La expresión “crisis de la masculinidad” ha sido empleada para referirse a las transformaciones experimentadas por el hombre ante los cambios sociales ocurridos en las últimas décadas en razón de equidad de género. El antropólogo español Ritxar Bacete (2017) en su libro “Nuevos hombres buenos: la masculinidad en la era del feminismo” lo describe así:
“Los hombres estamos en crisis. La idea obsoleta que tenemos de lo que significa ser hombre se está resquebrajando, cuestionada por un cambio positivo: el de la liberación y el empoderamiento de las mujeres. En un proceso de revolución pacífica, ellas han logrado ponernos delante del espejo y esto nos ha hecho dudar de lo que somos realmente”
Los medios de comunicación y la cultura popular han encasillado al hombre sinaloense (y al hombre mexicano en general), como un típico agresor, machista y mujeriego. Se ha construido socialmente un rol, que se aprende desde el seno de las familias, pero que en el siglo XXI se ha ido desmoronando.
A los hombres educados de manera “tradicional” en Sinaloa, se les enseña desde la infancia que el amor no debe ser el centro de su vida, como lo es en el caso de las mujeres. En el imaginario colectivo existe la idea de que la mujer es un ser más dado a entregarse, a vivir el amor en su plenitud, a dejarse llevar por sus sentimientos. A los varones, en cambio, se les educa para que sean unos mutilados emocionales en lo que respecta a sus propios sentimientos y formas de expresarlos. Se les ha enseñado a controlarse y contenerse, a no expresar sus sentimientos como ternura, compasión, cariño, amor, fragilidad, etc.
Los hombres sinaloenses también tienen que demostrar continuamente que son valientes, independientes, fuertes y violentos. Desde niños se nos ha metido en la cabeza esa tonta frase de que “los hombres no lloran”.
Aquí, el honor masculino históricamente se ha caracterizado por la buena reputación para ejercer el poder a través de la violencia, la valentía y la capacidad para tener el control; dentro y fuera del hogar. Los hombres valientes, heroicos, los no temerosos de la muerte y los que no huyeron, han sido considerados los poseedores de la hombría, en tanto eran hombres de honor.
El consumo de bebidas embriagantes en exceso, el derroche; el ser fiestero, es otra imagen que se tiene del varón sinaloense. El alcohol es entonces la llave que permite abrir la coraza, el recurso que hace aflorar los sentimientos que la reprime y confina al secreto interior. La verdadera naturaleza social de la práctica de beber se oculta bajo la ideología del machismo: “los verdaderos hombres, son los que beben”. Un hombre que no se emborracha, inmediatamente es clasificado como poco viril.
La virilidad es también un elemento que se considera en la masculinidad, ésta se refiere a la demostración pública de que se es sexualmente activo; de tener la capacidad de sentir deseo sexual y despertar el deseo también en el sexo opuesto, y así, satisfacerse y satisfacer.
Aquel personaje de Don Juan, de “El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra”, obra atribuida a Tirso de Molina, bien encaja con el modelo tradicional de hombre sinaloense. Cuenta la historia de un astuto caballero, noble español, llamado Don Juan Tenorio, quien sedujo a distintas mujeres mediante mentiras y engaños, y una vez había “gozado de ellas”, es decir, una vez que había saciado su necesidad de placer, huía. Don Juan era un personaje que no valoraba a la mujer porque la consideraba un medio para satisfacer el placer de saberse hombre.
Los hombres sinaloenses poco a poco están aprendiendo a compartir responsabilidades, a desaprender los roles de género adquiridos culturalmente. Aún falta mucho, pero se debe dejar atrás aquel modelo de masculinidad, y a romper con el modelo de hombre violento que todo lo puede, así como rechazar cualquier forma de machismo que nos aparece en la vida cotidiana.
Los hombres también son víctimas del machismo, una sociedad machista hace que los hombres sientan que deben actuar según el estereotipo de cómo tiene que ser su género y sean reacios a mostrar vulnerabilidad.
Se puede decir que estamos en una transición en la que los hombres asumen esta nueva masculinidad. Estamos hablando de pocos, especialmente se trata de hombres de clase media, con formación académica y habitantes de entornos urbanos; pero es una señal inequívoca de que el patriarcado comienza su decadencia.
Es cuanto....