En la década de 1990 el Cártel de Juárez era la organización criminal más poderosa de México gracias a la innovación de Amado Carrillo Fuentes de enviar cocaína a Estados Unidos a través de aviones, pero la muerte del capo en 1997 dio paso al declive paulatino de esta organización, que estuvo al borde de la extinción entre 2014 y 2019.
A la muerte de Amado Carrillo tomó el control del Cártel de Juárez su hermano Vicente, que no tenía las habilidades de liderazgo de Amado, de forma que el negocio dejó de crecer, otras organizaciones aprovecharon los vacíos y varios líderes regionales optaron por irse.
El proceso de debilitamiento del Cártel de Juárez fue lento pero constante; primero perdió influencia en Sonora, después en Coahuila y luego en Durango, pero hasta 2007 tenían un férreo control en Chihuahua y los otros cárteles pagaban derecho de paso al traficar droga por su territorio.
Pero en 2007 Joaquín “El Chapo” Guzmán tomó la decisión de romper las buenas relaciones que había entre el Cártel de Sinaloa y el de Juárez, por lo que encomendó a las familias Salazar, Salgueiro y Núñez la tarea de conformar un aparato sicarial conocido como Gente Nueva para arrebatarle al Cártel de Juárez su plaza principal.
Para hacer frente a la embestida del Cártel de Sinaloa, Vicente Carrillo le encomendó a José Antonio Acosta Hernández, “El Diego”, el armado de su propia estructura sicarial que recibió el nombre de la Línea y que se nutrió de exagentes de policía de varios municipios de Chihuahua.
Además, convencieron a una pandilla de El Paso, Texas, llamada Barrio Azteca, de trabajar para ellos casi como mercenarios y a cambio esta recibió droga barata para vender en Estados Unidos.
Con el tiempo la Línea ganó tanta influencia en el interior del Cártel de Juárez que fue ocupando los espacios que dejaban los líderes tradicionales de la organización, ya sea porque eran arrestados o por resultar abatidos en enfrentamientos con el Cártel de Sinaloa o las autoridades.
Lo cierto es que la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el de Juárez hizo de Ciudad Juárez la más peligrosa del país y a Chihuahua, la entidad más violenta de México entre 2008 y 2011, ya que las hostilidades se extendieron por todo el estado.
El Cártel de Sinaloa fue arrebatando territorios al de Juárez de forma paulatina, primero en el sur de la entidad, en las colindancias con Durango y Sinaloa, luego se hizo del control de Chihuahua capital y sus alrededores, después vino Ojinaga y al final la presión se concentró en Ciudad Juárez, en donde lograron el control de la mayor parte en 2012.
Para 2013 la situación del Cártel de Juárez era complicada al grado de que su territorio se había reducido a cinco municipios al norte de la entidad, los cuales ni siquiera controlaban en su totalidad, Ciudad Juárez, Guadalupe, Praxedis G. Guerrero, Ascensión y Ahumada, además algunos de sus líderes dejaron Ciudad Juárez.
Ello se agravó cuando en 2014, Vicente Carrillo Fuentes fue arrestado en Torreón, Coahuila, en donde se escondía, lo que generó un vacío de poder en la organización, cuyo liderazgo primero fue ocupado por Jesús Salas Aguayo, “El Chuyín”, pero al ser arrestado en 2015, la Línea se hizo del control del Cártel de Juárez, quedando al frente de la organización Juan Pablo Ledezma, “El JL”.
La Línea resistió en una situación crítica entre 2014 y 2019, y para sobrevivir tejió alianzas, primero con los Zetas, los Beltrán Leyva y posteriormente con el Cártel Jalisco Nueva Generación; sin embargo, le ayudó las disputas criminales en otros lugares, que provocaron que el Cártel de Sinaloa moviera efectivos, así como las riñas internas de las células del Cártel de Sinaloa en Chihuahua.
Por ello, de forma paulatina a partir de 2019 comenzó a recuperar terreno en tres frentes, el primero de ellos la frontera con Sonora, al grado que logró presencia en varios municipios de la entidad, no es casual que el temor a la incursión de la Línea haya provocado el asesinato de varios miembros de la familia Le Barón, por parte de los Salazar.
El segundo frente fue la capital Chihuahua y sus alrededores, en donde acabó con la posición predominante del Cártel de Sinaloa, y el tercero fue de Ojinaga hasta el sur, logrando recuperar zonas que por muchos años controló el cártel rival.
Este proceso de recuperación tuvo un nuevo impulso en 2024, cuando el Cártel de Sinaloa se partió en dos bandos, los Chapitos y la Mayiza, además de que los Salazar se declararon independientes, lo cual fragmentó la fuerza del Cártel de Sinaloa en Chihuahua y le permitió a la Línea volver a ser la fuerza dominante en la entidad.
Hoy la Línea tiene presencia en 45 de los 67 municipios de Chihuahua, así como en siete de Sonora, y de ser una organización al borde de la extinción se ha fortalecido al grado de volver a ser un jugador relevante al menos en Chihuahua, donde manda en Ciudad Juárez, Chihuahua capital y la parte del sur que abarca Delicias y Camargo.
Sin embargo, no está recibiendo la suficiente atención por parte de las autoridades mexicanas y estadounidenses, que han concentrado sus esfuerzos en otras organizaciones criminales que tienen presencia en un mayor número de estados.
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El autor es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE.