La semana pasada, mientras conducía rumbo a mi despacho, me tocó circular atrás de un camión urbano de pasajeros que traía un enorme anuncio en la parte trasera.
En el anuncio se ofrecían préstamos personales con abonos chiquitos, nada mal hasta ahí.
Pero en el mismo anuncio, con letra más pequeña, venía la tasa de interés anual que le cobran a los que solicitan préstamos.
La tasa era del 120 por ciento en algunos casos y del 170 por ciento en otros, es decir, que si usted pide prestado 10 mil pesos y le aplican la tasa anual del 12 por ciento, tendría que pagar los 10 mil pesos de capital, más 12 mil pesos de intereses, para un total de 22 mil pesos.
Pero si le aplican la tasa del 170 por ciento, tendría que pagar el capital, más 17 mil pesos de interés, para un total de 27 mil pesos.
Y esos son los prestamistas que se anuncian, pero hay otros que no se anuncian y cobran tasas del 300 por ciento y hasta el 500 por ciento anual, imagínese.
En nuestro País hay una figura que se llama usura, que trae consecuencias legales serias.
Por un lado, la usura se considera un delito y, por el otro lado, si se reclama el pago del préstamo más los intereses en un juicio civil o mercantil, si el Juez advierte que la tasa de interés que pretenden cobrarle excede de la tasa máxima que cobran los bancos (la de las tarjetas de crédito), que anda más o menos en el 50 por ciento anual, de oficio, es decir, sin que el demandado lo solicite, el Juez está obligado a bajar la tasa usuraria a una tasa que considere justa.
La tasa justa puede ser el interés legal que, en préstamos civiles es del 9 por ciento anual y en mercantiles es del 6 por ciento anual o una tasa mayor, pero sin que pueda superar a la tasa máxima que cobran los bancos.
En mi trayectoria profesional me ha tocado defender a algunos deudores que, dada la tasa tan alta de interés que les fijaron, prácticamente habían pagado la deuda entre 5 y 10 veces.
En esos casos alegamos usura y el Juez ajustó los intereses a la tasa legal que ya le mencioné, y además condenó al usurero regresarle a mi cliente todo el dinero que le cobró ilegalmente.
Si usted o un familiar o conocido tuvo la mala suerte de caer en manos de un usurero o usurera, no se deje, no le pague intereses abusivos.
Contrate un abogado experto en estos temas y denúncielo penalmente y defiéndase en el juicio civil o mercantil.
Y, por cierto, la semana pasada la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió un asunto en donde determinó que los bancos también pueden cometer usura en créditos hipotecarios.
No regales tu dinero a los usureros, defiende tu patrimonio legalmente.