En los últimos días hemos escuchado, tanto de la Presidenta Claudia Sheinbaum como del ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, versiones sobre lo que ellos creen que busca el líder estadounidense.
De acuerdo con Sheinbaum, sectores de la ultraderecha en Estados Unidos buscan utilizar a México como un tema que ciertos sectores del movimiento MAGA pueden aprovechar para que los candidatos de Trump al Congreso obtengan mayorías tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Este argumento parece caerse por su propio peso si examinamos bien la cuestión.
En primer lugar, México no se encuentra entre los primeros lugares de interés de los electores en Estados Unidos. Temas económicos, como la inflación, crecimiento, aranceles dominan la agenda, al igual que las guerras en curso como la de Irán.
Aunque el tema de la migración figura en el interés de los ciudadanos de nuestro vecino del norte, ellos no lo conectan necesariamente con las tribulaciones del oficialismo mexicano.
La explicación de la Presidenta toma sólo en cuenta la política de corto plazo. No parece tener idea de las causas geopolíticas profundas detrás del comportamiento de la administración Trump en México.
Para entenderla habría que referirse a lo establecido en la estrategia de seguridad nacional publicada a fines del año pasado.
Queda expresado claramente que, ante el hecho de que China tiene más del 60 por ciento del control de los minerales críticos necesarios para poner en movimiento a la cuarta revolución industrial, Washington decidió que el Hemisferio Occidental, sobre todo la zona que va de Groenlandia a la parte norte de la Selva del Amazonas, se debería convertir en una zona de explotación de recursos geoeconómicos.
En este esquema, México, desde luego, desempeñaría un papel para el interés de Estados Unidos. El hecho de que se hable de que Estados Unidos está contemplando incluir en las negociaciones del T-MEC cuestiones energéticas debe forzar al oficialismo a conectar los puntos. La pregunta que hay que hacernos en este contexto: ¿Cómo se va a defender el interés nacional frente a los planes hemisféricos de Estados Unidos? Todavía no hemos escuchado un planteamiento en este sentido por parte de la Presidenta.
Por otro lado, en su misiva pública, el ex Presidente López Obrador trató de distinguir entre el Trump 1.0 y el Trump 2.0. al tiempo que llama a que Trump regrese a ser lo que era en su primer periodo. Sobre esto hay que decir que el ex Presidente mexicano tiene razón, pero por las razones equivocadas. López Obrador parece anhelar la época en que Trump no se metía en los asuntos de México en lo que respecta, por ejemplo, al narcotráfico. Esto no es exactamente cierto y todos sabemos de los desencuentros que tuvo su administración con diversas agencias de inteligencia y seguridad de Estados Unidos. Lo que no toman en cuenta, ni Sheinbaum ni López Obrador, es el efecto que tuvo el reconocimiento de Washington de que China les lleva ventaja en la infraestructura física de la economía del futuro.
Mientras el Gobierno no haga una meditación a profundidad de la nueva geopolítica mundial y de cómo México se integrará a la nueva forma de crear riqueza no se podrá llevar al País a un nuevo estadio de desarrollo.
–
El autor es abogado y Diputado federal.