, de 37 géneros; viva pues la libertad de expresión y que cada quién se manifieste como desee, respetando a los demás ¡Buenos días!