Mi primer contacto con el nombre Elmer fue en los cuentos de Bugs Bunny. Se trata de un cazador desafortunado que, además hace gala de cascarrabias y, por si fuera poco, padece fuertes problemas de lenguaje, pues es notablemente tartamudo. Al hacer muchos corajes cuando lo burla el conejo, se le apoda “Gruñón”, como si fuera su apellido.
La primera persona que conocí con ese nombre se encuentra en las antípodas de esas características: el escritor Elmer Mendoza, quien fue recientemente reconocido en un emotivo homenaje por su trayectoria académica y literaria que le brindó el Ayuntamiento de Culiacán, en el marco de la primera Feria Internacional del Libro de Culiacán.
Con la sencillez que lo reviste, dedicó un significativo mensaje de agradecimiento a las autoridades y público presente. De manera especial, dedicó un momento para rememorar que fue maestro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAS, de la mamá del Alcalde, Juan de Dios Gámez Mendívil.
Destacó la humildad de sus orígenes, el esfuerzo realizado para conseguir salir adelante y el hecho de que jamás ha perdido el piso: “Trabajar es lo que he hecho y he tenido cosas lindas. Me han dicho que les da gusto que alguien de la raza sea reconocido. El tener la conciencia de lo que somos en el barrio, que no podemos echar a perder ninguna oportunidad para crecer; eso fue lo que yo hice y me gusta ser ejemplo para mi gente, para la raza, que uno puede llegar lejos”.
Rubricó: “Soy un hombre que apuesta por la academia; prepararse y trabajar, ésa es la clave... el trabajo es la parte real de lo que uno puede conseguir. Y ése es un hábito que yo tengo: trabajar todos los días”.
¿Soy humilde y trabajador?