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Adicciones

Alertan por alza histórica de adicciones en menores ante entorno de violencia en Sinaloa: Centro de Integración Juvenil

El Centros de Integración Juvenil revelan que los adolescentes representan ya el 45% de sus pacientes, una cifra sin precedentes impulsada por el auge de los vapeadores y el consumo de metanfetaminas
17/07/2026 14:09

De acuerdo con datos del Centro de Integración Juvenil Culiacán, los menores de entre 10 y 19 años representan ya el 45 por ciento de los pacientes atendidos, una cifra sin precedentes que refleja el impacto del entorno en las nuevas generaciones y la violencia.

Manual Velázquez Ceballos, director del Centro de Integración Juvenil, indició que el contexto de inseguridad y los hechos de violencia en ciudades como Culiacán han alterado drásticamente la normalidad de los jóvenes.

“La violencia, pues, no es un tema menor. Los jóvenes han tenido una experiencia muy difícil porque no están desarrollándose en su normalidad”, expresó.

Señaló que actividades cotidianas y espacios de socialización, como discotecas o incluso visitas al gimnasio, se han visto severamente limitados debido al riesgo que implica estar en la vía pública a ciertas horas.

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Esta falta de libertad para convivir con sus pares ha generado un clima de frustración y desmotivación.

El sentimiento de encierro no solo afecta el ánimo de los jóvenes, sino que también tensa las relaciones familiares; las restricciones impuestas por los padres para proteger a sus hijos suelen ser recibidas con malestar, dañando el vínculo de confianza y la dinámica en el hogar.

Ante la imposibilidad de salir, el especialista ha detectado lo que denominan un ajuste creativo frente a la frustración, como el inicio del consumo de sustancias dentro de la vivienda.

“El consumo viene a jugar un hacer como un ajuste creativo, porque los jóvenes entonces dicen, si yo no tengo oportunidad de salir, voy a empezar a consumir en casa”, compartió.

En este escenario, los vapeadores han ganado terreno como la sustancia predilecta, desplazando al alcohol y al tabaco convencional.

También informó que la preferencia por estos dispositivos electrónicos responde a la necesidad de ocultar el consumo ante los padres, ya que, a diferencia de la mariguana, el vapor no deja rastros de olor en las habitaciones.

Este fenómeno se ve agravado por una baja percepción de riesgo en las familias, donde algunos adultos minimizan el daño de los cigarros electrónicos frente a otras drogas.

El director compartió que el entorno de violencia no solo empuja al consumo, sino que actúa como un detonante de problemas de salud mental preexistentes.

Muchos jóvenes presentan patologías o trastornos de conducta no diagnosticados que se manifiestan o se agravan ante la crisis social y el uso de sustancias como la metanfetamina, la cual tiene un impacto severo en un cerebro que aún no termina de desarrollarse.

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Informó que a menudo, el abuso de sustancias es una forma de comunicar una soledad negada o traumas no resueltos en un ambiente donde el joven no se siente seguro para expresar sus emociones.

El consumo se convierte así en un recurso desesperado para intentar resolver conflictos internos que el entorno exterior, marcado por la incertidumbre, solo ayuda a profundizar.

Incluso el acceso a la ayuda profesional se ha visto condicionado por el clima de inseguridad ya que el representante del centro de integración compartió que el temor a sufrir algún incidente violento en los traslados por carretera ha llevado a las instituciones a fortalecer la atención telemática.

Este modelo permite que jóvenes de municipios con altos índices de conflicto puedan recibir terapia sin exponerse a los peligros de las rutas estatales, eliminando una barrera física impuesta por la violencia.

Valázquez Ceballos subrayó que en un Estado donde el desarrollo cerebral de los menores compite con la exposición constante a situaciones de riesgo, el consumo es el síntoma de una sociedad que está comunicando un malestar profundo a través de su juventud.