Carlos Mario Rodríguez en Culiacán: urbanismo, equidad social y paz desde el territorio

El arquitecto colombiano expuso en Culiacán cómo las ciudades pueden combatir desigualdad, violencia y exclusión mediante espacio público, movilidad digna y políticas públicas sostenidas; compartió aprendizajes de Medellín y llamó a recuperar calles, banquetas, naturaleza y confianza ciudadana
21/04/2026 19:43

CULIACÁN._ El urbanismo no es únicamente diseño urbano, obra pública o construcción de infraestructura. Puede convertirse en una herramienta para reducir desigualdades, reconstruir tejido social y abrir caminos hacia la paz.

Esa fue la idea central de la conferencia “El urbanismo como instrumento para la construcción de equidad social y un medio para conseguir la paz”, impartida en Culiacán por el arquitecto colombiano Carlos Mario Rodríguez, invitado por el Consejo Ciudadano del Implan y Mapasin.

Desde su experiencia en proyectos urbanos integrales desarrollados en Medellín, Colombia, durante las últimas dos décadas, Rodríguez planteó que las ciudades que han vivido violencia, fragmentación social o abandono institucional pueden transformarse si colocan al territorio, al espacio público y a las personas en el centro de la planeación.


Medellín como laboratorio de transformación

Al iniciar su exposición, el urbanista contextualizó la realidad colombiana de las décadas pasadas, marcadas por el narcotráfico y altos niveles de homicidios.

“Tuve el infortunio de vivir desde los años 80 hasta los 90 toda la crisis del narcotráfico, la época más compleja de la historia colombiana”.

Añadió que, en 1989, Medellín alcanzó niveles extremos de violencia.

“Teníamos en su momento 86 muertes por cada 100 mil habitantes. O sea, nos estaban matando”, explicó.

Rodríguez comentó que, tras la muerte de Pablo Escobar y con la Constitución colombiana de 1991, surgieron nuevas posibilidades políticas y ciudadanas que permitieron pensar otras formas de gobernanza urbana.

“La Constitución del 91 nos genera muchas alternativas, se abre la puerta para algunos partidos políticos, existieron iniciativas ciudadanas que daban una nueva visión de territorio, de las comunidades, una nueva visión de las problemáticas, pero también de las oportunidades”, declaró.

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El territorio no es solo suelo: es identidad

Uno de los conceptos más reiterados por Rodríguez fue el de territorio entendido más allá de la geografía física. Para él, un territorio existe también por el vínculo simbólico que construyen las personas con él.

“El territorio tiene valor en la medida que tiene una identidad simbólica”, dijo.

El urbanista detalló que esa pertenencia no depende solo de habitar un lugar físicamente, sino de sentirlo como parte de uno mismo.

“Si yo no he ido al Amazonas, no me siento menos colombiano y el Amazonas hace parte de mi territorio”, ejemplificó.

Por ello sostuvo que cualquier política urbana, especialmente en comunidades vulnerables, debe considerar historia, confianza, memoria y apropiación social.


Espacio público: donde una sociedad se encuentra

Rodríguez insistió en que plazas, calles, parques y banquetas no son simples obras, sino escenarios donde se produce convivencia.

“Lo importante no es el contenedor, es un contenido donde salimos a vernos en público, nos saludamos, donde hacemos reconciliaciones, evidencias de los pactos de convivencia”, dijo.

En ese sentido, señaló que cuando una ciudad pierde su espacio público, también pierde oportunidades de encuentro y ciudadanía.

Uno de los momentos más relevantes de la conferencia fue su reflexión sobre la calle como espacio humano, no solo vial.

Distinguió entre “calle” y “vía”: la primera como lugar de interacción social; la segunda, como infraestructura orientada únicamente al desplazamiento.

“Las calles no van de bordillo a bordillo. La calle va de paramento a paramento porque es una extensión de ese espacio doméstico, lugar para conectar con el vecino”, dijo.

“Si tenemos calles vivas, tenemos ciudadanos vivos”.

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Caminar con dignidad

El arquitecto explicó que una ciudad justa se nota en la calidad del recorrido peatonal. Cuando las banquetas están rotas, llenas de obstáculos o huecos, el ciudadano deja de disfrutar el entorno.

“Las calles tienen que estar perfectas. Porque la calle nos permite, si está perfecta, ir mirando para el frente y para arriba. Pero cuando no están perfectas, tienes que estar pendiente de no caerte”.

En su visión, caminar con seguridad y comodidad no es un lujo: es una forma de dignidad urbana.


Naturaleza urbana: ciudades que dejan de darle la espalda al río

Rodríguez también habló del valor de los sistemas naturales dentro de las ciudades. Recordó que muchas urbes nacieron junto a ríos, lagos o montañas, pero con el tiempo se desconectaron de ellos.

“Las ciudades nacen siempre a la luz de los atributos naturales, un lago, un río, el mar. Y lastimosamente nuestras generaciones después le damos la espalda”, dijo.

Mencionó que recuperar esa relación puede fortalecer identidad, salud ambiental y calidad de vida.


Movilidad como equidad social

Lejos de ver el transporte solo como traslado, propuso entenderlo como justicia territorial.

“El transporte público no solamente como un sistema de conectividad de un lugar a otro, es equidad territorial”, destacó.

El urbanista subrayó que en el transporte público coinciden todas las clases sociales y que por ello representa una herramienta de integración urbana.

“Cabemos los ricos, los pobres, los menos pobres, cabemos todos”, subrayó.


Políticas públicas, no ocurrencias sexenales

Otro de los ejes centrales fue la necesidad de continuidad institucional. Señaló que una obra aislada no transforma una ciudad si no responde a una política pública de largo plazo.

“Una cosa es la diferencia entre política pública y proyectos. Proyectos puede ser un hospital, pero si no está dentro del marco de política pública, se desvanece su fuerza”, dijo.


Medellín: intervenir donde duele más

Rodríguez explicó que en Medellín aprendieron a decidir dónde actuar usando indicadores sociales y urbanos.

Así surgieron proyectos urbanos integrales en zonas marginadas, donde se combinaron movilidad, espacio público, educación, salud, seguridad y mejoramiento barrial de forma simultánea.


Mensaje para Culiacán

Aunque habló desde la experiencia colombiana, varios de sus planteamientos resonaron en Culiacán: recuperar banquetas, fortalecer arbolado, apostar por transporte público digno, usar el espacio público como punto de encuentro y construir políticas urbanas más allá de administraciones temporales.

En una ciudad que también debate movilidad, seguridad, crecimiento urbano y calidad de vida, la conferencia dejó una idea clara: la paz no solo se construye con policías o leyes, también con calles caminables, parques abiertos, transporte justo y barrios donde la gente vuelva a confiar, enfatizó.