Grupos políticos de la 4T en Sinaloa
Imeldistas, rochistas y dominguistas
Conforme avanza el proceso electoral a la fecha culminante que es la votación del 6 de junio de 2027, la incógnita que se sitúa en la conversación pública en Sinaloa tiene que ver con la inclusión o descarte de los grupos políticos que se mueven en torno a candidaturas o posibles alianzas, enigma que orbita alrededor de la eventual decisión de que el Movimiento Regeneración Nacional postule a Imelda Castro a la Gubernatura. Al ir más adelantado que en otros partidos el “destape” en la Cuarta Transformación, la comentocracia trata de adivinar el movimiento de piezas en el ajedrez de la oriunda del Municipio de Sinaloa.
Es que las victorias que da o quita el voto popular están intrínsecamente ligadas a pactos o rupturas que ocurran en los war rooms de las campañas, fase que presentará definiciones conforme se acerquen las etapas cruciales del calendario comicial que son la precampaña de 4 de enero al 12 de febrero y la campaña del 4 de abril al 2 de junio. Allí sí, fuera máscaras en materia de adhesiones o rupturas.
Creer que han sido dinamitados los puentes que conectan a una corriente política de otra en Morena constituye exceso de candidez. La histórica simplicidad de las contiendas electorales procede a armar discordias cuando éstas se necesitan y resanar las fracturas con el cemento de las ambiciones personalísimas o de grupos, como comportamiento dual en todos los partidos. Partidocracia y candidatocracia resultan ser muy creativas al traspasar el umbral de las rencillas propias y las ajenas.
Tal praxis del poder político es la que ocasiona que, debido a la coyuntura actual en Sinaloa derivada de que Estados Unidos detonó hace seis meses por la vía mediática el tema de la narcopolítica, como parte de la campaña de Donald Trump para ganar las elecciones intermedias del 3 de noviembre próximo, la atención esté centrada en los logros y menoscabos que pudiera obtener el rochismo, ente de poder que preside el Gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya.
El partido en el gobierno en Sinaloa, que es Morena, está integrado por dos grandes bloques: uno que encabeza Imelda Castro desde el momento de ser ungida como coordinadora estatal de la transformación y defensa de la soberanía, y otro leal a Rubén Rocha Moya con capacidad todavía de importante operación política, social y económica. De ambos aparatos políticos emanan equipos y segmentos que participan activamente en el futurismo electoral.
Si acaso existiera una tercera formación sería la que encabezan la actual Gobernadora interina, Graciela Domínguez Nava, y el experimentado político Feliciano Castro Meléndrez, que andan en labor de reagrupamiento de fuerzas, pero sin señales de a qué lado las alinearán. Es visible la empatía y coordinación que existe entre la precandidata a Gobernadora y la Mandataria en funciones, sin embargo, hay sopas que se caen en el trayecto del plato a la boca.
Ni Imelda Castro ni Graciela Domínguez dan por liquidado al rochismo. Tampoco es creíble el camaleonismo que exhiben algunos de los aspirantes a alcaldes y diputaciones federales y estatales que proceden a fingir distancia del liderazgo que ejerce el de Batequitas, como estrategia para pasar las aduanas que las circunstancias, también simuladas, imponen. Así es esto, aunque nadie debería vivir la encrucijada del gatopardismo para mantener a salvo sus derechos políticos.
Hay rochistas que mantienen vigente el capital político que construyeron al gobernar como es el caso del Alcalde de Culiacán con licencia, Juan de Dios Gámez Mendívil. Quien lo ponga en tela de juicio asómese a las colonias populares y comunidades rurales donde el sentimiento social va en sentido contrario de las hogueras encendidas desde la Casa Blanca con la mediación de pirómanos que en lo estatal y nacional le prestan sus servicios a Trump de manera deliberada y repetitiva.
En síntesis, el ciudadano común y corriente aprendió a esquivar las noticias que al no ser verificadas por las audiencias se convierten en carnadas que finalmente muerden quienes lanzan los anzuelos. Quien sea puede apostarle sin posibilidad de perder que imeldistas, dominguistas y rochistas acabarán monolíticamente unidos en la encomienda de ganar la votación constitucional dentro de 227 días. A los morenistas, igual que a panistas y priistas se les da bien eso de autoflagelarse sin causarse daño.
La ciudadanía resuelve,
Que en los caudales del poder,
Lo que la corriente revuelve,
En agua limpia suele volver.
No cabe duda que Merary Villegas Sánchez entró con el pie izquierdo a la “tómbola” cuatroteísta de la cual saldrá la candidata o el candidato a la Presidencia Municipal de Culiacán. Le faltó bastante el tacto humanista al encontrar la Concha Acústica del Parque Revolución de Culiacán ocupada por niñas que harían una demostración de danza y aun así decidió utilizar sus dotes políticas para desplazarlas en vez de ella mover su asamblea informativa a otro lado. Tantos años en la política y le falló la malicia partidista que la hiciera aplicar el razonamiento de “por el bien de todos, primero los niños”. Pero hay que precisar que el hecho se trata de un incidente anecdótico y no de desastre político como se pretende manipular.