El Presidente Donald Trump (Nueva York, 1946) marca la agenda mediática de Estados Unidos y del mundo, y México no es la excepción. Lo hizo en su primera campaña presidencial y ya como Presidente (2017-2021) y lo ha vuelto a hacer en su segunda campaña y ya en el cargo, una vez más, como Mandatario de su país (2024-2029).
La capacidad de Trump de marcar la agenda se deriva de la importancia que tiene Estados Unidos en el mundo, primera economía y potencia militar, su ideología, su manera de hacer política, su estilo personal, sus características psicológicas, y su muy particular manera de comunicar y hacer propaganda política.
En sus discursos -lo hizo desde la primera campaña y mandato, y también ahora en el segundo- ha dedicado un gran espacio a México; es uno de sus temas favoritos, y de alta rentabilidad política frente a grandes sectores de su electorado, como lo señalan las encuestas.
En su primer mandato, que coincide con el de López Obrador (2018-2024), el tema central fue la migración y obligó al Gobierno de México a someterse a su política migratoria, declarándolo “tercer país seguro” para enviarle migrantes expulsado y obligarlo a sellar la frontera sur y norte de México con más de 20 mil efectivos de la Guardia Nacional (GN).
En esa ocasión, el Presidente de México se dobló sin más, ante quien dijo era su amigo.
El tema del segundo mandato en su relación con nuestro País ha sido los grupos del crimen organizado y el tráfico de drogas, en particular el fentanilo. A algunos de estos grupos los ha declarado como “terroristas”. Ahora en su gestión coincide con la Presidenta Sheinbaum Pardo (Ciudad de México, 1962), que estará en el cargo de 2024 a 2030.
La línea de su discurso ha sido decir que la Presidenta es inteligente y capaz, pero hace poco para enfrentar a fondo al crimen organizado, porque le tiene miedo. Con frecuencia, ante esta realidad, habla de intervenir con efectivos militares de Estados Unidos en territorio de México.
Ante estas declaraciones, la Presidenta, a la defensiva, en sus comparecencias mañaneras, a manera de un mantra, sólo dice que hay colaboración con las autoridades de Estados Unidos, pero en el marco del respeto a la soberanía nacional. Siempre evita la confrontación con el Presidente Trump.
El margen de maniobra de la Presidenta frente a su homólogo estadounidense es cero, y ella lo sabe. Y en cualquier caso está obligada a la negociación y a la colaboración. De manera pública poco se sabe en qué consiste, a no ser, por ejemplo, en eventos como la entrega de los 86 líderes de grupos del crimen organizado que ha solicitado el gobierno de Trump.
La colaboración contempla otras muchas concesiones que la opinión pública no conoce y que ambas partes conservan en secreto, que algún día, en los próximos años, se hará pública. Por ahora, de no ocurrir algo excepcional, que siempre es posible, ambas partes seguirán con el mismo discurso, que se construye de cara a sus audiencias.
Uno agrede y la otra se defiende envuelta en la bandera con el mantra de la soberanía nacional, espacio que ahora no determina ella, que es cero, sino el Presidente Trump con su muy particular estilo de gobernar, comunicar, y ver y tratar a México. Trump sabe que tiene todo el espacio para exigir, y la Presidenta reconoce que sólo le toca ceder.