Como cónsul general de México en París nombrado por el Presidente Lázaro Cárdenas en 1939, el diplomático Gilberto Bosques traslada el Consulado a Marsella cuando la capital va a ser tomada por los alemanes. Ahí, recibe instrucciones de la Cancillería mexicana para que, por instrucciones del Presidente, tramite visas para los ciudadanos españoles que escapaban del régimen de Francisco Franco.
Bosques alquila dos castillos para convertirlos en centros de asilo mientras se arreglaba su salida hacia México. En estos sitios fueron alojados 850 perseguidos políticos y 500 niños y mujeres. A los exiliados, el Gobierno mexicano les ofreció la nacionalidad mexicana de inmediato en caso de que quisieran adoptarla.
El cónsul amplió su apoyo a los refugiados antinazis y antifascistas. Tramitó visas mexicanas, en especial a personas vinculadas con partidos comunistas y de izquierda, que estaban en la mira del fascismo. Las autoridades francesas permitieron estas actividades al considerar que se estaban librando de personajes conflictivos.
Bosques, en el marco del rechazo de los integrantes de la comunidad judía, por parte de las autoridades mexicanas, concedió 400 visas para que pudieran venir a México. Nuestro País rompió relaciones diplomáticas con el Gobierno de Vichy. Poco después, el Consulado fue ocupado por la Gestapo, que intervino la oficina. El cónsul y el personal fueron declarados prisioneros de guerra por los alemanes.
Después de poco más de un año, los prisioneros mexicanos fueron canjeados por prisioneros alemanes en un acuerdo con el Presidente Manuel Ávila Camacho. En 1944, Bosques regresa México, y es recibido por miles de refugiados españoles y judíos que lo esperaban en la estación de ferrocarril Buenavista en la Ciudad de México.
Al fin de la Segunda Guerra Mundial, Bosques fue designado Embajador de México en Portugal, Finlandia, Suecia y, de 1953 a 1964 en Cuba. Los primeros cinco años durante el gobierno del dictador Fulgencio Batista y los siguientes seis años, a petición del Presidente Adolfo López Mateos, ya en el gobierno que surge del triunfo de la Revolución del Movimiento 26 de julio que encabeza Fidel Castro Ruz.
Este último período, de 11 años, es el que desarrolla con amplitud el Embajador Miguel Díaz Reynoso en su documental “Gilberto Bosques en Cuba”.
En el trabajo de investigación revisó el material del Archivo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Y entrevista, entre otras personas, al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y a los comandantes de la Revolución Cubana, Ramiro Valdés Menéndez y Enio Leyva Fuentes.
El Embajador Díaz Reynoso fue agregado cultural de la Embajada de Cuba por cinco años, y desde 2019 es el Embajador de México, tiene un conocimiento profundo de la historia, la cultura y la política cubana, y mantiene una relación amplia e intensa con muchos altos funcionarios del Gobierno de Cuba. Nadie como él para abordar la historia de Bosques.
En el documental nos deja ver la figura de Bosques como un diplomático que hizo de este oficio una herramienta ética y profundamente humana. En un mundo marcado por guerras e ideologías enfrentadas, su labor humanitaria y su firme compromiso con los valores de libertad, justicia y solidaridad, lo convirtieron en una de las figuras más destacadas del servicio exterior mexicano, a lo largo de toda su historia.
Y muestra cómo Gilberto Bosques Saldívar concibió la diplomacia como un acto de responsabilidad ética y compromiso humano. Frente a presiones políticas y tensiones globales, defendió la soberanía, la cultura y la dignidad de los pueblos, fortaleciendo la amistad entre México y Cuba mediante una diplomacia basada en el respeto y el diálogo, en tiempos en que el mundo parecía dividido en bandos irreconciliables. Su legado en Cuba reafirmó la imagen de México como una nación solidaria y respetuosa.
Título original: Cuadernos de La Habana. Gilberto Bosques en Cuba
Producción: México-UNAM, 2025
Dirección: Miguel Díaz Reynoso
Guión: Miguel Díaz Reynoso
Fotografía: Eduardo Rodríguez Torreblanca
Con: Personajes reales