La inversión: el talón de Aquiles del crecimiento en México

30/01/2026 04:01
    No es que México no invierta, sino que invierte menos de lo que realmente se necesita justo cuando la coyuntura mundial exige lo contrario. El crecimiento no se decreta ni se importa, se construye y, sin inversión suficiente, no habrá empleo formal que alcance, productividad que crezca y plan de desarrollo que se sostenga.

    México parece estar lleno de oportunidades, pero la inversión, un detonante del crecimiento, sigue sin despegar.

    Durante meses en distintos medios se habló del nearshoring como una oportunidad casi dada por sentada por la cercanía a Estados Unidos, pero el entorno internacional se ha vuelto más adverso: tensiones comerciales, presiones políticas y una revisión del T-MEC en un contexto cada vez más volátil. En ese escenario el Plan México ha tratado de buscar una ruta de crecimiento, pero... ¿lo ha conseguido? ¿Dónde está la inversión que debe sostener el crecimiento económico?

    Un buen punto de partida es el indicador mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), que mide cuánto se invierte en maquinaria, equipo, construcción e infraestructura. De manera sencilla, muestra qué tanto se invierte hoy para producir mañana y este indicador debe importarnos porque, cuando las empresas y Gobierno invierten en estos rubros, las empresas pueden producir más, pagar mejores salarios y ofrecer empleos de calidad con mayores prestaciones.

    Así, los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) son claros. En octubre de 2025, siendo este el último dato disponible, la inversión fija bruta se ubicó en 102.2 puntos (base 2018 = 100). Esto quiere decir que, en términos reales, la inversión apenas está 2 por ciento encima de su nivel hace siete años, por lo que el comportamiento reciente apunta a un estancamiento.

    La trayectoria reciente tampoco es muy alentadora. En esa misma fecha, la inversión cayó 5.8 por ciento anual, confirmando una desaceleración que comenzó desde 2024. El fuerte crecimiento observado en 2021, cuando esta se llegó a expandir a más del 45 por ciento anual, fue únicamente un rebote que vino después del desplome de la pandemia. Que la inversión ha dejado de crecer antes de consolidarse, llegando a un techo y retrocediendo, se refleja en el semáforo de inversión, que desde hace varios trimestres se mantiene fuera del color verde. Es decir, la inversión es insuficiente para mantener un crecimiento sostenido.

    El problema se vuelve aún más relevante si observamos qué ocurre en el mundo. La economía global atraviesa procesos de reordenamiento marcado por grandes tensiones geopolíticas, como la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China, así como cambios en la cadena de suministro en sectores que han ganado relevancia como los semiconductores.

    En ese contexto, si buscamos relocalización productiva para nuestro País, no es suficiente depender de la cercanía geográfica con Estados Unidos, sino que es necesario desarrollar infraestructura, certidumbre legal y capital humano. Construir carreteras, puertos y plantas de generación eléctrica, así como juzgados y escuelas requiere de inversión.

    Aunado a lo anterior, la revisión del T-MEC prevista para mediados de 2026 y el Plan México, el cual tiene como uno de sus objetivos generar más empleo formal, fortalecer el mercado interno y desarrollar cadenas de valor, parten de la idea de que el país contará con la capacidad productiva para cumplir sus objetivos de desarrollo.

    No obstante, sin aumento sostenido de la formación de capital fijo, esas oportunidades corren el riesgo de quedarse en el discurso, por lo que no es casualidad que los semáforos relacionados como el del empleo formal y el de la productividad laboral sigan en rojo, es decir, por debajo de la meta.

    Con todo lo anterior, la pregunta que nos queda es... ¿qué hacer para cambiar el rumbo? Impulsar la inversión no requiere inventar nuevas recetas, sino alinear algunos de los instrumentos con los que ya se cuenta. Ejemplo de esto es que, aunque el 90 por ciento de la inversión en México la realiza la Iniciativa Privada, su magnitud y alcance dependen en buena medida de la infraestructura y servicios que provee el sector público, pues sin estos, la inversión privada no llega. Por ello, una de las ausencias más relevantes en la estrategia actual es una meta explícita de inversión pública como proporción del PIB, siendo una posibilidad, en primer lugar, fijar una referencia mínima, evitando que esta quede sujeta a cuestiones externas.

    Sin embargo, no solamente es mantener cierto nivel de inversión, por lo que, en segundo lugar, esta inversión debe recuperar su papel detonador. En este caso, es importante orientar la inversión pública, por ejemplo, hacia infraestructura que incentiva el crecimiento, como energía, logística y transporte, facilitando la inversión privada sin sustituirla.

    Esto implica fortalecer la infraestructura energética, garantizando suministro eléctrico confiable, modernizar corredores logísticos como puertos y cruces fronterizos, reduciendo costos y tiempos de transporte y, por último, mejorar la conectividad carretera y ferroviaria, creando condiciones para que nuevos proyectos se instalen y se integren a cadenas de valor.

    Finalmente, en tercer lugar, fortalecer el acceso al crédito productivo es una condición indispensable para que la inversión se materialice.

    En México, el crédito al sector privado sigue siendo reducido en comparación internacional, y particularmente limitado para pequeñas y medianas empresas. Una acción concreta sería promover créditos para inversión en maquinaria y tecnología al tiempo de combinar el papel de la Banca privada con instrumentos de la banca de desarrollo que reduzcan riesgos, amplíen plazos y faciliten la inversión productiva para aquellos que, hasta la fecha, carecen de su acceso.

    En síntesis, no es que México no invierta, sino que invierte menos de lo que realmente se necesita justo cuando la coyuntura mundial exige lo contrario. El crecimiento no se decreta ni se importa, se construye y, sin inversión suficiente, no habrá empleo formal que alcance, productividad que crezca y plan de desarrollo que se sostenga. No olvidemos que la inversión es el mayor motor de crecimiento y generador de empleo de calidad. Por ahí es el camino y a donde debemos de apuntar.

    El autor es Aldo Gómez (@aldogomez_ta), estudiante de último semestre de las licenciaturas en Economía y en Ciencia Política, con área de concentración en Política Económica por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Actualmente, se desempeña como analista de México, ¿cómo vamos?