¡Qué padre concierto!

    La entrega del director y la orquesta fue muy evidente, ya que para la ejecución de las obras programadas se requirieron muchas horas de preparación y ensayos. Incluso, pasados los momentos de tensión, emoción y adrenalina al tocar las piezas elegidas, fue muy notorio el desgaste y cansancio de los integrantes de la orquesta, pero la satisfacción y felicidad de haber colaborado al disfrute cultural del público asistente hizo volver la sonrisa a sus rostros.

    El concierto que ofreció la OSSLA el jueves por la noche fue tan impresionante, aplaudido y vitoreado que el Instituto Sinaloense de Cultura decidió repetirlo este domingo, a las 12:30 horas, como un regalo y homenaje especial para celebrar el Día del Padre.

    La entrega del director y la orquesta fue muy evidente, ya que para la ejecución de las obras programadas se requirieron muchas horas de preparación y ensayos. Incluso, pasados los momentos de tensión, emoción y adrenalina al tocar las piezas elegidas, fue muy notorio el desgaste y cansancio de los integrantes de la orquesta, pero la satisfacción y felicidad de haber colaborado al disfrute cultural del público asistente hizo volver la sonrisa a sus rostros.

    El menú comenzó con una pequeña, pero adorable, canción del compositor ruso, Sergei Rachmaninov, titulada “Aguas primaverales o aguas de manantial”, puesto que tanto en ruso como en inglés (spring waters) significa ambas cosas. La pieza musical, repetimos, es breve; sin embargo, llena de romanticismo, color y emociones.

    La segunda obra es “El mar” (La mer), de Claude Debussy, quien se sirvió del impresionismo (aunque él dijo que no fue así), al igual que en la pintura Monet, Renoir o Manet, para brindar evocadores sonidos que semejaran las olas y el viento. El director de la OSSLA, Miguel Salmon del Real, mostró didácticamente al público los sonidos y alegorías de los instrumentos antes de comenzar la ejecución de la obra para comprenderla mejor.

    El segundo plato fuerte fue el Concierto para Orquesta, del compositor polaco Witold Lutoslawski, quien buscó unir tradición y vanguardismo en una amalgama de neoclasicismo con nacionalismo. La obra busca el lucimiento de todos los instrumentos, de ahí que se titule para orquesta y sin un instrumento solista.

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