Jauja de robacarros, horror de víctimas
Más que el automóvil, es la impunidad

OBSERVATORIO
    sicairos6204@gmail.com
    La confianza de los malhechores en la casi segura inacción de la fuerza pública y la justicia llega a tal grado que ni siquiera buscan los puntos ciegos de la videovigilancia al ejecutar los robos de automotores ni esperan a que la escena del crimen esté libre de niños, actuando alevosamente como si la certeza de la nulidad de la ley los acompañara siempre. Colocando pistolas o rifles en las sienes de las víctimas convierten la condición humana en materia insignificante, elástica, moldeable a las pretensiones hamponiles.

    Quien sabe qué le informan al Gobernador Rubén Rocha Moya los mandos en seguridad pública, trátese de civiles o militares, pero la calle reporta el crecimiento en Sinaloa del delito de robo de automóviles con el repunte también de la violencia utilizada en los despojos. Los 10 vehículos promedio quitados cada día, en su mayoría con uso de armas de fuego, dejan rastros y aportan tantas evidencias que literalmente los delincuentes posan frente a dispositivos de videovigilancia e incurren en la cobardía de cometer sus fechorías hasta teniendo a niños como testigos.

    Así, a la vista de quien sea, de cámaras de vigilancia o de transeúntes petrificados por el miedo, los delincuentes se mueven a sus anchas con rifles y pistolas como artilugio intimidante para despojar de sus carros a particulares en esos instantes en los cuales la pérdida material se torna insignificante frente a la gran prioridad de salvar la vida. Ahí están los videos que certifican la entelequia donde el Gobierno le dice a la gente que está segura y a la vez los maleantes convierten a los ciudadanos en sus rehenes.

    Nadie puede ir tranquilo por la vía pública sabiendo que en cualquier alto de semáforo o parada obligada en la rutina diaria acechan sujetos armados que con total tiempo y vacío de ley a su favor perpetran ilícitos que dispersan la sensación de inseguridad. Las estadísticas oficiales refrendan lo que la conversación pública referencia: de enero a noviembre de 2023 fueron robados 3 mil 271 unidades, destacándose la gran aportación a este índice en el mes de enero, con 871 casos, debido a que el día 5 ocurrió el suceso violento de alto impacto referenciado como el “Culiacanazo 2.0”.

    A pesar de que del año en curso se maneja el registro de apenas 10 meses, ya presenta una tendencia a la alza que se acentuará al terminar 2023, tomando como referencia que en 2022, a pesar de estar exento de evento de violencia de gran repercusión, la incidencia fue de 3 mil 258 autos robados, nueve cada día. Y si se mide por cada 100 mil habitantes, en 2022 reportó 109.8 afectaciones de este tipo al patrimonio familiar, número que apunta a ser mayor en 2023.

    Porque se trata de máquinas las sustraídas, es exagerado plantear que la embestida de los robacarros es el talón de Aquiles de la seguridad pública en Sinaloa, aunque sí aporta elementos para medir cómo están los niveles de paz sin desagregar el problema del resto de los medidores de la violencia. Resulta tan inexacto decir que reina el crimen por la acción de los robacarros como es equivocado el apartar este tipo de ilícitos para sustentar la idea de que vivimos en un entorno pacífico.

    Además, el añadido de la impunidad pone a temblar a quien sea. Ésta tiene que ver con la alta posibilidad de que no será detenido y castigado el criminal que le apunta con arma de fuego a una persona, independientemente de que enseguida haya la recuperación del bien material que según la Fiscalía General del Estado anda alrededor del 11 por ciento y los datos de las compañías aseguradoras calculan que es del 25 por ciento.

    La confianza de los malhechores en la casi segura inacción de la fuerza pública y la justicia llega a tal grado que ni siquiera buscan los puntos ciegos de la videovigilancia al ejecutar los robos de automotores ni esperan a que la escena del crimen esté libre de niños, actuando alevosamente como si la certeza de la nulidad de la ley los acompañara siempre. Colocando pistolas o rifles en las sienes de las víctimas convierten la condición humana en materia insignificante, elástica, moldeable a las pretensiones hamponiles.

    Abruman las estampas de la arbitrariedad. La familia que acude a la guardería a recoger al niño y allí, sin pizca de sentido común, los delincuentes capitalizan la vulnerabilidad para encañonarla y robarle el automóvil. La joven que asiste a la plaza comercial y sufre igual despojo con violencia en ese ambiente supuestamente controlado con seguridad privada. O los dos despojos mediando armas de fuego reportados ayer jueves en Culiacán, uno en la Colonia 10 de Mayo y otro en el sector 21 de marzo.

    Contar con las condiciones adecuadas para vivir en permanente tranquilidad es el clamor más legítimo de los sinaloenses. A la gente no la sosiegan las estadísticas a la baja ni el manoteo de datos según convenga a cada autoridad o institución. Tampoco a la familia en pobreza que apenas malcome le importan los robos de carros, ni a los asalariados les incumbe que sin importar el lugar, hora y estilo asalten a alguien para quitarle el auto de lujo que acaba de comprar. Y así, sucesivamente, cada quien habla según con qué rostro de la violencia se topa.

    Pero a los gobiernos federal, estatal y municipales les deben preocupar y ocupar los delitos que ocurren en cualquiera de sus modos, sean de menor o mayor incidencia, afecten a los de mucho o nada poder adquisitivo, perturben a uno o más de cada 100 mil habitantes. De hecho, toda infracción a la ley o alteración del orden, por insignificante que la consideren, es germen de inestabilidad. Y los robacarros, con toda la magnitud de sus peligros, andan aquí como si nada.

    Reverso

    No es igual a los catarros,

    Que siempre con el tiempo se curan;

    Es el mal de los robacarros,

    Que con la impunidad perduran.

    Rocha frente a las masas

    Vuelven con Rubén Rocha Moya las versiones populares de los informes de gobierno, fiesta incluida, como aquellas que trascienden la rendición de cuentas protocolaria ante el Poder Legislativo y le apuestan al cara a cara de la política y el pueblo. El anterior Gobernador, Quirino Ordaz Coppel, los hacía en el palenque de las instalaciones de la Feria Ganadera con la presencia de altas personalidades del servicio público y líderes de sectores, tanto nacionales como estatales; el actual Mandatario estatal lo hará mañana sábado a las 4 de la tarde en la explanada de Palacio de Gobierno de Culiacán con el lema “Dos años transformando Sinaloa”.

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