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Abramson, Seligman y Teasdale (1978) revisaron la teoría original e incluyeron el estilo atribucional como factor determinante en la aparición de la indefensión aprendida puesto que el sujeto elabora una atribución sobre la pérdida de control.
Encontraron tres factores que tienen efecto sobre la atribución:
- Locus de control: la causa es interna o externa.
- Estabilidad: la causa es continuada y mantenida en el tiempo o por el contrario es inestable, no siempre está presente.
- Especificidad: si la causa afecta a una situación o afecta a muchas de las situaciones a las que nos enfrentamos.
Al combinar estos tres factores, se ha comprobado que las personas que interpretan los malos sucesos en función de causas internas, estables y generales serán más susceptibles a padecer indefensión aprendida. Específicamente, el locus de control interno predice baja autoestima y autoeficacia, síntomas base en las personas que sufren este estado. En conclusión, el estilo atribucional puede considerarse un factor de riesgo para la adquisición de la indefensión aprendida.
Hay algunos déficit asociados al síndrome de la indefensión aprendida que nos pueden ayudar a detectar cuando se está padeciendo. Estos son:
- Déficit motivacional: Inactividad o retraso en la aparición de nuevas respuestas, la persona no va a emitir una respuesta si no percibe que va a conseguir un resultado positivo. De esta forma la conducta se convierte en inútil “para qué voy a hacer esto, si no sirve de nada realizarlo”.
- Déficit cognitivo: Retraso o interferencia en el aprendizaje de nuevas tareas de éxito. Es decir, aunque la nueva situación pueda ser afrontada, el individuo indefenso no es capaz de verlo y lo que podría ser un aprendizaje de éxito se convierte en un fracaso.
- Déficit emocional: estado de ansiedad, miedo y depresión. Puede presentar afecto deprimido, que suele estar determinado por las expectativas de que malas o desfavorables consecuencias ocurrirán.
Hay gran variedad de síntomas que puede provocar la indefensión aprendida, dependerá de la persona, el tiempo que ha transcurrido y el entorno.
Los principales síntomas observados son:
- Depresión
- Inhibición conductual y pasividad
- Falta de motivación y desistimiento
- Expectativas negativas
- Sistema atribucional negativo
- Baja autoestima
- Ansiedad
- Aislamiento
- Miedos recurrentes ante acontecimientos negativos incontrolables
Son muchos los ejemplos en nuestra sociedad que evidencian la presencia y necesidad de intervención sobre este fenómeno como la violencia familiar, el bullying o el mobbing. La persona es incapaz de ver las soluciones, reafirmarse en sus capacidades (autoeficacia) y autoestima. La indefensión aprendida, se trata de un estado que no es innato, por lo tanto, podemos modificarlo o desaprenderlo.
Para lograr salir de la indefensión es fundamental el aprendizaje de comportamientos alternativos, reflejo de experiencias similares resueltas asociadas a expectativas y experiencias positivas. La persona que lo sufre debe entender que para superar las situaciones adversas el cambio debe proceder de sí misma. También es importante el aprendizaje por parte del paciente de su capacidad de control e influencia sobre diferentes situaciones del entorno.