Vivir con sentido

ÉTHOS
12/02/2026 04:00
    La vida es una empresa exigente y se debe llevar adelante con atención, gozo y fruición; sin embargo, en ocasiones la sobrellevamos sin entusiasmo y como si arrastráramos un pesado fardo.

    No es lo mismo vivir con sentido, que vivir consentido. La primera acepción subraya la profundidad y responsabilidad con que se organiza la vida, mientras que la segunda hace referencia a vivir entre mimos, chiqueos, pataletas y berrinches.

    La vida es una empresa exigente y se debe llevar adelante con atención, gozo y fruición; sin embargo, en ocasiones la sobrellevamos sin entusiasmo y como si arrastráramos un pesado fardo. Es cierto, que a veces se acompaña con tramos de tristeza, sufrimiento y dolor; no obstante, aún en esos momentos se puede coger el toro por los cuernos para sobreponerse a la desventura y adversidad.

    Desde la antigüedad, muchos filósofos insistieron en la necesidad de asumir la vida con seriedad y responsabilidad. Basta echar una ojeada a la filosofía estoica para descubrir la vigilancia que estos pensadores recomendaban para tomar el timón y control de nuestra existencia.

    Séneca, en su ensayo acerca De la brevedad de la vida, advirtió: “de entre todas las personas, solo quienes tienen tiempo libre para la filosofía están realmente vivos. Porque no solamente vigilan atentamente su propia vida, sino que anexan cada edad a la suya. Todos los años que han transcurrido antes se suman a los suyos”.

    Sobre todo, condenó que dilapidáramos y derrocháramos la vida con absurdas expectativas y desmesuradas pretensiones, mientras se descuida actuar en consecuencia: “El mayor obstáculo para vivir es la expectativa, que se aferra al mañana y pierde el hoy. Estás organizando lo que está en manos de la Fortuna y abandonando lo que está en manos tuyas. ¿Qué miras? ¿Qué objetivo persigues? Todo el futuro reside en la incertidumbre: vive de inmediato”.

    Para aprender a vivir se requiere toda una vida; y se necesita toda una vida para aprender a morir.

    ¿Vivo con sentido?