La narcoguerra y lo que olvidamos
Omisiones que Sinaloa dejó pasar

OBSERVATORIO
14/07/2026 04:02
    Para redefinir rutas hacia la paz es necesario primero reparar la desmemoria hasta que la recordación devele paso a paso las negligencias y avenencias que intervinieron durante más de un siglo para transitar el lapso desde que los inmigrantes chinos trajeron el cultivo de la amapola, hasta que el Cártel de Sinaloa llegó a ser una de las principales organizaciones transnacionales del narco.

    Como buen punto de partida en el proceso de reconstrucción de Sinaloa y que vuelva a ser tierra para vivirla y fortalecerla, el coordinador general del Consejo Estatal de Seguridad Pública, Miguel Calderón Quevedo, nos recuerda que la crisis por la violencia es la consecuencia de décadas de omisiones y de un abordaje superficial por parte de las autoridades. Un pinchazo a la capacidad de reminiscencia que nos saca del error del ahora como inicio de todas las calamidades derivadas del narcotráfico.

    Hablarnos así, pero al tiempo de enlistar las desidias del Gobierno también hacer el catálogo de las avenencias entre sociedad y la alta delincuencia, permitirá al menos la no repetición de coparticipaciones entre poderes legítimos y fácticos ni la conformidad colectiva durante los años de la primavera narca. Urge preguntarle al yo interno y exigirle respuestas sinceras sobre el papel que desempeñamos en la senda hacia la presente barbarie.

    Miguel Calderón afirma que se han dejado pasar momentos para realizar cambios profundos, limitándose a análisis que ignoran la complejidad de un fenómeno que involucra desde la cultura local hasta la influencia de organizaciones criminales con alcance internacional. “Es un problema que tiene décadas y que hemos desaprovechado algunas oportunidades históricas para abordar de una manera profunda el fenómeno”

    Y sí. El hecho de olvidar la permanente convivencia en Sinaloa con el crimen organizado, en ocasiones incómoda aunque en más de las veces llevadera, significa acudir a la memoria selectiva que borra, por ejemplo, aquella vez que en Culiacán salieron algunos a protestar por la detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán mientras que hoy la amnesia impide respuestas a la pregunta de cómo llegamos hasta aquí.

    Víctimas colaterales todos, si no nos acordamos de la cohabitación con quienes ahora creemos atroces, entonces tampoco podremos salir bien librados de la persistente narcoguerra actual. Aferrarse a circunscribir a estos días lo que posee raíces profundas al menos desde los años 60 del Siglo 20, extravía el origen y por ende despista en la intención de eliminar la hidra venenosa a la cual le cortan una cabeza y le brotan mil nuevas.

    Para redefinir rutas hacia la paz es necesario primero reparar la desmemoria hasta que la recordación devele paso a paso las negligencias y avenencias que intervinieron durante más de un siglo para transitar el lapso desde que los inmigrantes chinos trajeron el cultivo de la amapola, hasta que el Cártel de Sinaloa llegó a ser una de las principales organizaciones transnacionales del narco.

    Pasaron muchas cosas desde que la alta demanda de opio durante la Segunda Guerra Mundial trajo el negocio del narcotráfico al Triángulo Dorado que conforman los territorios serranos donde confluyen Sinaloa, Chihuahua y Durango. Ha sucedido que el boom posterior de las organizaciones del trasiego de drogas forjó la génesis de imperios como los de Miguel Ángel Félix Gallardo, Amado Carrillo Fuentes, Ernesto Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero, Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García, entre otros.

    Ocurrió que Sinaloa creó la fuerte dependencia económica del narcotráfico al considerarlo como veta de oro inagotable en los negocios; que los capos fueron más eficaces que los gobernantes para atender los cinturones de pobreza, y que el pueblo entró a tal nivel de fascinación por los narcos que en febrero de 2014 salió a las calles a exigir la liberación de “El Chapo” Guzmán que en la víspera había sido detenido en Mazatlán.

    Aconteció que el 25 de julio de 2024 vino la gran ruptura en el Cártel de Sinaloa con el secuestro y extradición en perjuicio de “El Mayo”, que al margen de procedimientos judiciales perpetró Joaquín Guzmán López y ahora se sabe que el plan fue orquestado por el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos. Y que a raíz de la anulación de Zambada como articulador de la pax narca empezó la narcoguerra de más de 3 mil asesinados y 4 mil personas privadas de la libertad.

    Para no olvidar la larga y permisible circunstancia que nos trajo aquí, a la narcoguerra, sea bienvenido el intento de Miguel Calderón y el CESP para remendar la mentalidad colectiva que al asumir la violencia derivada del narcotráfico como fenómeno de irrupción reciente en Sinaloa, le correspondería en tal lógica la imposibilidad de enfrentar las consecuencias del flagelo mediante la búsqueda de culpables en el presente, sin voltear hacia el pasado por miedo a inquietar a todos los fantasmas que nos persiguen durante décadas.

    Reverso

    Pesa el cargo de conciencia,

    Por permitir durante años,

    Que la secuaz indiferencia,

    Nos haga pagar estos daños.

    Cápsula contra el olvido

    Fingen asombro los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional ante el dominio que ejerce el narcotráfico en la vida pública. Una cortina de cinismo les impide ver a los narcopolíticos suyos que hasta placer les causaba pasearse en sitios concurridos con los capos de moda. No se hagan los occisos cuando la historia les restriega el modus operandi de sus mafiosos servidores públicos y la manera burlona con que los sentaban en el sillón del tercer piso de palacio de gobierno y en las curules del Congreso. Inmaculadas ovejas ahora, los encendidos discursos y el flamígero dedo acusador de todas formas no son suficientes para esconderles la piel de lobo.