Sheinbaum en un Sinaloa inerme
Escuinapa, pacificación fracasada

OBSERVATORIO
15/09/2026 04:02
    Escuinapa es prototipo del salvajismo que recrudece en Sinaloa. Representa el llamado de auxilio que escuchará a su llegada a Sinaloa la Mandataria federal, la desesperanza propia de la entidad que lleva dos años y seis días azotada por la ola criminal.

    A la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo le espera en su visita a Sinaloa, programada para el domingo 20 de septiembre, la elemental interrogante de por qué su gobierno no ha logrado pacificar siquiera un territorio pequeño como el municipio de Escuinapa en el cual los feminicidios y ataques a personajes icónicos describen la derrota del Estado frente a la violencia y la agravante de la impunidad. Allá retumba el eco de la narcoguerra que desde la región centro recorre el mapa hasta el sur balcanizado por el enfrentamiento entre facciones del crimen organizado.

    Para entender la capacidad numérica y ofensiva de los generadores de violencia, el caso Escuinapa ilustra el desafío de desactivar dos polos de hostilidad operando simultáneamente, ya que mientras en Culiacán la intensidad de la narcoguerra plasmó la magnitud inicial del fenómeno, en el sur del estado el choque se agudizó por la injerencia de la organización facinerosa externa que es el Cártel Jalisco Nueva Generación. Desde entonces la tierra de los tamales barbones registra la más alta incidencia en homicidios dolosos y feminicidios de toda su historia.

    El dato adquiere mayor preocupación por los ataques a escuinapenses ejemplares cuyas vidas son inspiración para las comunidades. El 8 de julio murió la paratleta Grecia Guadalupe, al hallarse entre el fuego cruzado de criminales cuando su familia la llevaba a recibir atención médica por picadura de alacrán; el 3 de septiembre perdió la vida Carolina, maestra de educación especial y trabajadora del Ayuntamiento, por la ráfaga que le dispararon al llegar a su domicilio, y el 14 del mes en curso fue asesinada la maestra de preescolar Sara Rosalina, por agresión a balazos.

    Escuinapa es prototipo del salvajismo que recrudece en Sinaloa. Representa el llamado de auxilio que escuchará a su llegada a Sinaloa la Mandataria federal, la desesperanza propia de la entidad que lleva dos años y seis días azotada por la ola criminal. Al lugar que venga la seguirá el reclamo de ayuda que formulan ciudadanos pacíficos golpeados indiscriminadamente por el choque que inició el 9 de septiembre de 2024 a raíz de que el Ismael Zambada García, jefe emblemático del Cártel de Sinaloa, fue emboscado y trasladado a Estados Unidos por medios extrajudiciales, el 25 de julio.

    Será el mismo grito de “sálvese quien pueda” emitido el domingo cuando marcharon en Culiacán los que se sienten abandonados a merced de la delincuencia. Contra el edicto oficial de “vamos bien”, apelará a la agenda presidencial el dolor y abandono de las víctimas y sus familias en reverberación de la sociedad que enfrenta la encrucijada de solicitarle seguridad a las instituciones fundadas en la Constitución o invocar los ceses de hostilidades que únicamente el narcotráfico puede implementar.

    Sinaloa exige en sus calles, paredes, redes sociales, cenotafios y morgues que el Gobierno federal ponga orden con la Ley en la mano y la justicia como premisas resarcitorias. Esta vez no hallará condiciones Sheinbaum para reciclar la expectativa de la paz con la movilización de militares y policías, ni esgrimir estadísticas de delitos a la baja. Debe traer consigo la gran acción presidencial que regrese a los sinaloenses la certidumbre de poder retomar las actividades lícitas sin el peligro de que la ráfaga disparada por los sicarios trunque tales afanes.

    Le dará la bienvenida el apremio a implementar políticas públicas para resarcir la gobernabilidad e interrumpir las masacres diarias que sacrifican a mujeres, niños, jóvenes y habitantes en general, todos sintiendo la sentencia letal ya consumada en los 741 días que se acumularán a su llegada con el promedio diario de 5 homicidios dolosos y 6 privaciones ilegales de la libertad que sintetizan las crisis social, económica y política de las que urge salir.

    Como en Escuinapa, por ejemplo, donde alrededor de 63 mil habitantes dispersos en mil 558 kilómetros cuadrados coexisten en el laberinto de la barbarie en que convergen las células confrontadas que comandan los hijos de “El Chapo” y los de “El Mayo”, mientras el CJNG ejerce presión para ocupar territorios que dicha disputa deja baldíos. Y con la pequeñez geográfica y la grandeza de su gente, el municipio sureño asume la resiliencia ante las enormes pérdidas humanas y materiales que también son mayúsculas y que Palacio Nacional no puede o no quiere finiquitar.

    Reverso

    Será Grito de impotencia,

    De la gente de Escuinapa,

    Que taladrará la conciencia,

    De quien al crimen lo solapa.

    El Grito de angustia

    Debió ser una decisión del Alcalde Víctor Manuel Díaz Simental consultada con la Gobernadora Graciela Domínguez Nava, pero si no es así de cualquier forma nada justifica realizar en Escuinapa la ceremonia festiva del Grito de Independencia en el contexto de violencia perpetrada contra la población pacífica y en la atmósfera de luto y miedo donde los verdaderos héroes, ahora, son los escuinapenses que resisten la acometida violenta que suma al menos 20 mujeres privadas de la vida en 2026. La suspensión de las fiestas patrias en el último municipio del sur podría desencadenar un efecto dominó en el resto del territorio sinaloense diezmado por la narcoguerra. Cantarle vivas a México en eventos cercados por militares no es precisamente lo que el fervor cívico desea.