Lo más oscuro de CFE no son los apagones. Electricidad apagada y protesta encendida

OBSERVATORIO
    Mucho más allá de apagones y restablecimiento tardío del servicio, se trata de un complejo panorama de viabilidad o desastre que en corto plazo no será resuelto. Lo que puede suceder es que tratándose de una deficiencia federal al gobierno de Rubén Rocha Moya se le dificultará lograr soluciones en lo estatal con la consiguiente protesta de un Sinaloa que aguanta muchas cosas, pero no el suplicio y la parálisis que provoca la recurrente falta de electricidad ahora más prolongada que antes.

    Cada una de las familias que se queda sin energía eléctrica por cualquier llovizna en Culiacán o en cualquier otra comunidad urbana y rural, y soporta además la afectación extendida a las plantas abastecedoras de agua potable que se apagan ante la falta de electricidad, maneja a su manera las incomodidades y enojos que derivan, pero cuando convergen todas las molestias y disgustos existe el riesgo de movilizaciones sociales que se salen del control de las autoridades.

    Al menos hasta ahora, aun con la luz apagada, la paciencia ciudadana continúa encendida. Ya estábamos acostumbrados a que la corriente se fuera en forma intermitente y sabíamos que regresaría una vez que amainara el aguacero, lo cual al iniciar el presente verano esa pizca de entereza se torna en el cortocircuito de la confianza para que desde lo oscuro se proyecte el fantasma de un mal mayor: la quiebra económica y logística de la Comisión Federal de Electricidad.

    Con interrupciones del suministro en otros estados del País que son avisos a tiempo del posible colapso eléctrico que viene, la gente rumora que en Sinaloa podría entrar la CFE a complicaciones de mayor envergadura. Y tiene razón en preocuparse si ve ciudades y comunidades a oscuras con habitantes soportando el calor que rebasa los 40 grados centígrados, así como adultos mayores y niños en peligro de deshidratación, hospitales con áreas de cuneros y medicina crítica fuera de servicio, alimentos perecederos que las amas de casa y comerciantes ven perdidos, y grandes segmentos poblacionales sin acceso al agua entubada (ayer amanecieron en Culiacán 120 colonias sin el vital líquido).

    Para entender lo que puede acontecer es aconsejable ir más a fondo de los inconvenientes tan repetitivos que causa el hecho de que el fluido eléctrico falte tanto cuando más se le necesita. Con costos de operación muy elevados y permanentes números rojos, aparte de la alta dependencia a los combustibles y con parasitarios subsidios pagados con nuestros impuestos, la congoja popular se queda corta. Sin alarmismos, y fundamentalmente sin autoridades de brazos cruzados, hoy apenas asistimos a la víspera del trueno.

    Los números también estimulan el desasosiego: en ingresos totales, de acuerdo con los estados financieros de la CFE, este año registra un decremento del 11 por ciento ya que en el primer trimestre de 2021 fueron de 156 mil 549 millones de pesos, considerando el subsidio de 21 mil 279 millones de pesos, y en el mismo período enero-marzo de 2022 se reportaron en 138 mil 895 millones de pesos, con 21 mil 900 millones de pesos en subsidio. Y como remache de la escasa rentabilidad el margen de operatividad es apenas del 6 por ciento.

    Es decir, mucho más allá de apagones y restablecimiento tardío del servicio, se trata de un complejo panorama de viabilidad o desastre que en corto plazo no será resuelto. Lo que puede suceder es que tratándose de una deficiencia federal al gobierno de Rubén Rocha Moya se le dificultara lograr soluciones en lo estatal con la consiguiente protesta de un Sinaloa que aguanta muchas cosas, pero no el suplicio y la parálisis que provoca la recurrente falta de electricidad ahora más prolongada que antes.

    El Gobernador ha ofrecido apoyar a la CFE en Sinaloa con vehículos que movilicen sus brigadas de atención al sistema de distribución de electricidad. En el entendido de que es necesaria la modernización de redes de cableado, subestaciones, plantas de generación y atención oportuna a desperfectos, la inversión le corresponde a la Federación y para dar una idea del recurso requerido el pasado 25 de mayo el subdirector de Contratación y Servicios de la CFE, Miguel Alejandro López, expuso a la Cámara de Diputados que se requieren 5 mil millones de dólares solamente para extender 50 años más la vida útil de las hidroeléctricas en México.

    Y volvemos a la creciente tensión social. Sin que sea de ahora la lucha ciudadana por tarifas eléctricas acordes a la capacidad económica de las familias para pagarlas, con la exigencia implícita del mejor servicio a los usuarios, el planteamiento adquiere actualidad por la corazonada popular que considera que a la crisis que muestra a la CFE por los apagones generalizados y recurrentes, le sobreviene la dificultad mayor del colapso estructural. De momento se halla en etapa pacífica la inconformidad que surge en los hogares, escuelas, oficinas, empresas y el que sea de los quehaceres humanos, no obstante que en cualquier momento la gente se manifestará de todas las formas posibles para reclamar soluciones.

    Sin duda la respuesta la tiene el Gobierno federal y las autoridades locales poseen poco margen de maniobra para solventar las reparaciones reclamadas. Siendo así, el caso lleva a la gestión terca tendiente a que el Presidente Andrés Manuel López Obrador tome decisiones de carácter nacional que, de paso, tranquilicen a los clientes de la CFE en Sinaloa que en las plataformas sociales ya da señales de impaciencia.

    Reverso

    Nos aconsejarán las abuelas,

    Que si la CFE ya está jodida,

    Regresemos a la vieja vida,

    De cachimbas, antorchas y velas.

    Con el Jesús en la boca

    A disposición de un Juez de Control, un Jesús Estrada Ferreiro atemorizado, titubeante quizá por el remordimiento propio de los excesos cometidos, recibió ayer el recordatorio de todas las ofensas que les asestó a las viudas de policías caídos en cumplimiento del deber. Y hoy, en otra audiencia penal, responderá por cargos de uso indebido de recursos públicos. Pero ni siquiera al estar sentado en el banquillo de los acusados acudió a la humildad de pedir disculpas, prefiriendo estancarse en su acostumbrado “yo no lo dije”.

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